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Crítica:POESÍA LATINOAMERICANA ACTUAL

Hay vida después de Octavio Paz

Una antología presenta a los poetas que surgieron en México en la segunda mitad del siglo pasado. De Rubén Bonifaz Nuño, nacido en 1923, a Julio Trujillo, nacido en 1969, pasando por Jaime Sabines, Elsa Cross, José Emilio Pacheco o Tomás Segovia. Casi cuarenta autores que han renovado un panorama sobre el que gravita la figura del autor de Piedra de sol.

Una antología, afirmaba Jorge Cuesta en el prólogo de la suya dedicada a la poesía mexicana moderna, "es un lugar donde sólo puede figurarse". Aparecer en una selección es, desde luego, mejor que perpetrarla, mejor que trazar el muestrario de lo que se supone representativo para la creación de un país. Y aún parece más rentable no aparecer en absoluto, no estar en ella, como no lo está Octavio Paz en la que publica Hiperión y que, reuniendo la producción de 1950 hasta 2005, en un rasgo de audacia excluye la escritura del poeta más reconocido y reconocible de México.

Con ese primer gesto distinti-

TIGRE LA SED. Antología de la poesía mexicana contemporánea, 1950-2005

Recopilación de Víctor Manuel Mendiola, Miguel Ángel Zapata y Miguel Gomes

Hiperión. Madrid, 2006

462 páginas. 22 euros

vo, la antología recupera así la idea del género como una forma de ejercicio crítico: antologar no sirve sino en la medida en que discrimina, escinde, aparta o separa dentro de una krinein directa, literal y decisiva sobre sus materiales. Lo peculiar, sin embargo, del proceso radica en que es el elemento excluido el que habría legitimado esa práctica con su paradójica concepción del escribir mexicano en tanto "tradición de la ruptura".

Para Paz, el hacer nacional, desde la irrupción modernista y la reivindicación de la vanguardia, queda marcado por el comportamiento que lo escinde entre la revolución permanente y el cambio concebido como continuidad. Eliminar sus versos de la línea poética, rupturista y conservadora a la vez, que él entroniza como característica de lo mexicano cumpliría con su propio precepto, llevando al extremo su vindicación subversiva.

Por eso, Paz preside in ausentia una antología que se aventura a partir sin él, incorporándolo, no obstante, por el camino de no hacerlo. Sólo así, consigue aceptarlo como origen absoluto para la producción que recopila, tanto más constituyente cuanto más perdido, con todo el poder referencial de una omisión fundante. Como indica en su brillante estudio inicial el crítico venezolano Miguel Gomes, Paz informa la poesía que viene tras él en México y en toda América de este modo contradictorio y, por tanto, altamente eficaz.

De su legado, la poesía mexicana hereda justo los instrumentos para divergir y distanciarse de él, hereda el movimiento que la diferencia y las preocupaciones a las que responde con una originalidad siempre variable: la minuciosidad con que aborda su tarea, el profesionalismo de la expresión, la escritura como indagación, el entronque con la historia y la vocación universalizadora de su actitud. En una especie de globalización cultural en que ya incurriera Paz, la lírica última de México maneja todas las tendencias, los ritmos, las coordenadas ajenas con una extranjería insistente que la vuelve todavía más ella misma.

En torno a esos rasgos here-

dados y modificados con la contradanza del continuismo y la variante, los antólogos explican su nómina de nombres evocados. Si hay voces que se echan de menos -como en toda antología faltan poetas que construyen el claroscuro del acervo incluido-, también hay bastantes que se agradecen por digno ejemplo de un trabajo notable, cuyos signos de genialidad eran visibles en ese padre y dios tutelar del que emana desgajándose.

El recorrido por esa riqueza que nos ofrece Tigre la sed reserva sorprendentes hallazgos y valiosas precisiones: es un recorrido, pero también un diagnóstico, un retrato, una separación crítica que esboza madurez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de julio de 2006