Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:ESCAPARATE

Un realista a su pesar

Jules Renard narró en Pelo de zanahoria las difíciles relaciones de un muchacho campesino con su madre. Una traducción de Ana M. Moix recupera este clásico del siglo XIX.

Curioso destino el de Jules Renard (1864-1910), el desconfiado que ganó la carrera, muerto joven a los 43 años, y triunfador final que se extrajo del ambiente de simbolistas menores para inscribirse al final entre los humoristas clásicos repletos de "malas" intenciones. De todas formas su obra ya ha entrado en La Pléiade, en dos tomos de Obras y por su monumental Diario, que desmintió al final su obra de costumbrista humorístico para inscribirse en la cumbre del escepticismo nostálgico y testimonial de su tiempo. Ana María Moix, una escritora siempre cuidadosa y traductora fiel (de Beckett a Amélie Nothomb, por ejemplo), se ha acercado a su obra más célebre, Pelo de zanahoria (1894), ya traducida entre nosotros desde 1917 (por Enrique Díez-Canedo, que la tituló Zanahorio) y que alcanzó la fama tanto en novela como en una adaptación teatral posterior.

PELO DE ZANAHORIA

Jules Renard

Traducción de Ana María Moix

Lumen. Barcelona, 2006

224 páginas. 14,30 euros

De hecho, y dadas sus excelentes calificaciones en la enseñanza media, Renard hubiera podido ser profesor, y hasta su familia pensó en presentar a su hijo al examen de ingreso en la Escuela Normal Superior pero desistió cuando, una vez en París, se dedicó asiduamente al periodismo, donde triunfó pronto. Bien relacionado en los ambientes simbolistas de la época, amigo de Marcel Schwob, Gide, Claudel y Valery, consiguió ser fundador y primer accionista de la gran revista de la época, el Mercure de France, colaborador de las grandes publicaciones del momento, obtuvo la Legión de Honor y fue elegido en dos ocasiones alcalde de su pueblo y miembro de la Academia Goncourt antes de morir.

Fue un latinista extraviado en el simbolismo, y sobre todo un periodista que publicó todos sus libros reuniendo fragmentos ya aparecidos en diversas publicaciones y revistas, incluyendo sus aparentes novelas, como Pelo de zanahoria, compuesta de 43 fragmentos hilados por sus personajes y el ambiente rural de su infancia campesina. "Soy y seré siempre un campesino", repitió continuamente a lo largo de su vida. El propio Sartre le dedicó un largo trabajo en 1946 ('El hombre amarrado', en Situaciones) a una reedición póstuma del Diario, donde es concluyente: "Es el creador de la literatura del silencio", un "realista a su pesar", heredero y reflejo de su retórica latinista y rural, aunque amarrado por su fondo burgués, teñido de amargura y nostalgia, con lo que rompía al final sus esquemas aspirando a una "cinta roja" (la Legión de Honor) o a la Academia Goncourt.

Ana María Moix, en su intro-

ducción a su buena traducción, dice que Pelo de zanahoria no es un libro para niños, sino para mayores, y plantea el problema de la educación al revés, cuando describe las difíciles relaciones de su protagonista con su madre, Madame Lepic, modelo desmitificado de autoritarismo e incomprensión, pues Jules Renard, pelirrojo, austero y campesino (aunque no de familia humilde, como se dice aquí en la solapa), no la quiso nunca y no la perdonó jamás, como tampoco a su suegra, y se llevó mejor con su padre, que se suicidó a causa de una enfermedad incurable (y quizá también su madre, que apareció ahogada en el pozo de su jardín). Pero yo creo que la novela va más allá, es un reflejo de las relaciones familiares en un medio rural en la Francia profunda de finales del siglo XIX, silencioso y casi mudo, seco y amargo, que alcanzó la posteridad a manos llenas, y que se puede volver a leer más de dos siglos después, gracias a su austeridad, a sus silencios y a su discreta ironía, en esta cuidada edición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de junio de 2006

Más información

  • Jules Renard