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Reportaje:

Esperanza de poder

Aguirre prepara su reelección, un nuevo trampolín en su escalada en el PP

Ejerce un control absoluto del gobierno regional, del Partido Popular y de la televisión autonómica. Ha situado a sus fieles en lugares clave. Y ha creado un poderoso clientelismo rescatando a los náufragos populares del 14-M. La presidenta de la Comunidad de Madrid, el cargo de más poder en manos del PP, engrasa la maquinaria de su futuro. En un año aspira a la reelección. ¿Y luego? Esperanza Aguirre se ha convertido en una gran esperanza de la militancia.

Esperanza Aguirre jamás consulta su futuro político a las brujas de Macbeth. Es demasiado supersticiosa. Está convencida de que si se propusiera ser la candidata del Partido Popular a la presidencia del Gobierno, quedaría gafada. Por tanto, a esperar. "Que las cosas me vayan como hasta ahora, que bastante bien me han ido". Distinto es que no le haya pasado por la cabeza. Ella se decanta por la ironía: "Va a resultar que de ser la tonta del PP, he pasado a ser la mala malísima que le mueve la silla a Rajoy". Se escuda en que a lo largo de 23 años nunca se ha postulado para un cargo. Todos le han caído del cielo. Ella se limita a cumplir órdenes. A trabajar duro. "Me lo he currado a muerte". Y a profesar el aznarismo: "En el mundo, no me ha impresionado nadie; el Papa, Isabel II, el Dalai Lama... Lo siento, sólo me impresiona Aznar. Y cuando él me ha mandado algo, en sus llamadas de minuto y medio, no he osado discutirle".

Ella se decanta por la ironía: "Va a resultar que de ser la tonta del PP he pasado a ser la mala malísima que le mueve la silla a Rajoy"

"En el mundo no me ha impresionado nadie; el Papa, Isabel II, el Dalai Lama... Lo siento, sólo me impresiona Aznar"

Es la inspiradora de la operación político-mediática del 'caso Bono' y de los desplantes al alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón

Su visión del mundo se basa en tres premisas: pensamiento positivo, no llorar sobre la leche derramada y pico y pala

"Alberto y Esperanza son animales políticos. No piensan en otra cosa. Son las dos balas que le quedan a la derecha", afirma un directivo regional del PP

Según las últimas encuestas, Aguirre es percibida por los votantes a la derecha de su propio partido. Bastante más a la derecha que Ruiz-Gallardón

"Lleva 15 años durmiendo cuatro horas. No se cansa, no se pone mala. Es una bestia", dice su hermana Piedad

¿Se asemeja a Aznar? Contesta con su habitual gravedad Javier Fernández-Lasquetty, producto de la factoría aguirrista/aznarista y hoy secretario general de FAES, el laboratorio del ex presidente. "Aznar y Esperanza están convencidos de la enorme importancia del partido. Y su política no está guiada por el oportunismo ni por el deseo de agradar, sino por la voluntad de desarrollar sus ideas liberales. Están lejos de ese veletismo, tan en boga; se mueven por convicciones".

La visión del mundo de Esperanza Aguirre se basa, según sus propias palabras, en tres premisas: "Pensamiento positivo", "no llorar sobre la leche derramada" y "pico y pala". Gracias a ese optimismo y una auténtica obsesión por hacer oposición por su cuenta al Gobierno central se ha convertido en la gran esperanza de la militancia del Partido Popular. "Usted es el blanco a batir por el zapaterismo andante", sentenciaba su viejo amigo Federico Jiménez Losantos en la COPE. Y ella se tronchaba.

Control absoluto

Sin embargo, su ambición política va mucho más allá de esa imagen dicharachera. De su descarada incontinencia verbal. Incluso de los piropos de don Federico. No conviene subestimar a Aguirre. Y menos a un año de las elecciones a la presidencia de la Comunidad. Que pueden suponer su trampolín a la política nacional. Aguirre es una política correosa, peleona, dogmática; con un control absoluto sobre el Gobierno regional, el PP y la televisión pública de Madrid. Sobre las listas de candidatos de su partido a las municipales, autonómicas y un porcentaje de las generales. Que ha situado a sus peones más fieles en los lugares clave del Ejecutivo, el Grupo Parlamentario y cualquier instancia pública que sirva para engrasar su futuro político. Que ha creado un poderoso clientelismo en torno a su persona rescatando a los náufragos del 14-M. Muchos le deben mucho. Pocos se atreven a criticarla con nombre y apellidos. Ella es la inspiradora de la operación político-mediática del caso Bono y de los desplantes al alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón. En la Comunidad de Madrid no hay ni un solo resquicio que no cubran la presidenta y sus leales.

Y ese círculo íntimo tiene la convicción de que Esperanza Aguirre está bendecida por la baraka. Siempre cae de pie. Ella es consciente. Y se aprovecha hasta la imprudencia. Carece de dudas filosóficas. Es una liberal dogmática. Y esto lo afirma otro liberal dogmático, un viejo dirigente del partido en dique seco: "Dentro del PP, donde hay políticos más prácticos, más adaptables a la coyuntura, ella pertenece al bando de los ideologizados. Tiene unos valores presentes en toda su actuación y una concepción muy firme de lo que debe ser la sociedad, y eso alimenta toda su actividad política".

Afirman que tiene suerte. Y dan ejemplos: un helicóptero que se desploma y del que sale proclamando una sentencia propia de una película de Berlanga: "Nos podíamos haber matado" (esa instantánea preside hoy su despacho de la Puerta del Sol); la repetición de unas elecciones, forzada por la oscura traición de dos tránsfugas del PSOE, que termina ganando después de haber perdido; la inopinada derrota de su partido en las elecciones generales del 14-M, que la coloca en el puesto de mayor importancia institucional de la derecha española, o el pulso por el control del PP en Madrid, el más influyente de España, en el que humilla al carismático Ruiz-Gallardón. De postre, una encuesta publicada el pasado 2 de mayo por EL PAÍS concluía que, de celebrarse ahora las elecciones a la Comunidad de Madrid, la lista de Aguirre repetiría la mayoría absoluta.

Con ese background, Aguirre tiene una infinita confianza en sus posibilidades. "Con lo de la presidencia del PP de Madrid, me decían: 'vas a cargarte el partido, vas a crear un cisma con Alberto, te va a machacar'. Y ha sido la mayor victoria de mi vida política. Estoy en el mejor momento de mi carrera".

En el asalto al PP de Madrid, en octubre de 2004, Aguirre fue a por todas. Junto a Nacho González, amigo del alma, vicepresidente y portavoz de su Gobierno, su Paco Cascos particular, elaboró un guión muy preciso para hacerse con la presidencia regional del partido. Aguirre necesitaba poder territorial. Desde el mismo momento de su llegada a la Comunidad como candidata, en otoño de 2002, comenzó a trabajarse a las familias del PP.

Cuentan que Aznar nunca cruzó el umbral de la sede regional del partido en Madrid. Lo confirma una militante liberal: "Aznar me dijo un día: 'Ni se te ocurra entrar ahí, es un avispero". No exageraba. El PP de Madrid se apoyó durante 12 años en un precario equilibrio de familias (ratistas, gallardonistas, manzanistas, vieja guardia), bajo la distante dirección de Pío García-Escudero, que tenía como mérito "ser amigo de Aznar". "Pío nunca se preocupó por el partido", explica una militante del PP madrileño. "El que mandaba era Rodrigo (Rato); Madrid era su territorio. Nadie lo discutía. Desde 1989, era el candidato de Madrid y todos los puestos de responsabilidad eran para su gente. Empezando por el de secretario general".

Desde el primer minuto en el poder, la consigna entre los aguirristas fue hacerse con el aparato de Madrid. Contar con una base de operaciones para la patrona. Hacer del PP de Madrid una sucursal del Gobierno regional. O viceversa. Así lo relata un miembro de maitines, el círculo de confianza de Rajoy que se reúne los lunes (Aguirre no está invitada): "Un día, Esperanza plantea en Génova que quiere ser presidenta del PP de Madrid y aquí la idea no cae bien. Nos daba pereza. Teníamos encima la pelea entre Camps y Zaplana por el PP de Valencia. Con Pío había paz. Y Pío es muy amigo de Mariano. Pero Esperanza apretó; sabe que es muy popular en el partido. Forzó la situación. En abril de 2004, Camps descabalgó a Zaplana de la presidencia del PP en Valencia. Y ella (alineada con Camps) vio que era su momento. Pío se quitó de en medio (cabreado). Y se atrincheró en el Senado. Alberto comenzó a ponerse nervioso. Y en vez de dar la batalla, colocó de candidato a su segundo, Manolo Cobo, vicealcalde de Madrid. Y se equivocó".

Gallardón y Aguirre se conocen desde 1983. Eran los concejales más bisoños de la derecha en el Ayuntamiento de Madrid. Sus relaciones siempre fueron civilizadas. En el círculo de Aguirre las elevan a "materno-filiales". En público se prodigan achuchones. En privado no se pueden ni ver. "Alberto subestimó a Esperanza. Y se equivocó", explica un miembro de la dirección regional del PP. Para otra fuente, "los dos convivieron sin interferirse durante 20 años, hasta que aspiraron a suceder al sucesor. Hasta que contemplaron la difícil situación de Rajoy. Y ahí llega el choque. Son animales políticos. No piensan en otra cosa. Son las dos balas que le quedan a la derecha. La diferencia es que Esperanza es querida en el partido, y Alberto es admirado, pero no querido".

Aguirre dudó antes de lanzarse al cuello de Gallardón. Sus aprensiones quedaron disipadas tras una reunión de Rajoy con los líderes regionales del PP, en julio de 2004. Ella lo relata: "Por Madrid fuimos Pío, que era presidente del PP regional, y yo, de la Comunidad. Fue muy desagradable. Lo pasé fatal. En todas las comunidades coincidía el presidente autonómico con el del partido. Pero por Madrid no se sabía quién llevaba la voz cantante. Quién mandaba, Pío o yo. Fue humillante. Eso me decidió a optar a la presidencia".

Días más tarde, Aguirre anunciaba a Rajoy su intención de presentar su candidatura a la presidencia del partido en Madrid. En clave galaica, Rajoy le preguntó por dos veces a Esperanza: "¿Estás completamente segura de que le vas a ganar?" "Le contesté que sí, que tenía el 80% de los votos. Y Mariano se calló". No erraba la presidenta. Su gente había hecho bien los números. El 14 de octubre de 2004, en una noche de los cuchillos largos, la mayoría de la junta directiva regional de Madrid optaba por Aguirre como candidata a la presidencia del partido frente a Manolo Cobo, "el hombre de Alberto". Previamente, Ruiz-Gallardón había sido linchado por los aguirristas y otros cuadros del partido que aspiraban a unirse a las filas de la triunfadora: los escasos hombres de Álvarez del Manzano, los restos de la vieja guardia, un buen número de gallardonistas conversos y la amplia familia ratista, huérfana desde la marcha de Rato a Washington como director del FMI. "Rodrigo me dijo que cuidara a su gente y he cumplido: todos están bien colocados".

En año y medio, Aguirre ha alcanzado más poder en Madrid de lo que nunca antes tuvo un dirigente del PP. Se ha movido. Mucho. Como se movió para ser concejala de Medio Ambiente en 1989, cuando nadie sabía de qué iba esa cartera: "Vi que aquello tenía auge, le saqué jugo y fue vital en mi carrera". Para ser la número 2 al Ayuntamiento de Madrid en las elecciones de 1995, ayudada por Miguel Ángel Cortés, ojos y oídos de Aznar en esa época. Como se movió en FAES, el laboratorio que proporcionó doctrina y cantera a Aznar hasta 1996. Y consiguió ser la primera mujer patrona. Entrar en el entorno del líder. Y comenzar la escalada. Como se movió para ser ministra en 1996. O como se movió para ser alcaldesa en 2003. Terminó como candidata a la Comunidad. Suponía su regreso a la primera línea de la política. Y la posibilidad de dirigir una Comunidad que representa el 17,5% del PIB nacional. Hoy, se mueve para arrasar en las elecciones autonómicas de 2007. Y después, que los astros decidan.

Mientras, no pierde el tiempo. Está en todo. Lo ve todo. La política es su pasión. Cuando observa a este periodista hablando con uno de sus adversarios de la cuadra de Gallardón durante un acto público, se acerca como un rayo: "¿Qué, hablando de política?". Y no pierde la sonrisa.

El palo y la zanahoria

Se exige y exige. Examina y abronca tanto a los consejeros de su Gobierno como a los dirigentes del partido en Madrid. Para ella es lo mismo. Es impertinente. Dura. Maneja con arte el palo y la zanahoria. No tiene paciencia. Vive para la acción política. Las 24 horas. "Vocacional, como un médico al que acudes de madrugada", define su hermana, Piedad Aguirre. "No hay nada que le guste más que la política; está volcada; es su vida", remacha un diputado liberal.

-¿Con la idea de llegar a lo más alto?

-Tiene un plan en la cabeza; un diseño de actuación política muy preciso. Aspira a todo. Pero con una ambición controlada, a diferencia de Alberto, que se tira a la piscina antes del pistoletazo. Una dedicación exclusiva que no es nueva en su biografía. Muchos saben que Esperanza Aguirre es una gran aficionada al golf, con handicap profesional; pocos saben que empezó a jugar pasados los 20 años, con escaso éxito, y para conquistar al que luego sería su marido, Fernando Ramírez de Haro. La metáfora de su vida. La hija perfecta. La mayor de ocho. Tenaz y responsable. Clases de inglés, francés y flamenco. Nueve matrículas de honor en Derecho (los pelotas las elevan a 15). Todo planificado: una oposición en tiempo récord, con 24 años. Madre a continuación. Tocaba. Concejala del Ayuntamiento de Madrid a los 31. Cuando llegó a Educación, se estudiaba las leyes de madrugada.

Una carrera a base de codos.

Sin olvidar su adicción a los medios de comunicación. "Siempre estaré agradecida a Caiga quien caiga, que me hizo tan popular".

-Pero la transformó en un personaje insufrible...

-Me lo dijo Paco Cascos: "Te has convertido en caza mayor". Lo que peor me sentaba es que me pusieran de tonta, pija y cursi, cuando siempre me he considerado listísima, antipija y elegante. Sí, siempre he sido listísima.

Terca negociadora. Especialista en tensar las situaciones con sus adversarios. Hasta que la otra parte afloja. O la cuerda se rompe. Una estrategia que le ha proporcionado beneficios. Y bofetadas. Como su paso por el Ministerio de Educación (1996-1999), con su Decreto de Humanidades: un intento de ideologizar la enseñanza de la Historia de España que a punto estuvo de llevarse por delante los acuerdos de legislatura del PP con sus socios nacionalistas. Un diputado que trabajó con Aznar y exige anonimato, recuerda su paso por el ministerio: "Quizá su cartera no tenía que haber sido Educación. Ella era radicalmente contraria a la LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema Educativo) del PSOE. Y estábamos en minoría. Poner a Esperanza en ese ministerio fue un desafío a la izquierda". "Monté un buen pollo con los nacionalistas", afirma la aludida.

Aquel 16 de diciembre de 1997, Aguirre sufrió en el Parlamento (y en directo) la mayor derrota política de su carrera. Intentaba dinamitar los planes de estudio diseñados en 1990 por los socialistas. Un calco de lo que 10 años antes había hecho en el Reino Unido su admirada lady Thatcher. Esperanza Aguirre abandonó el hemiciclo con los ojos inundados (ella, que odia llorar en público). Había quedado tocada. Aznar la guardaría en una jaula dorada: la Presidencia del Senado. Allí pasaría cuatro años. Esperando su momento.

Información y encuestas

A las siete de la mañana, ya está conectada a la SER. (Después comienza una hora de ejercicio físico con su entrenador personal). No puede vivir sin información y cotilleos. Es consciente del poder de la información. Y de las encuestas. Desde que ganó las elecciones a la Comunidad Autónoma ha sido entrevistada 12 veces por Telemadrid: su televisión. Sus colaboradores pueden recibir uno de sus intempestivos telefonazos a las dos de la madrugada a costa de un editorial que acaba de leer en la primera edición de un diario. "Lleva 15 años durmiendo cuatro horas", afirma su hermana Piedad. "No hace las cosas que hace la gente normal. No tiene tiempo. No se cansa, no se pone mala. Es una bestia".

El pasado 1 de diciembre, el día que se estrelló en Móstoles el helicóptero que transportaba a Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, la presidenta no llegó a su casa hasta las diez de la noche. Agotada, con la misma ropa desde la mañana y un tacón roto en la mano. Tenía el frigorífico vacío. Su madre y hermanas compraron pinchos y tortillas. Más relajada, al calor del tinto, Aguirre confesó no haber pasado miedo durante el accidente: "De lo que estoy orgullosa es de haberme escapado del hospital. Mira a Rajoy, le han dejado allí metido".

Aguirre se mueve. Sin perder nunca la imagen de disciplinada, tenaz y un poco frívola. Aquella chica de buena familia, casada con un grande de España (con más blasones que cash), que llegó a Alianza Popular desde la diminuta Unión Liberal: "Cabíamos en un taxi y encima lo pagaba Fraga". No tenía el pedigrí de Isabel Tocino o Loyola de Palacio. Era una desconocida. "Nadie le ha regalado nada. Ha salido adelante dentro de una estructura tan machista como era el PP. Ha luchado con hombres en un mundo de hombres. Y hoy, ser mujer se ha convertido en uno de sus activos, unido a su cercanía con la gente. Dos factores magníficos para un candidato", explica Juan Carlos Vera, secretario de organización del PP y cocinero de todas las campañas del PP desde 1990.

Para un gurú electoral cercano al PP, "Esperanza está en el lugar adecuado en el momento adecuado. Se ha convertido en líder nacional. Madrid es así: están la prensa, las televisiones, el Gobierno central. Ella tiene una presencia informativa continua, incluso excesiva: si bautizan a la futura Reina, o viene la presidenta de Chile, ella está en primera fila". Y eso suma.

"La política es un largo camino y Esperanza tiene la capacidad de hacerse amigos y no enemigos", afirma Pilar del Castillo, ex ministra de Educación. "No conozco a nadie que se considere enemigo de Esperanza en el partido, y eso es un milagro", coincide otro eurodiputado. Un tercero, Juan Soler, diputado autonómico y hombre de su confianza, es de la misma opinión: "Quizá sea una estrategia meditada, pero no es fingida. Le sale así. Se lleva bien con la gente. Y esto es como elegir Papa: no gana el que tiene más amigos, sino el que tiene menos enemigos".

Para un miembro del círculo directo de Rajoy, "Esperanza es la persona más querida del partido. Y eso la coloca en un lugar de privilegio. Siendo mujer y con mando en Madrid, está en el sitio perfecto para una situación de crisis. Podría forzar unas primarias y las ganaría de calle. Es ideal para una crisis, porque un centrista no vale en tiempos de crisis".

-¿No es centrista?

-No. Es de derechas; de una derecha no convencional. No es el prototipo de la derecha más clásica, como Rajoy; Esperanza no necesita la política para comer y tiene sus salidas de tono, como su apoyo a las uniones gays... pero es de derechas. Y está orgullosa de serlo.

El orgullo de la derecha. La única que proporciona alegrías a los militantes desmoralizados tras la derrota del 14-M. La defensora del último baluarte. Nunca pierde la oportunidad de machacar al adversario. Interior o exterior. Ya sea Gallardón o Zapatero. Ahí está su ofensiva política y mediática en el caso Bono, que ha dirigido (bajo sus órdenes directas), en lo judicial y propagandístico, el consejero de Presidencia y secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, con la ayuda inestimable de Telemadrid. Y en el Congreso, Javier Fernández-Lasque-tty, su antiguo jefe de gabinete.

Ella opina de todo. De todo lo que le pueda suponer un rédito político. De la OPA sobre Endesa; del Plan Hidrológico; de diplomacia; de política de Defensa; del Estatut; del alto el fuego de ETA; es anticastrista en Miami, se inventa su particular ley antitabaco y diseña sus carreteras. En las manifestaciones contra el Gobierno socialista siempre está presente su helicóptero de Telemadrid en directo.

Su machacón mensaje es que Zapatero maltrata a los madrileños. Una consigna que su entorno de mariachis remacha sin piedad. Por ejemplo, Fernández-Lasquetty: "Madrid es el blanco de la agresión política y el menosprecio del Gobierno de la nación".

Confrontación permanente

Rafael Simancas, el incansable líder de la oposición socialista, el hombre que fue apartado de la Presidencia de la Comunidad por una turbia operación "que algún día se destapará", define la labor de gobierno de Aguirre como "victimista, populista y clientelista. Aguirre ha apostado por la confrontación institucional con el Gobierno de la nación. Y eso le debe venir bien en su carrera política dentro del PP. Pero es un desastre para los intereses de los madrileños. En estos momentos, la Comunidad se distingue en España por la confrontación permanente con el poder central; lo dicen todos los ministros. En su Gobierno prima el sectarismo y la manipulación informativa. Está jugando a obtener el aplauso de la COPE, no a defender los intereses de los ciudadanos".

Y en esa busca del preciado capelo, Aguirre convierte en posible lo imposible. Simultanear la amistad de Alejo Vidal-Quadras y la de Josep Piqué, enfrentados por el control del PP de Cataluña. Otorgar su atención a todas las mal avenidas familias neoliberales: los opusdeístas de Antonio Fontán; los nihilistas atrincherados en la cadena de la Iglesia, con su íntimo Alberto Recarte al frente, o los antiguos gabineteros de Aznar, aletargados entre Génova y la FAES. Aguirre es capaz, incluso, de disfrutar de la intimidad de Paco Cascos, "un verdadero amigo y un aliado", y de Ana Botella, la reina madre del PP, que nunca tragó a Cascos. Mundos distantes que ella concilia.

Tanto, que ha transformado la Comunidad Autónoma de Madrid en refugio de altos cargos del PP en paro. Ratistas, acebistas, gabineteros y becerriles han encontrado cobijo, no sólo en los primeros, segundos y terceros escalones de su Gobierno; también en Telemadrid; el Tribunal de Defensa de la Competencia; la Cámara de Cuentas; el Consejo Económico y Social; el Instituto de Estadística; el Defensor del Paciente; Caja Madrid (accionista de referencia de Endesa), y empresas públicas como Metro, Canal de Isabel II o el Consorcio Turístico de Madrid. Es ilustrativo el contraste entre los destartalados despachos de la sede nacional del PP y la pompa y ceremonia de los mandatarios de la Administración regional. Y la visión del escaso equipo de confianza que rodea a Mariano Rajoy, frente a los complejos círculos de asesoramiento que rodean a Aguirre, lo que un miembro de la Ejecutiva Nacional del PP denomina "los guerrilleros de Esperanza".

Todo para ganar las elecciones de 2007. Si triunfa, Esperanza Aguirre podría aspirar a La Moncloa. Si pierde, se va a casa.

Y ganar en Madrid no es fácil. Ni para el PP ni para el PSOE, que, además, necesita los votos de Izquierda Unida. Las últimas elecciones de 2004 se dilucidaron por un punto de diferencia entre la derecha y la izquierda. Madrid tiene dos escenarios sociales muy diferentes: la ciudad, escorada a la derecha, y la provincia, con sus dos cinturones rojos (el Sur y el Corredor del Henares) donde gana la izquierda. En los feudos del PP, la renta por habitantes es tres veces superior a la de las zonas más desfavorecidas. Para un miembro del PSOE madrileño: "Cuando Gallardón era candidato a la Comunidad, fue listísimo. Sabía que para ganar aquí hay que pescar en caladeros ajenos. Raspar votos en el centro izquierda. Y Gallardón jugó a la confusión. Y consiguió dos mayorías absolutas. Esperanza tiene el voto de la derecha, pero provoca el rechazo en la izquierda. Yo hablaría de empate técnico".

Según las últimas encuestas, Aguirre es percibida por los votantes a la derecha de su propio partido. Bastante más a la derecha que Ruiz-Gallardón. Y muy lejos del anhelado centro geométrico donde se ganan las elecciones. Una encuesta del CIS del pasado mes de abril concluía que el 63% de los madrileños desconfía de su gestión, frente al 48% que desconfía de Gallardón. Aguirre acapara el voto del estómago; está por ver si consigue el voto de la gestión.

Su equipo confía que este último año de Gobierno -en el que "nos vamos a hartar de cortar cintas" de hospitales, centros de salud y estaciones de Metro, y en el que se va a volcar en atenciones a los inmigrantes- añada tinte social a su imagen. Y para engrasarlo, según Rafael Simancas, "el Gobierno del PP dedicará 131 millones a publicidad; e imagine de qué van a hacer propaganda. Está intentando corregir a marchas forzadas su imagen neoliberal, pero es demasiado tarde. No cuela".

Según fuentes del PP, en esa estrategia para centrar su oferta, Aguirre se habría distanciado del tándem Zaplana-Acebes, que en sectores del Partido Popular consideran quemados, y aproximado al modelo que representan Francisco Camps (Valencia), Josep Piqué (Cataluña) o Alberto Núñez Feijoo (Galicia). A este último ya le ofreció entrar en su Ejecutivo en 2003. "Pero Rajoy no le dejó porque contaba con él para la presidencia del PP gallego", confirma Aguirre.

La legislatura de Aguirre ha sido atípica desde sus comienzos. Rafael Simancas le otorga un suspenso en educación, sanidad, política de vivienda y urbanismo y precariedad en el empleo. Ignacio González, vicepresidente, dibuja el Madrid aguirrista como el mejor escenario sanitario, económico y social de nuestro país. Que absorbe un tercio de la inversión extranjera. Y tiene un PIB medio punto por encima de la media nacional.

En esa línea, el entorno de Aguirre da por sentada la victoria. Es la consigna. "Pico y pala". Más allá, todo es posible. La maquinaria está siendo puesta a punto desde el mismo octubre de 2003. Los 80.000 afiliados del partido han sido convocados a rebato. "Estamos siempre en campaña", sentencia la candidata. Y no miente. Porque se la juega. Su futuro político depende de las elecciones en Madrid. Y sólo falta un año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de mayo de 2006

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