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sábado, 20 de mayo de 2006
Crítica:

El difícil arte de los aforismos

  • Jorge Wagensberg
El científico y ensayista Jorge Wagensberg reivindica en este libro, integrado por 747 reflexiones, la importancia de los aforismos que ya defendió en obras anteriores.

La reseña ideal de un libro de aforismos, como es el que aquí comento, sería resumirla en otro aforismo, pero la tentación que pudo haber sentido quien escribe estas líneas se disolvió rápidamente cuando leyó uno de los incluidos en esta obra (el número 393): "El dudoso prestigio de los aforismos procede de la facilidad con la que se logra un aforismo malo". He tenido, por consiguiente, ¡ay!, que conformarme con el viejo, clásico, estilo.

Afortunadamente, desde hace algún tiempo el físico y responsable del área de ciencia y medio ambiente de la Obra Social de "la Caixa" y hasta hace no mucho director del Museo de Ciencias que esta institución posee en Barcelona, Jorge Wagensberg, se está esforzando para que los aforismos recuperen el prestigio que, cuando son buenos, sin duda merecen. Lo hizo primero en un libro titulado Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta? (Tusquets, 2002), con el que obtuvo un merecido éxito, y ahora vuelve a la carga con A más cómo, menos por qué, cabalmente subtitulado '747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural'.

A MÁS CÓMO, MENOS POR QUÉ

Jorge Wagensberg

Tusquets. Barcelona, 2006

189 páginas. 15 euros

Aunque no estoy nada seguro de que sea cierto lo que manifiesta Wagensberg en su 'Prólogo' y luego repite en el aforismo número 394: "Una idea buena que no cabe en una buena frase, pues no es una idea tan buena", en esta obra se encuentran tantos, tan buenos y tan breves aforismos, como para hacer dudar al más convencido de que las buenas ideas pueden ser también rematadamente complicadas y difíciles o incluso, a veces, imposibles de resumir. El inicio del libro es, en este sentido, espectacular: "La verdad es para encarar el futuro" (aforismo número 1); "la mentira es para soportar el pasado" (número 2), y "las verdades se descubren, las mentiras se construyen" (número 5). Son frases cargadas de sabiduría, cuya lectura tiene la virtud de hacernos pensar, de provocar en nosotros, como si fuera la pólvora que provoca una explosión, todo tipo de reflexiones y visiones (tanto de futuro como de nuestros propios, personales e intransferibles pasados).

Lo mejor con una obra de este

tipo es sumergirse, poco a poco, dosificándose, en los aforismos que incluye. Pensar en lo que dicen y sugieren. Con algunos no estaremos de acuerdo (yo al menos). Otros nos dejarán perplejos (acaso por ignorancia: hay en ellos, a veces, mucho conocimiento profundo de muy diversas materias, científicas al igual que de otros tipos), pero probablemente rara vez indiferentes. No es difícil ofrecer algunos ejemplos de esa sabiduría condensada en pastillas literarias que Wagensberg ha creado, reuniéndolas en nueve grupos, que van desde 'La verdad' a 'Lo singular', pasando por otros como 'El número', 'La simetría', 'La palabra' o 'Lo humano', y a los que acompañan, al final, una serie de textos más amplios, que enriquecen el tema central tratado en cada uno de los distintos grupos. "La diferencia entre un depredador y una presa es que el primero se puede permitir un fallo" (número 382), es uno de ellos. Otro, absolutamente maravilloso: "Dios pudo inventar la física, pero tuvo que aceptar la matemática" (número 541). Y también tenemos los siguientes, obviamente muy relevantes para el mundo actual: "Un huevo recién fecundado es un ser humano potencial, pero no es un ser humano real, porque no existen seres humanos unicelulares, ni bicelulares, ni tricelulares, ni tetracelulares...

ni seres humanos con todas sus células idénticas" (número 650); "No es posible saber dónde está la frontera nítida que separa un pedazo de materia humana de un ser humano, pero sí es posible saber dónde no está" (número 651), y "A la media hora de la fecundación de un huevo aún no hemos atravesado la frontera que separa un pedazo de materia humana de un ser humano, a los cuatro meses ya estamos al otro lado de la frontera, a los catorce días aún no la hemos cruzado, a los tres meses ya estamos al otro lado" (número 652).

Otro de los aforismos de Wagensberg es (y él sabe de esto): "Lo importante de un museo no es que la gente vaya sino que la gente vuelva" (número 707). De una manera no muy diferente, podríamos decir que si importante -y difícil- fue lograr escribir un atractivo e interesante libro de aforismos con mucha ciencia en ellos, y que la gente lo comprase y leyese, más difícil e importante ha sido hacerlo otra vez.

Jorge Wagensberg muestra el cráneo Dmanisi (Georgia), presentado en CosmoCaixa el año pasado. / SUSANNA SÁEZ

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