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viernes, 12 de mayo de 2006
Tribuna:OBRAS DEL METROCENTRO

Los árboles de Sevilla

Todavía no repuestos de las algarabías madrileñas en torno al eje Prado-Recoletos y sus inusitados procedimientos de encadenarse a los plátanos, parece que hay que rasgarse las vestiduras a toda prisa porque en Sevilla el proyecto de Metrocentro certifica el final de 80 árboles (naranjos, arces y plátanos de sombra) en la Avenida de la Constitución y Plaza Nueva.

El proyecto de Metrocentro es, a mi juicio, una de las iniciativas de movilidad sostenible más importantes de las que se están acometiendo en Andalucía. Supera en trascendencia y oportunidad a las de Vélez-Málaga y Granada por tratarse de la capital con el centro histórico más amplio de Europa, que más problemas de movilidad tiene. Sevilla aprovecha esta circunstancia para moverse con rapidez hacia la articulación del gran territorio metropolitano que ya es, adoptando estrategias de transporte tanto o más audaces que las de otras ciudades de su rango, basadas en la combinación de modos de transporte y en la multiplicación de los accesos, los intercambios y las movilidades peatonales y de transporte público, las más sostenibles. Metro y Metrocentro, autobuses urbanos e interurbanos, trenes de cercanías, regionales y AVE van a potenciar una ciudad más amable, accesible y cualificada desde el paisaje de sus infraestructuras. La operación más sensible es la del Metrocentro, porque supone la apuesta más arriesgada y más moderna en el mejor sentido de la palabra. Mientras otras ciudades se entierran, se tunelan o se soterran a toda costa, Sevilla ofrece una alternativa de transporte en red, que se basa en la circulación sostenible por su centro más frágil y atractivo. Nada que extrañar en una ciudad que siempre se ha atrevido con la arquitectura y que ha promovido las dos grandes operaciones de transformación urbana -las más importantes de este siglo- con las exposiciones del 29 y el 92.

Sorprende pues que las obras de adaptación de la fisonomía clave de la ciudad a la infraestructura emblemática de su imagen universal que es, sin lugar a dudas, el Metrocentro, que se apoya en los aparcamientos disuasorios, los intercambiadores modales del Prado de San Sebastián y en la reducción del tráfico automóvil en una buena porción del área central de Sevilla, se pueda ver enturbiada por una polémica, que la autoridad del proyecto técnico y la posición arquitectónica del proyecto de partida son los primeros en asumir. La solvencia del trabajo técnico asegura la convivencia de la tecnología con la vida cotidiana, los flujos peatonales con la calidad de vida y la mejora de las infraestructuras, aprovechando que se dota a la ciudad del nuevo recurso de movilidad. La calidad del trabajo arquitectónico de Antonio González Cordón (como asistencia técnica de la UTE adjudicataria VS y Sener) para la adecuación urbana y arquitectónica consiste, desde el momento mismo de la concepción, en racionalizar un proyecto que descubre un nuevo perfil de Sevilla y acerca la experiencia de recorrerla en el Metrocentro a la de disfrutarla a pie. El conjunto de trazado, mobiliario, accesos, pasos y cruces, se ha proyectado desde la convivencia de la memoria asimilada a la urbanidad sensible con los elementos fijos. Las farolas, toldos, árboles; la luz, la sombra; el espacio servidor de la instalación y el espacio dominado por el uso de los vagones como un mobiliario más de la ciudad central, se tratan como un espacio de transición entre el espacio doméstico de la escala peatonal de Sevilla hacia el de un espacio público móvil, en el que se puede transitar como si se estuviera en casa; entendiendo la casa como esa gran casa del centro histórico, con sus pasillos, corredores y balcones abiertos a una perspectiva de ciudad que se mueve.

Salvo las connotaciones políticas, que concurren aquí, como en el caso del eje Prado Recoletos, y a pesar de que el número de árboles nuevos que se plantarán supera en 100 a los que se talarán o sustituirán, no existen razones técnicas que pongan en discusión el proyecto. Los restos arqueológicos y el patrimonio arbóreo han de ser cuidados. Pero la construcción de nuevo patrimonio también. Y las maneras de conciliarlos están -en el proyecto y en la sensibilidad de su ejecución-, para mí, suficientemente garantizadas, muy por fuera de las polémicas políticas.

Desde el punto de vista de la arquitectura y la nueva imagen urbana de la ciudad de Sevilla, las obras del Metrocentro suponen la creación de un recurso del máximo nivel. Tal vez una de las operaciones de más trascendencia para identificar los paradigmas de la sostenibilidad urbana tan maltrecha en las ciudades españolas. La incoherencia entre la arquitectura de los objetos arquitectónicos de alta calidad emblemática y la arquitectura urbana que produce grandes efectos en la calidad de vida mediante recursos espaciales manejados desde las infraestructuras constituyen en nuestro país excepciones que las obras realizadas por el proyecto de adecuación urbana de la infraestructura del Metrocentro van a hacerse destacar como signo de una nueva congruencia en el futuro de nuestras ciudades. Así ha pasado en Bilbao, en Barcelona y así debería ocurrir en Madrid.

Christopher Alexander sostiene, en otro sentido, ¡claro está!, que "la ciudad no es un árbol". Estos días abundan los recuentos de árboles y un puñado de árboles resulta ser un arma, que galvaniza la opinión en un país por lo general arboricida, sirviendo para atacar la vitalidad de la ciudad futura. Nuestra obligación, como urbanistas y como ciudadanos, consiste en devolver a las ciudades más recursos, más árboles y mejor colocados, para que las ciudades sean más habitables, para que tengan memoria de su tiempo.

Y eso, creemos muchos arquitectos, afecta para bien a los árboles de Sevilla; gracias, entre otras cosas, a la actuación trascendental del Metrocentro.

Carlos Hernández Pezzi es presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España

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