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martes, 11 de abril de 2006
Reportaje:

Escuela de orangutanes

Los monos de Sumatra se transmiten su cultura para comer miel, hacer utensilios y darse las 'buenas noches'

Es sabido que los grandes monos, y hasta algunos pequeños cuervos, se sirven de herramientas cuando un difícil almuerzo lo requiere. Y el antropólogo Carel van Schaik demostró hace unos años que muchos comportamientos de los orangutanes de Sumatra y Borneo -sonidos, juegos, manejo de distintos utensilios- varían de un lugar a otro, como suele ocurrir con los rasgos culturales humanos, y muestran un repertorio más amplio en las poblaciones con más contacto social. Pero ni a Van Schaik se le había ocurrido que los orangutanes pudieran tener una escuela en los pantanos de Kluet, una de las zonas menos accesibles de Sumatra.

Van Schaik, que dirige el Instituto de Antropología de la Universidad de Zúrich y lleva 13 años estudiando a los orangutanes, presenta en el último Scientific American las extraordinarias habilidades que distinguen a la población de los pantanos de Kluet: escogen cuidadosamente las hojas y palitos más adecuados para manufacturar utensilios específicos con los que hurgar en hormigueros, colmenas o nidos de termitas, extraer insectos, recoger miel o abrir nueces y otros frutos.

Son técnicas que inventaron un par de animales y aprendió el resto de la población

También se permiten perder el tiempo jugando. Y no sólo se dan las buenas noches -con un sonido peculiar al que Van Schaik y su equipo llaman raspberry noise, o "ruido frambuesa"-, sino que a menudo redondean la despedida con un sonoro e inequívoco beso.

"Dudamos que los animales de Kluet sean intrínsecamente más inteligentes", escribe Van Schaik. "Puesto que los orangutanes cautivos [de cualquier zona] pueden aprender a usar herramientas, parece claro que todos los miembros de la especie poseen la capacidad cerebral básica para hacerlo". ¿Por qué, entonces, sólo los orangutanes de los pantanos aprovechan esa capacidad, con la ventaja obvia de alimentarse de miel y una variedad de insectos que los demás orangutanes no pueden alcanzar?

La respuesta de Van Schaik es que todos esos valiosos trucos "son técnicas innovadoras que inventaron un par de orangutanes inteligentes, y que luego se extendieron por la población y persistieron porque otros individuos las aprendieron observando a esos expertos".

Los orangutanes son reservados y solitarios por naturaleza, pero los de los pantanos parecen haber renunciado a una porción de ese carácter en vista de los beneficios de la vida social. "Los animales inteligentes son los que se transmiten su cultura", concluye el científico. "La cultura promueve la inteligencia".

La cultura -que entre los antropólogos suele significar cualquier sistema de transmisión social del comportamiento- no es exclusiva de los exquisitos habitantes de los pantanos. Los miembros de cada población de orangutanes intercambian conocimientos sobre el uso de artículos preventivos (guantes hechos de hojas para agarrar ramas o frutos espinosos), cubertería (ramitas que se ponen en la boca para extraer miel, insectos o semillas de los huecos de los árboles y otros escondrijos inaccesibles), matamoscas (ramas de arbustos para ahuyentar a las abejas), megáfonos (hojas puestas en la boca para amplificar la voz), cobertizos contra el sol y la lluvia, y así hasta 24 comportamientos aprendidos.

Cada comportamiento varía entre las poblaciones de orangutanes distribuidas por las islas de Sumatra y Borneo, y las poblaciones que muestran un repertorio de comportamientos más amplio son las que, gracias a su hábitat más rico en alimentos, disponen de más oportunidades para la relación social.

Van Schaik destaca que esa correlación entre la riqueza cultural y la interacción social es también una característica de la especie humana: "Las culturas humanas muestran pautas geográficas que revelan la difusión de innovaciones, y las culturas que incorporan más elementos son las que están más abiertas a las influencias de otras sociedades. La innovación local exitosa es comparativamente infrecuente".

La cultura no lo es todo, sin embargo. Los orangutanes llevan 14 millones de años en el planeta. El Homo sapiens era algo muy parecido a un chimpancé hace sólo 6 millones de años, y desde entonces el tamaño de su cerebro se ha duplicado dos veces. Debe faltar algún truco tras el beso de buenas noches.

Un orangután en la selva de Sumatra.

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