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Crítica:POESÍA

Las cuentas del sinsentido

Junto a la reedición revisada de Pormenor, se ha publicado una antología temática de Concha García, que pone un acento de extrañeza en el relato de lo cotidiano. Un recorrido por el desarraigo y la realidad urbana desde la mirada de una mujer.

Los rótulos generacionales, los marbetes de la teoría estética y las mortajas de la historiografía literaria que pretenden ordenar el maremágnum de la poesía actual suelen salvar o condenar a los autores a capazos, según el grupo al que estén asignados. A ello se une la escasez de críticos situados en la media distancia respecto al objeto enjuiciado, como los puercoespines de Schopenhauer o los erizos de Cernuda (ni tan lejanos entre sí que no se protejan del frío, ni tan próximos que se hieran con sus púas). Al cabo, la consideración de los poetas al montón delata su inutilidad en cuanto nos acercamos a una obra como la de Concha García (La Rambla, Córdoba, 1956), sin guarnición ni aditamentos, a cuya defensa no sirven los elogios de adláteres y miembros de la peña, sino sólo los logros que el lector percibe. Autora de una decena larga de libros, Concha García es, mucho más que una escritora representativa, una voz cartesianamente distinta, propia, genéticamente una. El libro que ahora reedita, Pormenor, vio la primera luz en 1993, tras la trilogía de su afirmación ginocéntrica constituida por Otra ley (1987), Ya nada es rito (1988) y Desdén (1990). Pormenor es un conjunto de asedios a las bagatelas cotidianas y a los sordos avatares sin dirección. El vacío, el desarraigo o el envés del amor se arraciman, como los restos de un ejército sitiado, en la acrópolis amurallada de un yo calidoscópico que se expresa en gestos inanes y actos desprovistos de fe. Estar desesperada de no estar desesperada, igual que el don Pedro de Martín Santos arrellanado en su fracaso final: así aparece esta mujer que fuma y mira por la ventana, desvanecido su proyecto vital en las opacidades del contraluz, tal que si "descubriese de pronto que / no tengo nada que hacer, no conozco a nadie, / que no falto a ninguna cita, ni estoy convocada / a ninguna reunión".

Si yo fuera otra

Concha García.

Prólogo de Ángeles Mora.

Diputación Provincial de Málaga.

Málaga, 2005. 96 páginas. 6 euros.

Pormenor

Concha García.

Dilema.

Madrid, 2005. 76 páginas. 8 euros.

En esta misma línea, Si yo

fuera otra es una antología que adquiere condición de obra nueva, o al menos unitaria, pues el tema urbano que engasta los poemas y la mujer que enfoca su existencialidad como un vagabundeo ciudadano conforman un paisaje congruente. Si estos versos refirieran una devastación, predominaría el cuajarón expresionista, el olor de las vísceras y el arrebato retórico; pero Concha García se limita a repasar una tras otra, "neófita de emociones, rasa de sentimientos", las cuentas del sinsentido. De ahí ese lenguaje extrañado y discontinuo, que nos ofrece no los signos flácidos, tibios, tumefactos y lechosos del tremendismo existencial, sino un espejo convertido en esquirlas, una vida descompuesta en nonadas, un mundo destemplado que se refleja en las dos mil facetas de los ojos de una mosca. Puede o no gustar ese bazar de fruslerías regido por el horror del vacío, pero el lector se sentirá tocado por la ausencia de significado trascendente, y reconocería en cualquier esquina la voz que expone el absurdo de los hechos diarios con precisión de escalpelo, sin música, sin bálsamo, sin afectación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de marzo de 2006

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