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martes, 14 de marzo de 2006
Crónica:LA CRÓNICA

Memoria de Manolo

Pongamos que dentro de unos años un académico de un planeta lejano aterrizara en Barcelona dispuesto a estudiar a fondo la obra de Manuel Vázquez Montalbán, y pongamos que, gracias a su empeño, consiguiera reunir todos los libros del escritor. Una vez repuesto de la sorpresa ante la enorme producción de éste, lo más probable es que el experto alienígena concluyera que Vázquez Montalbán no era una sola persona, sino un seudónimo bajo el que se ocultaba todo un equipo de esforzados escritores. De otro modo no entendería que pudiera haber escrito casi de todo y mucho: poesía, novela, ensayo, novela negra, relatos, artículos, reportajes, entrevistas... En lo que respecta a los temas, el espectro no es menos amplio: política, sociología, cancionero sentimental, fútbol, gastronomía, humor, reflexión sobre las ciudades y unos cuantos etcéteras.

De no haberle conocido personalmente, probablemente yo estaría de acuerdo con el alienígena en que tantas páginas no pueden haber salido de una sola persona. Pero le conocí y sé, por tanto, que Vázquez Montalbán no sólo existió, sino que era una persona de una categoría intelectual prodigiosa, capaz de redactar un artículo en diez minutos o de escribir una novela en un mes. Cuando le entrevistaba, daba la sensación de que su mente iba diez veces más de prisa que la de cualquier otro escritor, y no sólo eso, sino que era capaz de soltar un análisis lúcido y una idea brillante cada dos frases. El problema llegaba a la hora de escribir el titular, y no porque costara dar con uno, sino porque había que elegir entre un amplio abanico. Un exceso que se comprende que desorientara al amigo llegado de otro planeta.

Vázquez Montalbán tenía 64 años cuando murió de un fallo cardiaco en el aeropuerto de Bangkok. Era el 18 de octubre de 2003 y todavía le quedaban muchos libros por escribir. Tuvo la atención, eso sí, de dejar unos cuantos a punto de edición, entre ellos Milenio, la novela que cierra la serie Carvalho. Sus admiradores, sin embargo, no se resignan. Por eso, un grupo de amigos de Sant Cugat ha creado el Memorial Vázquez Montalbán. Isidre Marías, uno de los fundadores, señala: "No tuvimos una relación personal con él, pero le admiramos como escritor. El Memorial busca conservar la memoria no sólo de su obra, sino también de su actitud. No pretendemos tratarle como a un santo, sino conservar la actitud de pensar libremente".

La primera actividad del Memorial, poco después de la muerte de Manolo, consistió en un homenaje en el que participaron Borja de Riquer, Josep Lluís López Bulla y Sergi Beser. Pero no se contentaron con esto. Con el tiempo han creado un premio destinado a distinguir los trabajos de investigación escolares que impliquen una mejora de la sociedad y una serie de actos y debates que buscan profundizar en la obra del escritor. "La idea es reunirnos cada mes para hablar de él y de su obra", comenta Marías. "El pasado octubre hicimos un acto en el que participó José Saval, biógrafo de Vázquez Montalbán que es profesor en la Universidad de Edimburgo, y en el futuro pensamos debatir temas como su relación con el fútbol, con la gastronomía, con la novela negra..." (para informarse, véase http: //www.stcugat.net/mvm/proper.htm).

El Taller de Lectura de Vázquez Montalbán es otro apartado de las actividades del Memorial. Recientemente se celebró en el Ateneo de Sant Cugat una sesión centrada en la novela El pianista. Oficiaba Sergi Beser, catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Barcelona y amigo personal de Vázquez Montalbán, que le hizo el regalo de retratarlo tal cual es en la novela Los mares del sur. "Manolo y yo compartimos de niños el mismo barrio, el Raval, que entonces se llamaba Distrito V o Barrio Chino", cuenta. "Él nació en la calle de la Botella, cerca de la plaza del Pedró, y yo viví desde los siete años en la esquina de Tigre y León, muy cerca de La Paloma. La calle de Ponent (la actual Joaquín Costa) era para nosotros un mundo de alta sociedad y la ronda de Sant Antoni era una frontera. Era un barrio con mucha emigración y mucha vida de calle. No conozco a ningún otro escritor que, sin haber escrito una novela de base autobiográfica, haya hablado tanto en sus libros de su mundo, en este caso del triángulo sagrado que se extendía entre las calles de la Cera, de la Botella y del Hospital, apuntando hacia la plaza del Pedró".

Es en esta zona donde se sitúa El pianista, una novela que reflexiona sobre el éxito y el fracaso, y también sobre el compromiso del artista, con un personaje en el centro, un pianista llamado Albert Rossell que tiene mucho de Frederic Mompou. "Ya en Los pájaros de Bangkok, que para mí es una de las mejores novelas de la serie Carvalho, aparecían algunos personajes de El pianista", comenta Beser. "Entonces Manolo ya estaba escribiéndola y habla de un pianista llamado Rossell que toca en un tugurio de la parte baja de La Rambla".

El pianista, una de las mejores novelas de Vázquez Montalbán, está dividida en tres partes, ambientadas en distintas épocas, y tiene un gran momento que transcurre en las azoteas del barrio de la infancia. "Manolo tenía cuatro o cinco años menos que yo y es sorprendente cómo conserva la memoria del barrio", señala Beser. "Aquél era su mundo, y se ve en otras obras suyas, como en el relato 'Desde los tejados', que anuncia ya El pianista, o en Barcelones, en Recordando a Dardé o en el relato 'Bolero', que publicó en el libro Barcelona, un día. Cuando habla de su barrio se nota que siempre lo llevó muy adentro".

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