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CARTAS AL DIRECTOR

La ciencia funesta

Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos

En relación con el artículo de Moisés Naím publicado por EL PAÍS el pasado martes 21 de febrero, titulado La arrogancia de los economistas, creo importante señalar el contexto en el cual el ensayista escocés Thomas Carlyle bautizó a la economía como "la ciencia funesta".

Tal como señala el profesor Robert Dixon (The Origin of the Term Dismal Science to Describe Economics, 1999), de la Universidad de Melbourne, el término aparece por primera vez en un artículo titulado 'Ocasional Discourse on the Negro Question', publicado en diciembre de 1849 en la revista Fraser's Magazine. Se trata de un análisis sobre la situación laboral en las Indias Occidentales en donde los dueños de las plantaciones se quejaban de que, después de la emancipación de los esclavos, no lograban obtener suficiente mano de obra a los salarios y condiciones de trabajo vigentes. Carlyle sostiene que el trabajo es moralmente bueno, y que si los trabajadores de color no estaban dispuestos a trabajar de forma voluntaria, deberían ser obligados a ello. Sobre aquellos que argumentan que el mercado de trabajo debería estar regulado por las fuerzas de oferta y demanda y no por la coacción física, Carlyle opina que son los proponentes de una ciencia funesta.

De esta forma, el término no aparece como conclusión de una crítica constructiva en torno a la ciencia económica, sino más bien como un término despectivo y en apoyo de las leyes de servidumbre, tan admiradas, por extraño que parezca, por el formidable ensayista Thomas Carlyle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de febrero de 2006