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lunes, 30 de enero de 2006
Tribuna:AULA LIBRE

B-Ks

Empecemos por las becas. Empecemos la construcción en España de eso que hemos llamado espacio europeo de educación superior (Bolonia) por las becas, sin duda lo menos europeo de nuestra enseñanza universitaria. Empecemos construyendo un sistema de becas amplio, suficiente, equitativo, bien gestionado, transparente. Como esos sistemas que admirábamos de los países socialdemócratas europeos cuando salíamos por ahí a estudiar

Porque, la verdad, nos queda un buen trecho por recorrer. Ocho años de gobierno conservador han dejado la situación en un estado lamentable. España gasta en becas y ayudas universitarias un 0,08% del PIB, muy lejos del 0,85% de Dinamarca; pero lejos también de Hungría (0,25%) o Turquía (0,15%) y lejos de la media de la OCDE que es del 0,25%. Sólo un 12% de los estudiantes universitarios catalanes recibe algún tipo de beca o ayuda de estudios, en muchos casos limitada a la exención de la matrícula. La beca de mayor cuantía es la de residencia, que supone unos 2.500 euros por curso y es incompatible con la ayuda de desplazamiento. ¿Alguien de verdad cree que con 250 euros al mes un estudiante puede pagar un piso en Barcelona, alimentación y transporte? Para ayudarles les daré un solo dato: el transporte, público por supuesto, y con el abono más económico, del centro de Barcelona a mi universidad, cuesta unos 600 euros al año. Calculen desde otras zonas peor comunicadas o más distantes.

¿Saben que la resolución de las becas ordinarias de residencia se produce en el mes de diciembre -tres meses después del inicio del curso- y que se cobran a partir de enero? ¿Qué debe hacer un estudiante que depende de la beca para subsistir? Y todavía más, una beca Erasmus, para pasar un semestre en una universidad de la Unión Europea, es de 110 euros al mes. ¿Creen ustedes que alguien puede pasar el mes en Viena o Londres, por ejemplo, con esta cantidad sin caer en la desnutrición?

No nos engañemos, la ciudadanía es inteligente. Los ciudadanos saben que se ha progresado muchísimo en la democratización de los estudios universitarios en España. Saben que la actual universidad ya no está reservada a las clases más favorecidas económicamente, como pasaba hace tan sólo 30 años. El salto que se dio en los años ochenta y noventa fue espectacular. Pero temen que la nueva oferta, de mayor valor y calidad, en la práctica sea sólo para los económicamente más solventes. De hecho, hay indicios de que esto puede pasar.

¿Quién se beneficia del actual distrito universitario único? Aquellos que pueden pagarse estudiar en otra ciudad. ¿Quiénes se están beneficiando de un programa tan positivo como es el Programa Erasmus? Las y los que tienen más apoyo económico de sus familias y complementan la beca Erasmus con una beca de sus progenitores. ¿Quién se beneficiará de los nuevos master, aun cuándo la matrícula sea a precio público? Los que dispongan de recursos económicos para prolongar sus años de estudiante.

¿Quién disfrutará plenamente de este nuevo espacio europeo de educación superior? Los que tengan capacidad económica y apoyo para ir a estudiar al extranjero; los que tengan buenos conocimientos de lenguas. Y conociendo el nivel de dominio de las lenguas extranjeras de la población, se entiende que la ciudadanía piense que serán unos pocos los afortunados y que no serán precisamente de las clases más populares. Probablemente nada en la España actual es más indicador de la extracción social de un joven que su conocimiento de idiomas.

Todo tendrá más credibilidad y sentido si empezamos fortaleciendo el sistema de becas. Si se puede decir con fundamento que en España nadie con capacidad y dispuesto a estudiar quedará apartado de la Europa del conocimiento por falta de recursos económicos. Si existe el convencimiento de que este espacio se construye para todos, como esperamos de gobiernos progresistas. Luego ya hablaremos del resto. De la duración de los grados y de los posgrados, de los planes de estudio, de la metodología docente, de la financiación de las universidades. De cuál debe ser la contribución de los estudiantes con recursos económicos.

Sería terrible que un proyecto tan valioso y positivo para los estudiantes como es la creación de un espacio universitario común en Europa, se frustrara por una política de becas raquítica, anacrónica, como la que todavía tenemos. Empecemos por la becas. Auténtica política social, llena de valor, cargada de futuro.

Lluís Ferrer es rector de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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