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martes, 10 de enero de 2006
Reportaje:La seguridad en el Magreb y 2 | INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS

Las voces de El Aaiún

Mientras la diplomacia española destaca los más pequeños gestos de democratización en Marruecos, se mantiene indiferente a las continuas protestas cívicas en el Sáhara

El Gobierno marroquí ha reaccionado a las protestas pacíficas en las ciudades saharauis con detenciones y represión. Las principales organizaciones de derechos humanos internacionales han criticado a Marruecos y le han pedido una reacción proporcionada. La respuesta política de Rabat, su oferta de autonomía, se ve todavía lejana y poco creíble.

Pese a todos los esfuerzos diplomáticos españoles, el Gobierno marroquí ha defraudado muchas expectativas en lo que concierne al Sáhara. "El sentimiento de frustración es generalizado. Marruecos no ha conseguido todavía ofrecer nada creíble", afirma Bernabé López, catedrático de Historia del Islam en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Comité Averroes hispano-marroquí. "Marruecos no va al ritmo que se esperaba, el frenazo es bastante general, no sólo en el tema del Sáhara", opina Antoni Segura, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

Fuentes del Gobierno español reconocen que cuando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero manifestó esperanzas de conseguir avances en seis meses (abril de 2004), estaba contando con que el régimen marroquí pondría sobre la mesa una oferta de amplia autonomía, más que eso, casi de un Estado libre asociado, en el Sáhara. Ha sido imposible saber quién convenció a las autoridades españolas de esa posibilidad, pero la verdad es que la primera mención de Mohamed VI a la autonomía se hizo esperar hasta el 6 de noviembre pasado, con motivo del 30º aniversario de la Marcha Verde, cuando el rey manifestó su voluntad de encontrar "una solución política negociada que confiera a nuestras provincias del sur una autonomía que permita a sus poblaciones conducir sus propios asuntos regionales en el marco de la soberanía del Reino, de su unidad nacional y de su integridad territorial". En ese mismo discurso, el rey anunciaba un proceso de consultas con los partidos políticos sobre el modelo de autonomía a desarrollar, fase en la que nos encontramos en la actualidad y sobre la que existen numerosas dudas.

Las organizaciones de derechos humanos han denunciado la actuación de la policía marroquí en el Sáhara

Mohamed VI ha hecho por fin una oferta de autonomía para el sur dentro de un proceso lleno de sospechas

Segura: "Hasta ahora la opinión pública marroquí vivía de espaldas al Sáhara. Esto ha cambiado"

Hablamos en prisión con los presos saharauis y dicen estar hacinados

Sorprende que Zapatero no haya presionado sobre los derechos humanos

La diplomacia española tiene dudas sobre los sucesos de El Aaiún

Los líderes estudiantiles se muestran autónomos respecto al Polisario

El embajador de Marruecos en España, Omar Azziman, garantiza que "si se hace una propuesta de autonomía seria, consistente y bien pensada, muchos dentro del Polisario lo tendrán que volver a pensar antes de rechazarla". Bachir Edjil, uno de los fundadores del Polisario ahora instalado en Rabat, también pide confianza: "No podemos cambiar Marruecos en dos días. Las cosas van poco a poco y ya se vislumbran ciertas luces".

Otros especialistas en asuntos marroquíes son menos optimistas. El propio sistema marroquí, con partidos políticos más o menos discretamente plegados a la voluntad de la Corona, resta credibilidad a la oferta de debate sobre la autonomía. La misma ley de partidos políticos ahora mismo en discusión incluye la prohibición de los partidos regionales, con el ánimo evidente de impedir la actuación legal de grupos independentistas en el Sáhara. Además, una verdadera autonomía para el Sáhara exigiría una remodelación profunda del esquema de poder vigente en Marruecos. Como explica Bernabé López, la autonomía para el Sáhara sería sólo un primer paso de un proceso de descentralización, "y eso implica la aparición de élites nuevas, de nuevos centros de poder, de desaparición de algunos de los actuales, en definitiva, de una verdadera democratización".

Es decir, resulta muy difícil avanzar en una solución para el Sáhara mientras la democratización en Marruecos no sea real, por mucho que se empeñe la diplomacia española. La Embajada de España en Rabat, un moderno complejo desde el que se dirige el trabajo de cientos de funcionarios, parece estos días un laboratorio en el que los científicos de nuestra política exterior observan con microscopio los casi imperceptibles avances del régimen marroquí mientras basta levantar la vista sobre las calles de El Aaiún para comprobar que esos avances se estrellan casi a diario contra los gritos independentistas de algunos grupos de jóvenes.

Hasta los más partidarios del Frente Polisario reconocen que las manifestaciones no son muy numerosas. En su mayor parte se trata de breves interrupciones del tráfico que apenas dan tiempo a corear unas consignas contra Marruecos y a exhibir banderas saharauis mientras llega la policía. Pero hasta los más partidarios de Marruecos reconocen también que las fuerzas de seguridad han actuado y actúan contra esos grupos con represión excesiva. Amnistía Internacional, en un informe de agosto pasado, pedía al Gobierno de Rabat "una investigación de inmediato sobre las denuncias de torturas" a detenidos saharauis y "que garantice el derecho de las personas a un juicio justo". La Organización Mundial contra la Tortura transmitió a los organismos internacionales su protesta por "los sucesos ocurridos en El Aaiún el 30 de octubre de 2005 después de una pacífica manifestación nacionalista y que han producido decenas de heridos y un muerto". La Unión Europea, en la quinta sesión del Consejo de Asociación UE-Marruecos, declaraba el 22 de noviembre pasado su "preocupación" por los sucesos de El Aaiún y recordaba a las autoridades marroquíes que las medidas a tomar frente a las manifestaciones debían ser "justificadas, proporcionadas y respetar plenamente los derechos humanos y las libertades fundamentales".

Gajmula Ebbi, antigua dirigente del Polisario y actual diputada del Parlamento marroquí, también denuncia la actuación del Gobierno de Rabat: "Aunque me cueste mi puesto como diputada, quiero decir que la respuesta del Gobierno en El Aaiún no ha sido la adecuada. No me parecen adecuadas las detenciones de menores ni de activistas de derechos humanos. La cárcel y la represión no pueden ser las respuestas a las aspiraciones independentistas".

Después de otras penas dictadas en meses anteriores, un tribunal de El Aaiún condenó el pasado mes de diciembre a varios años de cárcel a 14 activistas de derechos humanos acusados de instigar la revuelta en las ciudades saharauis. Por medio de un teléfono móvil hablamos con algunos de ellos en la prisión de El Aaiún y contaron que en este momento están presas allí 39 personas acusadas de organizar las manifestaciones y que se encontraban en condiciones de gran hacinamiento pero recibían alimentos y no sufrían malos tratos.

El Gobierno español no ha hecho pública ninguna protesta oficial por todas estas denuncias. Ni siquiera se ha realizado la visita de una delegación del Parlamento que estaba prevista el verano pasado, pese a que el propio Zapatero se pronunció a favor de ese viaje y así se lo comunicó al Gobierno de Rabat, que se negó. Expertos en Marruecos consideran esa actitud coherente con el pensamiento de Zapatero -ya en julio de 2002, antes de llegar al Gobierno, se pronunció a favor de soluciones "imaginativas" para el Sáhara y dijo que "el PSOE tiene un compromiso solidario con el pueblo saharaui, pero eso es distinto del marco jurídico que pueda tener con Marruecos"- y coherente también con la política llevada por España en el último año y medio. Distintas fuentes recuerdan los elogios vertidos por Rodríguez Zapatero durante su visita en noviembre pasado con ocasión del 50º aniversario de la Monarquía alauí. "Hasta los franceses y los norteamericanos intercalan en sus elogios alguna referencia a la necesidad de respetar los derechos humanos", afirma un diplomático europeo en Rabat. "En ningún caso las relaciones con Marruecos pueden pasar por dejar de denunciar la conculcación de los derechos humanos, ya sea con el trato que las autoridades marroquíes dieron a los inmigrantes subsaharianos, ya sea con aquellos jóvenes saharauis que mediante acciones políticas pacíficas reivindican la independencia del Sáhara", advierte Antoni Segura.

La Embajada española en Marruecos se escuda en que las manifestaciones de El Aaiún son pequeñas y en ellas se confunden reivindicaciones políticas y sociales que desbordan el ámbito de la reclamación independentista y que las hace muy difícil de interpretar. Para el ministro del Interior de Marruecos, las manifestaciones son "el uso natural de la libertad de expresión en un país democrático". Y según Bachir Edjil, "lo que ocurre está más cerca de lo que sucedió en París que de lo que está pasando en Israel".

Es cierto que aún resulta difícil extraer conclusiones precisas sobre esas protestas, sorprendentes y todavía reducidas. Pero también es verdad que reúnen algunos elementos que llaman la atención: su persistencia (no han cesado desde el mes de mayo), sus componentes (jóvenes y mujeres nacidos después de la ocupación de ese territorio por Marruecos), su espontaneidad (los dirigentes estudiantiles exhiben su independencia respecto al Polisario) y su efecto de contagio (algunos conatos de manifestaciones similares se han registrado en Rabat, y varias fuentes en El Aaiún aseguran que ciudadanos marroquíes se suman habitualmente a las protestas).

En opinión del profesor Segura, estas manifestaciones han tenido la virtud de trasladar el conflicto al interior de Marruecos, lo que constituye "el cambio más importante registrado en mucho tiempo". "Marruecos ha respondido hasta ahora como suele hacerlo siempre, pero hay organizaciones marroquíes que ya han empezado a hacerse eco. Hasta ahora, la opinión pública marroquí vivía de espaldas a ese conflicto, era un conflicto externo que resultaba muy manejable para las autoridades marroquíes. Pero este nuevo elemento plantea el problema en términos de derechos humanos y obliga a reflexionar a todas las partes", afirma Segura.

Obliga, desde luego, a reflexionar a Marruecos sobre los perjuicios para su estrategia actual de ofrecer una imagen de democracia. Debería, quizá, hacer reflexionar a España sobre su actual política hacia el Sáhara. Y también es posible que obligue a reflexionar al propio Frente Polisario.

En las protestas de El Aaiún se despliegan banderas del Polisario, pero parece equivocado atribuir lo que está ocurriendo a una simple operación de propaganda de la organización saharaui. Es detectable un alto grado de espontaneidad entre los convocantes, que se comunican mediante Internet y no parecen atender instrucciones extrañas. Los líderes estudiantiles consultados en El Aaiún incluso se quejan de la excesiva moderación del Polisario, rechazan cualquier negociación con Marruecos que no lleve a la creación de un Estado independiente, piden a la organización saharaui que regrese a las armas si es necesario y amenazan con crear una organización propia en el Sáhara marroquí si el Polisario no es capaz de responder adecuadamente a las reivindicaciones de su Intifada. "Va a llegar un día en el que diremos que el Polisario no es el único representante legítimo del pueblo saharaui", advierte un líder estudiantil que pide que su nombre no sea publicado.

Para el representante del Frente Polisario en España, Brahim Gali, no existe motivo de preocupación para ellos, y afirma que su organización no sólo respalda a los estudiantes, sino que asume su revuelta como una nueva estrategia de lucha: "Hemos pasado de la lucha armada a la resistencia pacífica en los territorios ocupados", declara. Para el Polisario, esas protestas son también "la prueba del fracaso de la marroquinización de la población del Sáhara".

Las manifestaciones de El Aaiún son el reflejo, eso es seguro, de que 30 años después del comienzo del conflicto del Sáhara occidental la solución sigue sin vislumbrarse y España parece atrapada sin fin en ese laberinto.

Familiares de presos saharauis se manifiestan el pasado mes de junio a las puertas del tribunal de El Aaiún. / REUTERS

Una mujer saharaui muestra un golpe del que culpa a la policía. / REUTERS

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