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Reportaje:

El dinero o la vida

La familia de un joven saudí tiene que pagar para que no sea decapitado

Fawaz, un saudí de 16 años, puede ser decapitado en tres meses. Su única escapatoria es que su familia pague antes de marzo 790.000 euros en dinero de sangre (una compensación económica por asesinato) al padre del chico que mató en una riña de colegio cuando los dos tenían 14 años.

"Estamos desesperados", declaró ayer en entrevista telefónica Owayid, uno de los siete hermanos de Fawaz, que no quiso decir su apellido por tratarse de un tema sensible. Como "la única posibilidad de recaudar el dinero", la familia ha lanzado una llamada de ayuda a los ricos del Reino de Arabia Saudí y a la comunidad internacional. "Somos una familia normal, no tenemos todo ese dinero", dijo Owayid. Reunirlo les parecía una tarea muy difícil, por la elevada cantidad. Pero desde el lunes, cuando se publicó la noticia en el periódico Arab News, han recibido "casi la mitad del dinero necesario", según declara el hermano. De los benefactores no dice nada más que "ha sido gente buena". Tal vez ni siquiera sabe más, ya que los donantes prefieren permanecer anónimos, de acuerdo con la cultura islámica.

Si la familia del menor no compensa a la de la víctima con 790.000 euros, se ejecutará la sentencia de muerte

En un caso de asesinato en Arabia Saudí se abre un caso doble. "Por una parte, del Estado contra el asesino, y por la otra, de la familia de la víctima contra el asesino", explica por teléfono el asesor legal de Amnistía Internacional en Londres, Yuvall Ginbar. La familia puede perdonar el crimen a cambio de una indemnización. Cuando el dinero es pagado, el Gobierno, que actúa generalmente de acuerdo con la ley islámica o sharía, tiende también a perdonar y a dejar libre al procesado. La demanda inicial de dinero de sangre o diyé para perdonar a Fawaz era de más de un millón de euros, pero "con la intervención de personas de buena voluntad" se logró que el padre de la víctima aceptara menos, según cuenta el hermano.

La familia no niega el crimen de Fawaz, que llevaba una vida normal "hasta que un día perdió la cabeza en una pelea de niños con un compañero de colegio; sin pensar en las consecuencias, sacó un cuchillo y lo clavó en el pecho del otro chico". Así relata el delito Owayid, el hermano mayor y el único que ayuda económicamente a su padre, que está retirado, en la manutención de la familia.

El chico se arrepintió inmediatamente después de los hechos y llevó a su víctima al hospital, según la versión de la familia. Pero fue demasiado tarde. Entonces, el asesino se fue a entregar a la policía de su pueblo, en la provincia de Al-Dawadmi, a unos 200 kilómetros al oeste de Riad, la capital saudí. La policía transfirió el caso al tribunal religioso. Allí, en presencia de su familia y de la de su víctima, Fawaz fue condenado a muerte. Después, el padre de la víctima aceptó perdonarlo si se pagaba "el dinero de sangre" antes de marzo de 2006. El chico espera su destino en el centro para delincuentes juveniles en Riad. O su familia paga el dinero y él obtiene su libertad, o la espada de un verdugo le cortará la cabeza.

EL PAÍS contactó en varias ocasiones con la Embajada de Arabia Saudí en España para recabar su versión de los hechos, pero no se logró.

"Estamos en contra de la pena de muerte en cualquier caso, pero aún más en contra de que se aplique a menores", aseguró la portavoz para Oriente Próximo de Amnistía Internacional, Nicole Choueiry. Según la asociación internacional, Arabia Saudí camina en sentido contrario a la tendencia mundial de abolir la pena de muerte. Sólo este año, al menos 81 personas han sido ejecutadas, según Amnistía Internacional. Aunque el país árabe firmó en 1996 la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas que establece que los menores no pueden ser condenados a la pena capital, se sabe de otro caso similar al de Fawaz. Un chico de 15 años que confesó también su asesinato, pero cuya familia todavía no negocia la cantidad de dinero de sangre con la familia de su víctima para que lo dejen vivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de diciembre de 2005