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viernes, 18 de noviembre de 2005
Reportaje:

Matemáticas contra el tabaco

Un modelo desarrollado por la Universidad Politécnica determina el riesgo de recaída entre los fumadores

La ofensiva contra el tabaquismo ha encontrado un aliado inesperado. A la batería de leyes, campañas publicitarias, la creciente presión social, o la pila de estudios que aportan evidencias concluyentes sobre la toxicidad de este hábito se ha sumado un recién llegado: las matemáticas. Investigadores del Instituto de Matemática Multidisciplinar (IMM) de la Universidad Politécnica de Valencia han diseñado una fórmula destinada a evaluar la probabilidad de recaída entre las personas que decidan abandonar el tabaco. Y han descubierto que las personas que en la primera media hora después de levantarse por las mañanas encienden un cigarrillo son las que peor pronóstico tienen.

El estudio se ha elaborado a partir de los datos recabados por el servicio de neumología del hospital Arnau de Vilanova de Valencia de 210 fumadores, como apunta el director del IMM, Lucas Jodar, y cuenta con la colaboración de la dirección general de Salud Pública de la Consejería de Sanidad. Su objetivo consiste en estudiar cuáles son los factores que influyen de forma más determinante en que una persona que ha decidido dejar de fumar fracase en su intento. Una vez recopilados, se relacionan a través de diversos modelos matemáticos -modelo de Cox, logísticos- y, a partir de los resultados, se obtiene un valor que permite a los facultativos asignar a cada persona el riesgo de recaída que tiene y ofrecerle el tratamiento más adecuado según su perfil.

Las variables que introducen los especialistas y que influyen en la recaída son el sexo, la edad, las características físicas, el tiempo que consume tabaco o las enfermedades de la persona. Pero además, hay otros indicadores más específicos que aportan información más detallada y son "muy importantes en el estudio", según Jodar. Uno de ellos es el tiempo que el fumador tarda por la mañana desde que sale de la cama hasta que enciende su primer cigarrillo. Otro es si cuando el fumador se levanta por la noche para beber agua o ir al cuarto de baño echa mano al paquete de tabaco. Estas dos cuestiones son indicadores muy fieles del nivel de adicción y, por ello, de la dificultad que tendrán las personas que los cumplan y que quieran dejar de fumar. "El hecho de que una persona fume o no en su primera media hora es tan significativo que quien aguanta sin tabaco tiene un potencial de dejar de fumar del 80% más que quien no", apunta el director del IMM. Así, en opinión de Jodar, invertir esta primera hora en actividades deportivas o que distraigan al fumador del hábito pueden ser muy beneficiosas para poder superar mejor el trago del abandono del tabaco.

El equipo de la Universidad Politécnica ya realizó un trabajo similar para determinar la posibilidad de reaparición del cáncer de vejiga y tiene la intención de extender su campo de acción a otras adicciones, como el alcohol y otras drogas. En todo caso, antes, Jodar pretende pulir el procedimiento relacionado con el tabaco introduciendo más variables relacionadas directamente con el consumo de cigarrillos como pueden ser las relacionadas con la actividad deportiva o el tipo de trabajo -"no es lo mismo uno que te deje libres las manos que otro que consista en una actividad manual sostenida", comenta-.

Por sí mismo, el modelo empleado no hará que la gente deje de fumar, aunque resulta un instrumento muy útil en la lucha contra el tabaquismo. "Puede aplicarse para protocolos de actuación por parte de Salud Pública, y así, fijar tratamientos individualizados a las personas que quieran romper con el tabaco a partir de los indicadores de los pacientes".

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