Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
FÚTBOL | Novena jornada de Liga

Athletic y extranjeros

Regresa el debate sobre el fichaje de extranjeros en el Athletic. No es nuevo. Ocurre cada vez que se asoma a la Segunda División. Parece lógico: el Athletic ocupa el último puesto de la Liga y ha conseguido tres puntos en los nueve últimos partidos. El promedio es desolador. La única cuestión en el aire es si el Athletic añadirá un nuevo récord a su vasto historial: ¿será el equipo que menos puntos consiga en la historia de la Primera División? En estas condiciones suelen apuntarse soluciones sencillas para problemas complejos.

La primera complejidad está en el enunciado de la solución. El Athletic podrá fichar jugadores extranjeros, pero los promotores de la idea no dicen nada del mercado nacional, como si no hubiera futbolistas andaluces, castellanos o extremeños capaces de ayudar a un equipo con la soga al cuello. Es la clase de sectarismo que verdaderamente daña al Athletic y su imagen. Pero hay más asuntos complejos: ¿qué clase de extranjero fichará el Athletic? La hinchada del Athletic es orgullosa y tiene una alta estima del papel de su equipo en el fútbol. Seguro que espera futbolistas de gran calibre: un poco menos que Ronaldo pero mucho más que esas medianías que desembocan en equipos como el Valencia, el Atlético, el Olympique de Lyon, o el Stuttgart. Sin embargo, la realidad conspira contra el optimismo. El presupuesto del Athletic (39 millones de euros) le coloca alrededor del puesto 80 en la lista de Europa. Por lo tanto, tiene por delante a 80 clubes en la elección de jugadores. Y no de un futbolista, sino de tres o cuatro por equipo. Así funcionan las leyes del mercado. Aunque el fútbol es más un misterio que una ciencia, al Athletic le corresponderá fichar al 300 mejor futbolista del mundo, probablemente un prometedor delantero lituano, o un joven centrocampista camerunés que ha pasado desapercibido en el rádar de los equipos europeos. Y si tiene suerte, y el chico es un fenómeno, aparecerá otro complejo problema. ¿Para qué continuar en el Athletic, si tiene una oferta del Chelsea, el Madrid, el Milan o el Barça? El Athletic conoce el problema por experiencia. En 1996 se tiró el pliego con el fichaje de su primer jugador extranjero. Era Lizarazu, lateral de la selección francesa. Un año después fichó por el Bayern de Múnich: el mercado no hace excepciones con el Athletic.

Seguramente el prometedor lituano y el ágil camerunés podrán ayudar al equipo. Son jóvenes, tienen hambre de gloria, quieren utilizar al Athletic como trampolín profesional. ¿Pero garantizarán la tranquilidad? ¿Asegurarán la permanencia? ¿Llevarán al Athletic donde sus aficionados sueñan? No asegurarán nada. Desde 1967, sólo cuatro equipos no han descendido a Segunda División: Real Madrid, Barcelona, Real Sociedad y Athletic. Sí, el Athletic. Por lo visto es más difícil mantenerse en Primera que ganar un título. Fichar extranjeros no asegura nada. El Atlético de Madrid descendió con Bejbl, Chamot, Gamarra, Ayala, Hasselbaink, Solari, Correa, Paunovic, Njegus, Pilipauskas, Hugo Leal y Venturin, además de Molina, Baraja, Valerón, Kiko y algún que otro futbolista conocido. El Betis bajó (1990-2000) con Finidi, Denilson, Vidakovic y Filipescu. En la misma temporada, el Sevilla descendió con Hibic, Zalayeta, Tabaré, Tsartas, Olivera, Hibic, Olsen, Juric y Otero.

El Athletic se ha construido una identidad singular en el fútbol. No le ha ido mal. Nunca le ha resultado fácil. Ha construido su historia con más esfuerzo que los demás. Pero la exigencia ha merecido la pena para varias generaciones de jugadores, entrenadores, presidentes y aficionados. Quizá ese orgulloso sentimiento se ha perdido en los últimos años. No es casual que el Athletic sea con el Espanyol el equipo que menos puntos ha conseguido fuera de casa en las diez últimas temporadas. Menos convicción, menos estima propia. Al equipo no le han ayudado sus dirigentes, empeñados en una política panvasquista que derivó en la contratación de 32 jugadores procedentes de otros clubes entre 1989 y 2000. El resultado ha sido mediocre y el gasto insoportable.

El Athletic está en situación crítica porque ha tenido demasiadas dudas con su peculiar modelo, porque no puede retener a sus mejores jugadores y porque tiene que vender para equilibrar derroches anteriores. ¿Sería el mismo equipo con Del Horno y Ezquerro en la banda izquierda? Desde luego que no, pero el Athletic tenía que vender. Demasiada deuda, demasiadas decisiones delirantes. Recibió 12 millones de euros del Chelsea por Del Horno, la misma cantidad que el Athletic pagó hace siete años por Roberto Ríos, con el actual presidente, Fernando Lamikiz, como secretario de la junta directiva.

Por su propia singularidad, el Athletic está sujeto a un ecosistema muy delicado. Cualquier daño adquiere unas proporciones gigantescas. El Athletic ha sido su peor enemigo en las últimas temporadas. No le ayuda su actual presidente, empeñado en desbaratar a un equipo emergente a principios de este año (en febrero se había clasificado para las semifinales de Copa y jugaba los cuartos de final de la Copa de la UEFA). Ahora es un equipo tan decaído que puede batir el récord de menor puntuación en una Liga. Por cierto, lo tiene el Sporting desde que se implantaron los tres puntos por victoria, (con 13 en la 97-98). También cambió de política. Desconfió de su magnífica cantera y fichó Kosolákov, Kucharski, Cherishev, Lediákov, Lékovic, Nikifórov, Pópovic, Rodrigao y Trotta. Bajó y no ha vuelto a Primera. Parece que han pasado mil años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de octubre de 2005