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Reportaje:REPORTAJE

Vila-real, en una nube con forma de balón

Pese a las apariencias, que muestran una próspera ciudad de 46.830 habitantes, Vila-real es un pueblo y se siente orgulloso de serlo. Mucho más ahora, que ha abierto una ventana al mundo a través de su equipo de fútbol, el Villarreal, que se codea con los más grandes clubes de Europa alentado por la intencionada letra de su himno: "La il·lusió de tot un poble...". La euforia y la autoestima se han instalado en la población, que vibra en torno al último partido, el último fichaje y el último invitado ilustre: el Manchester, por ejemplo. Unos 12.000 de los 18.000 socios del club son de Vila-real, es decir, uno de cada tres habitantes. Y uno de cada tres abonados es una mujer, un 33%, el porcentaje más alto de Primera División. El fútbol, pues, lo invade casi todo. Hasta la ofrenda a la Mare de Déu de Gràcia se cambia de horario en función del equipo, de lo que se encarga mosén Guillermo, divertido sacerdote vinculado al club desde hace 40 años, quien afirma que éste "era" un pueblo muy religioso en el que queda "algo" de su antiguo fervor: siete asociaciones religiosas y algunas tradiciones y costumbres.

"Hace 10 años era rural. Ahora, la proyección es hacia fuera. Hay una sensación de que es un pueblo importante", dice un profesor universitario

"Hemos abierto una concejalía de Turismo que no teníamos porque esta ciudad no era nada turística", señala el alcalde

Vila-real es rural e industrial, conservador y moderno, religioso y profano. Pero, sobre todo, es un pueblo hecho a sí mismo que recurrió a la dinamita para convertir la tierra seca en fértil y dedicarse a la agricultura. Entre 1880 y 1960 transformó 3.500 hectáreas de secano en regadío. Y se propagó la leyenda de que el Ministerio del Interior estaba muy preocupado por el masivo uso de dinamita en esa pequeña localidad castellonense. Más tarde, cuando llegaron las heladas de la naranja, en 1946 y en 1956, Vila-real cambió de piel y diversificó su economía. Siguió los pasos de Onda, Alcora y Rivesalbes, de tradición azulejera procedente de la Edad Media. Nació una potente industria, los excedentes se destinaron a la cerámica y cientos de inmigrantes andaluces, muchos de Beas de Segura (Jaén), aportaron la mano de obra.

El dinero atrajo a los bancos y la crisis general de 1970 fue superada con la intensificación tecnológica (que se importó de Italia) y la apertura del mercado exterior. Pero no fue el fin de la agricultura, que todavía hoy persiste: cuatro cooperativas de naranjas y tres negocios de comercios privados. Se trata de una sociedad joven, cuyo mayor sector está entre los 25 y los 29 años, en la que apenas hay paro, un 3,07%. Y en la que el número oficial de inmigrantes extranjeros es de 4.163, con un 37% de rumanos y un 24% de marroquíes.

Fútbol en familia

Gracias a su equipo de fútbol, Vila-real es conocida hasta en una aldea perdida del Kurdistán, cuenta Vicent Gil, archivero de la población. Al fútbol va toda la familia, de ahí que no haya un solo grupo radical en su hinchada. Va a presenciar un espectáculo. En mayo de 1997, el empresario valenciano Fernando Roig compra por 360.000 euros el 60% del Villarreal, equipo que malvivía en Segunda División. Lo adquiere a instancias de José Manuel Llaneza, director general en esos tiempos de escasez en el club amarillo que presidía Pascual Font de Mora. Llaneza le dice a Roig que aproveche la oportunidad. Roig tiene grandes ambiciones, pero nadie se las cree. El ascenso del club es rapidísimo. "Inicialmente hubo algunas reticencias", analiza Juan Soler, veterano periodista de la localidad, "por si era un aventurero que nos iba a utilizar de conejillos de indias para dar el salto al Valencia".

"La economía del pueblo ha cambiado, pero la mentalidad sigue siendo agrícola, conservadora, y se mantiene alerta ante cualquier fenómeno. Pero llega la ciudad deportiva

[siete campos que acogen a 700 chavales], el estadio remodelado, el club crece más deprisa de lo previsto por el propio Roig. El campo es municipal, pero todo vale, es una apisonadora, invade la calle, crea un cierto rechazo: vale, están haciendo un milagro, lesionando los derechos públicos, y dicen que un día jugarán la Copa de Europa. Ya está aquí. Está interiorizado: te encuentras con una señora en la peluquería que te habla de fútbol aunque nunca ha visto un partido". Va a ser un proyecto perdurable, afirma Soler, porque el hijo de Roig, también Fernando, no está en la industria azulejera, sino en el club como director deportivo, y su hija Elena trabaja asimismo para el club dirigiendo las relaciones públicas de la entidad.

En 1992, un periódico italiano habló de Vila-real como "un pueblecito" al lado de Porcelanosa. Esta empresa de cerámica facturó 820 millones en 2004. Y ocupa a 4.500 trabajadores, 2.500 de Vila-real. Mantiene una estrecha relación con el club de fútbol, al que patrocina, a pesar de ser competencia directa de Pamesa, la compañía azulejera de Roig, con sede en Almazora, a cuatro kilómetros de Vila-real. "El mercado es grande y hay cabida para todos. El club es cosa de todos y hay una persona, Roig, sin la cual esto habría sido imposible", dice José Pascual Pesudo, portavoz de Porcelanosa.

"Somos más conocidos que la Charito", apunta eufórico el alcalde, Manuel Vilanova, del PP. "Hay una ilusión y un optimismo impresionante, es un fenómeno mediático que le da categoría a la ciudad. La Champions nos ha desbordado, hemos abierto una concejalía de Turismo que no teníamos porque esta ciudad no era nada turística. Los bares, restaurantes y hoteles están llenos", recita el edil, que define la vida cultural como "bastante intensa": "Tenemos Teatre al carrer, jazz de primer nivel a final de cada mes (Avui jazz), un festival de cortometrajes, dos compañías de teatro... buscamos un turismo cultural".

Vila-real ha construido su identidad en relación con su rivalidad con dos poderosos vecinos: primero fue Burriana, un símbolo de la exportación de naranjas hasta que se vio afectada por la crisis de 1970. Y hoy el referente es Castellón, la capital, de 160.000 habitantes, a la que no le gusta del todo lo que está pasando en su vecino a ocho kilómetros al sur, según Vicent Pitarch, profesor de la Universidad Jaume I. El CD Castellón subió en verano a Segunda y ha reunido a 11.000 socios, lo que invita a pensar que, si ascendiera a Primera, el Villarreal perdería muchos de sus abonados. "Hace 10 años", agrega Pitarch, "Vila-real era totalmente rural; ahora la proyección es hacia fuera. Hay una sensación de que es un pueblo importante, potente económicamente, y se siente aislado por Canal 9, que nos da un trato impresentable

[en alusión a la poca información que, a su juicio, da del equipo la televisión pública valenciana]

".

El Villarreal, en fin, ha penetrado en las entrañas de la población, como resume en una anécdota el profesor de instituto Antoni Pitarch, autor de la letra del himno del submarino amarillo. Dos meses después de estrenarse el himno, al final del curso 1997-98, Pitarch regresaba a casa en tren desde Canals, donde daba clases, paró en la estación de Vila-real y una amiga maestra de un parvulario le invitó a que entrara en la escuela: entonces los niños cantaron el himno. Se lo sabían de memoria.

Esquerra Unida, un llanero solitario en la crítica

EN UN AYUNTAMIENTO con 11 ediles del Partido Popular, 6 del PSOE, 3 del Bloc Nacionalista Valencià y 1 de Esquerra Unida (EU), este último, Álvaro Escorihuela, se siente un llanero solitario en las críticas a los recursos públicos destinados al Villarreal.

"Es la leche jugar contra el Manchester, pero criticar aquí es muy complicado, estoy más solo que la una. Al principio, el Partido Socialista se abstenía y el Bloc votaba en contra, pero ahora, todos menos yo están a favor de que hagan a Roig hijo adoptivo".

Esquerra Unida denuncia un trato de favor al club de fútbol en la recalificación de terrenos y en las licencias de obras. "A cambio de la última reforma hace dos años del Madrigal

[que es municipal, pero pagó el club], el Ayuntamiento le ha recalificado otros dos solares, uno no urbanizable y el otro dotacional, donde nosotros pedimos un instituto. Y ahí mantenemos un contencioso en el Tribunal Superior de Justicia de Valencia", dice Escorihuela.

El alcalde, Manuel Vilanova, replica que el Consistorio sólo invierte "lo imprescindible". "Nuestro presupuesto, de 36 millones, es inferior al del club, de 43. Le aportamos unos 100.000 euros, 60.000 en publicidad en el estadio y 40.000 por el uso de la ciudad deportiva". Además, el Ayuntamiento le está devolviendo a Roig el dinero que éste avanzó para dos remodelaciones del campo. "Son unos 20 millones. Las formas de pago han sido la recalificación de terrenos y las plusvalías cuantificadas. La Generalitat ha abonado 5,6 millones, y nosotros, 4. Todavía le debemos dos millones sin intereses en cinco años", remata Vilanova.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de septiembre de 2005

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