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Reportaje:TOUR 2005 | Décima etapa

Pacopadre recuerda al Pirata

Paco Lluna, que era masajista de Pantani, rememora la inolvidable victoria de éste en el Galibier en 1998

En el camino de Courchevel, al paso de los corredores, dos pancartas encogían ayer el corazón: "¡Grazie Marco!" y "Pantani e'qui", escrito dentro de un enorme corazón. Esto son los Alpes y los Alpes no olvidan a quienes les honran, así que jamás podrán olvidar a aquel italiano que en 1998 ganó un Tour escalando el Galibier, las manos en la parte baja del manillar, como un sprinter, una meta fija en su cabeza que ni la lluvia, el frío y el viento lograron evitar. Ocho minutos le sacó Pantani, fallecido en febrero de 2004, a Ullrich en aquella ascensión, puro homenaje a un deporte que no olvidará jamás aquella exhibición.

Paco Lluna estaba allí, vestido con el uniforme del Mercatone Uno, esperándole en la meta de Les Deux Alpes. Pacopadre, como le solía llamar Marco fue, durante cuatro años, mucho más que el guardián de los pañuelos de pirata, bastante más que su masajista de confianza. Paco y Marco eran amigos, sencillamente porque "Marco", dice Paco, cráneo rasurado como el Pirata, "estuvo a mi lado cuando mi familia le necesitó y eso no lo podré olvidar jamás".

Por eso ayer, en la salida de Grenoble, Paco, ahora masajista del Saunier Duval, pensó en su amigo -en aquel corredor "que era puro carisma"- al mirar las montañas que le rodeaban. Porque esta tierra del Dauphiné le devuelve a Marco y los recuerdos de aquella tarde en la que del cielo cayó un diluvio. Era lunes, 27 de julio, 1998, y Paco le vio llegar, la épica del ciclismo convertida en un hombre y una bicicleta, la de Marco. La memoria lleva a Paco al interior de una caravana, mucho menos cómoda que las de ahora, donde solos, él y Marco, contaron el tiempo que Ullrich tardaba en llegar a la meta. "Ya era hora", gritó Marco cuando supo que al fin el maillot amarillo era suyo, tan pronto vio aparecer a Ullrich ocho minutos después de que él cruzara la meta: "No olvidaré nunca el abrazo que Marco me dio en ese momento ni cómo lo celebró". ¿Cómo? "Hay frases que uno guarda para la intimidad, por irreproducibles y sentidas", apunta Lluna.

Mira atrás y lo ve por la mañana, acoplándose la bandana, la mirada puesta en las montañas. "Tenía muy claro el plan y lo llevó a cabo a la perfección. Nadie le hubiera parado aquella tarde. No pudo con él ni el tiempo, con lluvia, frío y granizo", rememora Paco, que no duda en señalar aquella ascensión al Galibier como el día que Pantani "hizo su homenaje al ciclismo". Pero Paco, además de a un ciclista, conoció -"y muy bien"- al hombre, "un tipo único, cariñoso, divertido", al que invitó varias veces a su casa de Valencia. Allí, en el campo de Mestalla, Marco presenció una semifinal de la Copa de Europa Valencia-Barça, (4-2), la noche que un niño se le acercó y le dijo: "Mira, Pirata, llevo un pendiente, como tú". Marco se metió la mano en el bolsillo, sacó una cajita y le dijo: "Ahora llevas uno como el mío". Le regaló uno de los aros que Mercatone Uno entregó a los invitados al acto de presentación del equipo, un aro de oro que llevaba en el bolsillo de su chaqueta. "Él era así, generoso, todo corazón. Ojalá le hubieras conocido".

Marco ya no está. Un día decidió marcharse, igual que decidió atacar al pelotón entero aquella tarde en el Galibier. Y no hubo quien le parara. Se fue, pero los Alpes no le olvidan y hoy, cuando el pelotón vuelva a ascender el Galibier, habrá uno que cuando mire a la cima la verá cubierta por un pañuelo, el del Pirata, el de Marco Pantani, un campeón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de julio de 2005