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Reportaje:FUERA DE RUTA

La música dulce de Montevideo

Cantautores, boliches y parrillas en una ciudad para la seducción

"Un gato por el pretil se despereza...". Fernando Cabrera pone la música mientras el sol declina. Y en El Perro que Fuma, en el Brasilero o en La Ronda, los montevideanos dan fe de su pasión urbana.

De verdadero lifting podría catalogarse lo que viene experimentando desde hace unos años la Ciudad Vieja de Montevideo. A través de la Intendencia Municipal se ha potenciado la rehabilitación de inmuebles y de museos, así como el denominado Paseo Cultural, un recorrido que se inicia dando la espalda a la plaza de la Independencia, al cruzar el arco de entrada de la ciudadela: la parte más antigua de una ciudad de 1,3 millones de habitantes, la de los edificios coloniales descascarillados, la del puerto, la de los sábados abiertos a todas las propuestas.

Lo primero que se observa agarrando la peatonal Sarandí, segundos antes de llegar a la esquina con Bacacay, es el gran mural de Torres García, uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Enfrente del mural está el museo: dos plantas con obras representativas del pintor; ordenadas cronológicamente y con acertadas explicaciones.

De camino a la plaza Matriz, en la que el Cabildo y la catedral se miran de frente como si esperaran el inicio de un reto, cuesta no detenerse en los puestos de artesanías ambulantes. Unas voces llaman la atención de repente: en la primera esquina de la plaza Matriz, delante de La Pasiva (la salchichería mítica de Montevideo), un grupo de jóvenes disfrazados y con las caras pintadas entonan, dirigidos por uno más mayor, los primeros compases de una murga. Están ensayando para el carnaval. A buen seguro competirán en el concurso Murga Joven, y es posible que ganen y canten en el Teatro de Verano, al lado del parque Rodó, con la ciudad en mangas de camisa, sudando colores y candombe.

Para cuando concluye la canción, ya hay un puñado de murgadictos rodeando al grupo. Aplauden con poca destreza: el 90% de ellos sujeta un termo con el brazo derecho, y la mano izquierda la tienen ocupada con el mate, desde cuyo interior lleno de hierba asoman como lanzas de juguete bombillas (pieza para sorber) plateadas. El sabor amargo del primer mate no es excusa para no reincidir. En Montevideo, matear es un ejercicio habitual, saludable y necesario; más o menos como escuchar a Alfredo Zitarrosa.

Los sábados por la mañana, en el centro de la plaza Matriz hay feria de antigüedades. Rebuscando entre la plata y el oro gastados aparecen espejos en los que se reflejan presagios y cosas tan sugerentes como anillos con nombres grabados; también hay libros: viejas ediciones de Onetti, Benedetti, Idea Vilariño..., y unos diarios de Ángel Rama que no pueden quedar ahí.

Para celebrarlo, y tras agarrar Rincón hasta Misiones, viene bien una grapamiel en el café Brasilero, uno de los brebajes de la patria, calefacción central de primer orden. En una de las mesas, observando ausente musas invisibles, está el escritor Eduardo Galeano. Tiene el jugo de naranja por la mitad. Suele venir desde Malvin al Brasilero, es su territorio.

Callejeando hacia el puerto, ya se respira salitre. No faltan fachadas agrietadas en las que sobreviven balcones más propios de La Habana, ni tampoco un penetrante olor a parrilla. En cada cruce queda abierta una esquirla con vistas al río de la Plata, ese mar dulce que bordea la ciudad. En la plaza Zabala, los columpios están ocupados. Sentadas en un banco, dos chicas cierran los ojos al sol. A dos metros de la plaza está el Museo de Artes Decorativas, que ocupa el interior del palacio Taranco.

La fiesta de la carne

Siguiendo el descenso de Solís, ya estamos a escasos pasos del mercado del Puerto, o, dicho de otro modo, a un paso de la fiesta de la carne. El mercado del Puerto es un referente para los amantes del asado y sus derivados, y del Tanat y de las risas. El espíritu jovial que se percibe en los rostros es similar al de las parrillas, forradas de mollejas, morcillas, chorizos... y cortes de carne típicos del Cono Sur: el vacío o pulpón, el entrecó y, evidentemente, la tira. Todo al punto, supurando bochorno.

El mercado, cubierto con una estructura de hierro forjado, es como un animal mitológico al fondo de la Ciudad Vieja. A su entrada, numerosos pintores venden sus telas a precios asequibles, y a la vuelta, en una calle desierta, la rambla Veinticinco de Agosto, que ya roza el agua, está siempre abierto El Perro que Fuma, ese tipo de bar tan montevideano: huérfano, cansado, con ese delator sabor de puerto soldado en las miradas y en la barra.

Al final de la Ciudad Vieja, en la rambla Monteverde, espera una visión habanera: pescadores espontáneos recogen sus cañas y sus anzuelos. Es un gesto que anuncia que la tarde está cayendo. Los niños que tiran a la canasta improvisada en Guaraní siguen corriendo y gritándose: "¡Reboludo!".

Llegar a tiempo a la Casa Oribe, en Veinticinco de Mayo y Bartolomé Mitre, resulta cautivador. Allí se encuentra la Comisión del Patrimonio Cultural del Uruguay. Al salir, el tránsito empieza a colapsarse. Parece como si Montevideo se hubiera mudado a la Ciudad Vieja. Los boliches reciben grupos a destajo, los restaurantes se intuyen colmados. Bacacay debe ser un hervidero. En el recién restaurado teatro Solís, seguro que hay espectáculo. Camino de La Ronda -sin duda el boliche más acertado de la zona, con buena música y deliciosa gastronomía, en Ciudadela y Canelones- se pasa por el Espacio Guambia, donde desde la acera se oye ensayar a Fernando Cabrera (un cúmulo de fans espera para entrar), el más grande cantautor del Río de la Plata, quien en dos horas será obligado a hacer un bis y es muy probable que concluya el recital con Yo quería ser como vos, Cuando se trata de usted o con su Viveza: "Viveza / una pequeña comparsa ciudad vieja / fijeza / un gato por el pretil se despereza / afiches / multicolores que anuncian tres parientes / la gente / que va llegando al mercado está sonriente...".

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Eusebio Lahoz Iberia Barcelona, 1976) es autor de Leer del revés (Ediciones El Cobre, 2005).

GUÍA PRÁCTICA

Cómo ir

- Iberia (www.iberia.com; 902 400 500) vuela directo a Montevideo desde Madrid, en junio y julio, ida y vuelta, a partir de 475 euros más tasas y cargos.- Pluna (www.pluna.aero; 916 25 97 15). Vuelo directo a Montevideo desde Madrid, en julio, 775 euros más tasas.Información- www.turismo.gub.uy.- Oficina de turismo en Montevideo (00 598 219 50 18 30; www.montevideoinvita.com.uy).- www.montevideo.gub.uy.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de junio de 2005

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