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jueves, 16 de junio de 2005
BALONCESTO | Final NBA

Detroit resucita ante un Ginobili renqueante

Durante los primeros ocho cuartos de la final de la NBA, los jugadores de los Pistons se ganaron cuatro faltas técnicas y se merecieron muchas más por la manera en que protestaron cada falta personal pitada a favor de los Spurs. Una vez llegaban al vestuario, la campaña de los jugadores de Detroit contra la pareja arbitral continuaba ante los medios de comunicación. Pero como indicó con acierto el gran Bill Walton, metido a comentarista estrella, en las finales "las faltas no se pitan, te las ganas".

Una vez llegados a Detroit, los Pistons encontraron su identidad, dieron una lección de baloncesto intenso y competitivo, y batieron a San Antonio 96-79, recortando su desventaja en la serie - 2 a 1 a favor de los Spurs-. Por primera vez, las faltas se pitaban a favor de los Pistons que, cuando tuvieron el balón, atacaron con agresividad el aro y desdibujaron a los Spurs, forzándoles a cometer pases sin sentido. Los árbitros parecían siempre estar de parte de Detroit.

DETROIT 96 - SAN ANTONIO 79

Detroit Pistons: Hamilton (24), Billups (20), Prince (12), Rasheed Wallace (8), Ben Wallace (15) -cinco inicial-, McDyess (12), Hunter (3), Ham, Arroyo (2), Milicic, Dupree y Campbell.

San Antonio Spurs: Parker (21), Ginobili (7), Bowen (13), Duncan (14), Mohammed (4) -cinco inicial-, Horry (6), Barry (10), Nesterovic (2), Udrih, Robinson y Brown (2).

Árbitros: Crawford, Delaney y Salvatore.

Tercer partido de la Final de la NBA disputado en el Auburn Hills de Detroit ante 22.076 espectadores. San Antonio gana 2-1 la serie.

Chauncey Billups y Richard Hamilton, que fueron el origen del fracaso de los Pistons tras los dos primeros partidos, se echaron el equipo a la espalda y fueron los jugadores comprometidos que se ha visto a lo largo de la temporada.

A través de un juego rápido y preciso, Billups involucró muy rápido a todo el equipo hasta el punto que todos los integrantes del quinteto titular lanzaron al menos 10 veces a canasta. Richard Hamilton dio señales de vida ante Bruce Bowen, y recuperó el tiro en suspensión que le ha hecho famoso. Los bloqueos funcionaban y no solo Hamilton, sino Rasheed Wallace y Antonio McDyess encontraban espacios ante Tim Duncan.

Pero si a alguien se esperaba con ansia en el Palacio de Auburn Hills, ese era Ben Wallace, cuya reputación llegaba dañada tras sus pobre actuación en San Antonio. Tim Duncan solo aguantó la primera parte ante la energía y entusiasmo de este gigante de poca técnica y mucho corazón. Por parte de los Spurs, Manu Ginobili, que sufrió un fuerte golpe en la rodilla a los treinta segundos de comenzar el partido, resultó intrascendente al intentar solo ocho lanzamientos.

Cuando la audiencia televisiva no podía bajar más, la final de la NBA se ha puesto, de repente, interesante.

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