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Argelia reforma el código de familia, pero mantiene la tutoría masculina sobre la mujer

Los grupos feministas critican la ley, más conservadora que las normas de Túnez y Marruecos

"La montaña ha parido un ratón". Con ésta y otras frases similares las asociaciones de mujeres argelinas expresan su decepción por el proyecto de nuevo código de familia recién aprobado por el Consejo de Ministros y que será adoptado en breve por la Asamblea Nacional. El borrador de la ley no sólo no equipara a hombres y mujeres, sino que tampoco iguala a las argelinas con sus vecinas de Túnez o, incluso, Marruecos, que están ahora casi en pie de igualdad con sus maridos. Éstas pueden casarse sin un tutor masculino, mientras que las argelinas siguen necesitando su aprobación.

"Esperábamos algo mejor", afirma desilusionada Nadia Ait-Zai, abogada feminista, "pero se ha producido un cambio a peor". Aunque nunca se hizo público, las indiscreciones sobre el esbozo del nuevo código de la familia redactado a finales de 2004 por una comisión, nombrada por el presidente Abdelaziz Buteflika, eran alentadoras.

El texto aprobado la semana pasada en un Consejo de Ministros presidido por Buteflika tampoco ha sido divulgado, aunque sí han aparecido amplias filtraciones en la prensa. "Ya nos gustaría tenerlo para analizarlo", declara Ourida Chuaki, presidenta de la asociación Las Hijas de Fadna Sumer, una feminista argelina del siglo XIX. "Por de pronto, se puede decir que no es un nuevo código, sino el antiguo algo enmendado", recalca.

En la Argelia progresista y con inclinaciones socialistas de 1984 se promulgó un código de la familia en abierta contradicción con una Constitución que proclamaba la igualdad entre hombres y mujeres. Durante su campaña electoral de la pasada primavera, Buteflika prometió cambiarlo pero las modificaciones introducidas distan mucho de dar satisfacción a las asociaciones de mujeres que esperaban una evolución a la marroquí.

Lo que más les duele es la preservación de la figura del tutor, generalmente un padre, un hermano o un primo, para la mujer que contrae matrimonio aunque sea adulta. Esta disposición había sido suprimida por la comisión, pero Buteflika la ha restablecido. Se mantendrá así la paradoja de que una mujer juez podrá pronunciar divorcios pero no podrá casarse sin la aprobación de algún varón de su familia. "El presidente no ha sido fiel a su discurso", se lamenta Ait-Zai.

"Éste ha sido el principal caballo de batalla de los islamistas y, al final, se han salido con la suya", se queja Chuaki. "Hemos sido sacrificadas en el altar de la reconciliación nacional", añade Ait-Zai, en una alusión al proyecto de amnistía general que Buteflika tiene la intención de sacar adelante este año, para pasar página a la etapa de violencia. Para ganar el referéndum con una amplia mayoría necesita el apoyo de los islamistas moderados a los que hace concesiones.

En Marruecos los islamistas y otras fuerzas conservadoras también se oponían a modificar la mudawana, también llamada estatuto de la mujer, pero el rey Mohamed VI impuso, en octubre de 2003, un cambio radical al que se sometieron los partidarios del status quo.

En Argelia, estos últimos no se han privado de arremeter contra las feministas. "A aquellas que atacan el texto las llamo mujeres cinco estrellas", ironizaba Budjera Soltani, líder del Movimiento para la Sociedad y la Paz, una formación islamista que respalda al presidente. Soltani daba así a entender, en una declaración al diario Liberté, que no eran representativas del sentir mayoritario de las mujeres argelinas.

La prensa, en cambio, se ha mostrado crítica con el proyecto de ley. "Cuatro años de (...) debates apasionados desembocan en una revolución en un vaso de agua", escribía Le Quotidien d'Oran, el principal diario francófono, en un editorial titulado Sigamos siendo machistas. "El Estado no logra aplicar su propia Constitución, que establece la igualdad entre hombres y mujeres", concluía.

Aspectos positivos

No todo es, sin embargo, negativo en el nuevo código. La poligamia queda supeditada a la autorización de la o las esposas anteriores. Aunque con algunas ambigüedades, la custodia de los hijos menores será, en caso de divorcio, confiada a la madre y el ex marido tendrá la obligación de proporcionarle un alojamiento decente. El espectáculo de mujeres divorciadas o repudiadas viviendo con sus hijos en la calle será, probablemente, algo menos frecuente en las ciudades argelinas.

Los deberes de la mujer -obedecer al marido, amamantar a sus hijos, respetar a sus suegros, etcétera- permanecen también inalterables y su derecho a solicitar el divorcio queda restringido a pocos motivos: enfermedad sexual del esposo o ausencia, sin motivo, del hogar durante más de un año.

"Acaso lo más importante que se ha conseguido es que el código de la familia de 1984, que parecía inamovible, ha quedado desacralizado", se consuela Chuaki. "2005 será sólo una etapa", prosigue. "Seguiremos luchando".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 2005