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martes, 22 de febrero de 2005
Editorial:

Viraje en Portugal

Por primera vez en una década los portugueses han dado mayoría absoluta a un partido para que saque al país del atolladero. El mandato de las urnas este domingo al líder socialista José Sócrates, con una participación mayor que la prevista, es incontestable. El partido socialista, conforme al sistema proporcional vigente en Portugal, dispondrá de 120 de los 230 escaños del Parlamento, cuatro por encima de los necesarios para gobernar en solitario los próximos cuatro años, sin hipotecas ni necesidad de ayuda de otras formaciones políticas.

Sócrates, que ha barrido a la coalición de centro-derecha encabezada por el primer ministro Pedro Santana Lopes -heredero por ocho meses del dimitido Durão Barroso-, tiene un encargo acompañado de los medios necesarios para llevarlo a cabo. Su Gobierno tendrá pocas excusas para no poner en práctica promesas electorales básicas, como impulsar hasta el 3% el magro crecimiento portugués -ahora en torno al 1%-, reducir el gasto público o crear puestos de trabajo en un país acostumbrado durante años a una tasa muy baja de desempleo y que ahora, acabado el modelo de bajos salarios y mano de obra sin cualificar, supera el 7%.

La tarea de Sócrates va a ser muy difícil. La campaña de estos comicios anticipados ha sido tan pródiga en compromisos como nebulosa sobre cómo ponerlos en práctica. El líder socialista ha cifrado básicamente la receta para sacar a Portugal de su marasmo en un denominado choque tecnológico, una de cuyas herramientas sería doblar la inversión estatal en investigación y desarrollo, en la línea de lo que se pretende en España. Pero, además de una profunda crisis económica, el país vecino padece otra de desconfianza ciudadana en el funcionamiento de las instituciones. Empezando por la desmesurada e ineficiente Administración del Estado, de la que el primer ministro electo se ha comprometido a eliminar 75.000 empleos en cuatro años.

El ganador debe trazar un nuevo camino después de tres años de fallido Gobierno de centro-derecha que hasta mediados del año pasado presidió Durão Barroso. La derecha portuguesa, que ha sufrido su peor derrota en unas legislativas, inicia ahora su particular travesía del desierto, en la que presumiblemente el ex alcalde de Lisboa será descabalgado. En menos de 24 horas se ha hecho casi general el clamor exigiendo la renuncia de Santana Lopes.

Los socialistas gobernaron Portugal entre 1995 y 2002, casi siempre de forma mucho más precaria que la que ahora se anuncia. La magnitud de la confianza obtenida el domingo en las urnas pone muy alto el listón de la responsabilidad y exige al PS portugués un programa de acción claro con objetivos concretos, se trate de enderezar el déficit público, de combatir el desempleo o de sanear las instituciones. Cuando se constituya el mes próximo, el Gobierno de José Sócrates será el cuarto en Portugal en tres años. El país vecino necesita también, imperiosamente, estabilidad política para afrontar su futuro.

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