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miércoles, 22 de diciembre de 2004
Reportaje:

Marroquíes en Euskadi

Los inmigrantes reproducen en Euskadi los conflictos de identidad de su país más que en otras comunidades

Los inmigrantes marroquíes reproducen en el País Vasco, más que en otras comunidades, los conflictos de identidad que les caracterizan en su lugar de origen, lo que tendría que ver con la propia realidad política vasca. Este hecho supone una sobrepolitización que no existe entre los que se asientan en otras zonas. Esta es una de las conclusiones más llamativas del estudio La inmigración marroquí en el País Vasco, realizado por la profesora de la Universidad del País Vasco Cristina Blanco, que se incluye en el Atlas de la inmigración marroquí en España, de próxima publicación.

El colectivo marroquí rompe en Euskadi la convención extendida de que los originarios de un mismo país tienden a unirse cuando se encuentran en el extranjero. ¿Por qué? Grupos como árabes y bereberes originarios de Marruecos perciben cierto paralelismo entre su conflicto y el que plantea el nacionalismo vasco. "El resultado de la fractura se traduce en un debilitamiento, por lo menos transitorio, de su posición como receptores de nuevos miembros de su mismo país", dice Cristina Blanco.

Árabes y bereberes ven un paralelismo entre su conflicto y el del nacionalismo

Los grupos islámicos en Euskadi presentan "un alto nivel de participación social"

Los últimos datos, de 2003, fijan en 4.481 los marroquíes empadronados en Euskadi, lo que supone un incremento de algo más del 48,3% con respecto a 2001. La cifra es baja si se tiene en cuenta que en España, en esa misma fecha, vivían 378.979 marroquíes y que el incremento en esos dos años fue de un 62,4%.

Cristina Blanco, socióloga, investiga desde hace más de una década los movimientos migratorios, así como su implantación y efecto en la sociedad en la que se asientan. En este caso, ha estudiado a los marroquíes que han elegido la comunidad vasca para empezar una nueva vida. En su análisis ha tenido en cuenta su número respecto a otras comunidades; su distribución en el espacio geográfico vasco; sus características sociodemográficas y sus formas de vida, entre otros aspectos.

Lo primero que resalta Blanco es que el colectivo marroquí en el País Vasco es "un gran desconocido", seguramente debido a la escasez de análisis sobre la inmigración. Sólo en los últimos años se ha producido una "visibilidad" mayor, apunta, como consecuencia de su concentración en zonas de las capitales vascas, algunos conflictos en los cascos antiguos de las mismas y, sobre todo, a causa de los problemas generados en torno a los centros tutelados para menores en Orduña y Loiu. "Así, los temas que más atención están recabando son los relacionados con la delincuencia juvenil y con la mujer y el Islam. Ello muestra una situación de cierta inmadurez en el tratamiento de la extranjería en general y de la inmigración marroquí en particular, fruto de la inexperiencia y la novedad del fenómeno. Esto hace que sólo sea investigable aquello que aparece como problemático una vez que se ha constituido como tal en el seno de la sociedad", argumenta.

Resalta esta profesora que, a pesar de las diferencias, en general, la comunidad islámica en el País Vasco presenta "un alto nivel de reivindicación, compromiso y participación social" y que se percibe un incremento de mezquitas abiertas al culto, carnicerías halad y diferentes tipos de comercios étnicos, así como la creciente implicación de las asociaciones de marroquíes en la vida social vasca.

Presentan una politización que no existe entre los que se asientan en otros lugares, según La inmigración marroquí en el País Vasco.

Hombre, casado y con familia en Marruecos

En 1991, en Álava vivían sólo 58 personas de nacionalidad marroquí. Los datos del padrón del pasado año fijan la cifra a 1.340, es decir, se su presencia se ha multiplicado por 23 hasta colocar a este territorio a la cabeza de Euskadi en crecimiento. Guipúzcoa ha pasado de 141 a 1.431 y Vizcaya de 166 a 1.710, en el mismo período, diez veces más en apenas una década. Pese a este crecimiento, la inmigración marroquí no adquiere en el País Vasco la relevancia numérica ni porcentual de otras zonas como Cataluña o Andalucía, señala Cristina Blanco.

La población marroquí es básicamente masculina, casada y tiene a su familia en Marruecos. Sólo un 30% son mujeres que han llegado de la mano de reunificación familiar, más que de su incorporación a los movimientos migratorios con un proyecto propio y autónomo. En el campo laboral, únicamente el 15% de los marroquíes dados de alta en la Seguridad Social son mujeres, mientras que en el conjunto de los extranjeros la afiliación fenmenina representa el 36% del total. Los marroquíes tienen una tasa de inactividad en Euskadi mayor que otros colectivos africanos, en torno al 50%, frente a un 20% en el caso de senegaleses y argelinos. "El perfil es el de un trabajador por cuenta ajena, que desempeña labores en el sector servicios, muy alejado del prototipo de trabajador varón africano que trabaja en tareas agrícolas o en la construcción, y numéricamente es muy marginal en el País Vasco", sostiene Blanco.

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