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domingo, 12 de diciembre de 2004
Entrevista:

Tom Ford vuelve a nacer

Ha sido el diseñador más importante de los años noventa. En abril abandonó el grupo Gucci en una decisión rodeada de polémica y ahora quiere ser director de cine de Hollywood. El creador tejano hace balance de sus 10 años de trabajo publicando un libro de impactantes imágenes y también en esta sincera entrevista.

En el mundo del espectáculo hay momentos que pasan a la posteridad. Septiembre de 1995. MTV Music Awards, en Los Ángeles: Madonna aparece antes las cámaras para recoger el premio al mejor vídeo. Lleva una ceñidísima blusa de satén desabotonada hasta el ombligo, unos pantalones de cintura baja de terciopelo y unas sandalias de charol negras con una llamativa hebilla. Preguntada por su atuendo, respondió: "¡Gucci, Gucci, Gucci!". Y así volvió a la vida una empresa tradicional italiana que todos daban por muerta. Y el mundo se preguntó: "¿Quién demonios es ese Tom Ford?".

Un tejano. Uno que no tiene un solo título de diseño de moda. Uno que llegó a este negocio, vio y venció. El artífice de la transformación de Gucci -el que fuera sello distintivo de la jet-set en los años sesenta y setenta y acabó degenerando en marca barata de aeropuerto- en la marca de lujo de los noventa. Nadie ha utilizado de manera tan provocativa el sexo en sus colecciones como Tom Ford. Nadie ha conseguido que las estrellas lucieran más favorecidas en sus apariciones en público. Y nadie ha conseguido un éxito económico tan rotundo con todo ello.

El otoño del año pasado, Tom Ford sorprendió a todo el mundo al anunciar que él y Domenico de Sole, el presidente desde 1994 y coartífice de tan exitosa estrategia, iban a abandonar el consorcio que ahora era propiedad de Pinault-Primtemps-Redoute (PPR). Ford entró en Gucci en 1990, pero desde la conversión de la marca en gran conglomerado de lujo a finales de los años noventa era también el jefe de diseño de Yves Saint Laurent. El estadounidense se quejaba de que François Pinault, director del consorcio, trataba de influir en su trabajo de manera absolutamente inaceptable. Así que la pasada primavera, el creador se despidió de Gucci e Yves Saint Laurent y del que había sido su trabajo durante 10 años. Un recorrido que ahora recoge en un libro retrospectivo que suena también a reivindicación.

Medio año después, Tom Ford, de 43 años, nos recibe vestido exactamente igual que cuando dijo adiós a su público en Milán y París: chaqueta de terciopelo oscuro de Gucci, camisa blanca generosamente desabotonada y un vodka con tónica en la mano. Su casa de Bel-Air es una auténtica joya diseñada en los años sesenta por Richard Neutra. Vidrio, madera y acero aunados en una construcción purista decorada hasta el último detalle con absoluta coherencia estilística. Aquí no hay nada dejado al azar. Muebles negros, flores blancas y en la mesa del tresillo un único libro: esas 400 páginas de puro Tom Ford.

¿Qué ha estado haciendo desde que desalojó sus oficinas de Gucci en Londres en el mes de abril?

Para ser sinceros, demasiadas cosas. No he tenido ni un solo día libre. He regresado a Los Ángeles, he alquilado una oficina, he contratado asistentes, he firmado un contrato con la agencia artística CAA. He leído guiones, he reunido el material para este libro, he vendido mi casa de Londres, he diseñado una nueva casa con Tadao Ando…

Pero, ¿no se había propuesto retirarse a su rancho de Santa Fe y pasarse un par de meses dedicado a montar a caballo?

Lo intenté, pero no ha funcionado. He llenado la agenda hasta los topes porque me di cuenta de que aún era incapaz de relajarme. Creo que ahora sí que ha llegado el momento, pero antes he tenido que cerrar un capítulo de mi vida y averiguar qué voy a hacer a continuación.

Y se ha lanzado a compilar la obra de su vida en un libro. ¿Con esto da por concluido el capítulo como diseñador de moda?

Por lo que respecta a Gucci e Yves Saint Laurent, por supuesto. Pasado, finito, capítulo cerrado. Ahora bien, eso no quiere decir que en un momento dado no vuelva a diseñar moda. Pero los años Gucci han quedado definitivamente atrás.

Poco antes de salir de PPR dijo que no era capaz de imaginarse la vida sin su adorado trabajo. ¿Qué ha sentido al decirle adiós?

¿Qué cree usted? ¡Fue espantoso! ¡Me resistía a irme! He pasado 14 años allí y he contratado personalmente a todos y cada uno de mis colaboradores. Fue como un divorcio tras un largo matrimonio; no, peor aún, fue como morir. Pero no hay por qué alarmarse, ahora estoy mejor. Quizá dentro de medio año haya conseguido superarlo por completo.

¿Tiene la sensación de haber dicho todo lo que tenía que decir con sus últimos desfiles para Gucci e YSL?

Por lo que respecta a Gucci, incluso estaba empezando a aburrirme. He sido jefe de diseño de la marca durante más de diez años y había llegado a un punto en que, muy a mi pesar, había empezado a repetirme. Por el contrario, en Yves Saint Laurent no habíamos hecho más que empezar. Estoy muy orgulloso de lo que hemos conseguido hacer en un plazo de cuatro años, aunque no es nada comparado con lo que tenía pensado. Quería lograr que YSL avanzara posiciones por lo que respecta a la imagen de marca, y lo hemos conseguido. Pero también quería que diera buenos resultados económicos. Pero para eso, el propio señor Saint Laurent tendría que haberse mostrado más dispuesto a cooperar.

No se caían demasiado bien, ¿no es cierto?

Siento tener que decirlo de manera tan radical, pero el señor Saint Laurent se ha comportado como un cabrón. He intentado una y otra vez llegar a un entendimiento con él. Es realmente lamentable que nunca hayamos llegado a un acuerdo, porque creo que es un creador de moda con mucho talento. Lo único que quería era devolver a su marca algo del esplendor de antaño. Pero el señor Saint Laurent es un hombre mayor y amargado al que le ha llegado la hora de retirarse.

Pero ése no ha sido el motivo por el que abandonó la empresa. ¿Qué es lo que ha separado a Tom Ford de Gucci?

Desgraciadamente, no puedo contarlo porque las dos partes implicadas se han comprometido a no hablar públicamente de ello. Sólo puedo decirle que Domenico [de Sole] y yo estábamos seguros de saber cuáles son las necesidades de nuestras marcas y lo que las beneficia mucho mejor que los ejecutivos de PPR. Querían influir de manera abusiva sobre nuestras decisiones.

Y eso es algo que un obseso del control total como Tom Ford no podía soportar…

Obseso del control, ¡buf! ¡Cómo odio ese calificativo! Lo he oído miles de veces: "Tom Ford es un adicto al control, tiene que decidir todo por sí mismo". Y, ¿por qué no iba a ser así? Es mi trabajo. Lleva mi firma, "designed by Tom Ford". Por supuesto que soy yo el que dice cómo hay que hacer las cosas. Al fin y al cabo, esto no es una democracia. Contratas a gente con talento, escuchas las ideas que tienen y al final eres tú quien decide.

Anna Wintour, directora del 'Vogue' estadounidense, ha revelado en el prefacio de su libro que usted ha llegado a ir tan lejos en su afán de perfección como para conjuntar los colores de las verduras con los de los manteles en las cenas de gala.

Sí, y si hubiera podido controlar todo un poquito más, el resultado final habría sido aún mejor, créame. No se ría, esas cosas son importantes. Usted tiene ahí ese espacio perfecto completamente en blanco. Paredes blancas, platos blancos, decoración de mesa en blanco, flores blancas… ¿Y entonces va el cocinero y sirve un puré de patatas amarillento? Imposible, no puedo permitir algo así. ¿Y sabe por qué? Porque eso es exactamente lo que todo el mundo espera que hagamos los diseñadores. Nosotros nos dedicamos a vender un mundo perfecto. Un mundo en el que nuestros clientes no tienen que pararse a pensar en nada porque nosotros ya hemos pensado en todo. Nos encargamos de la organización, probamos la comida con antelación, analizamos todo punto por punto, y cuando llegan los fotógrafos, que harán fotos que darán la vuelta al mundo, todo encaja a la perfección.

Tom Ford incluido, ¿realmente tiene siempre este aspecto deslumbrante?

No, sólo cuando vienen a hacerme fotos.

En serio, ¿jamás se permite la más mínima negligencia?

Cuando monto a caballo o salgo de excursión acabo cubierto de polvo, sucio y apesto como cualquier otro ser humano. Pero controlo mucho mi imagen pública. No encontrará fotos mías en las que muestre el perfil izquierdo y, desde luego, absolutamente ninguna en la que esté riendo. Sé aparecer en escena de la manera más favorecedora posible, pero, créame, Tom Ford también tiene otras facetas.

Siempre ha recalcado que la marca Gucci estaba indisolublemente unida a su persona.

Eso es cierto, porque, ¿qué es una marca sin una fuerte personalidad detrás que la sustente? Sólo un montón de ropa. ¿Qué diferencia hay entre unos pantalones negros de Gucci y unos de Valentino o unos diseñados por Donatella Versace? No demasiadas, eso lo sabe todo el mundo. Lo que va cobrando cada vez más importancia es la imagen que aporta el propio diseñador. Todas las grandes marcas han sido fundadas por personalidades individuales concretas: Chanel, Yves Saint Laurent, Versace, Armani…

¿Ha visto piezas de las nuevas colecciones?

No. Estoy a dieta en lo que a moda se refiere, he suprimido la moda temporalmente de mi vida. No leo nada, no busco nada en Internet, y no viajé a París ni a Milán para ver desfiles. ¡Por Dios! Es como si me dedicara a contemplar cómo se lo monta mi ex mujer con su nuevo amante. A esos niveles de masoquismo no llego.

Su trabajo se ha etiquetado, como ocurre con el de todos los diseñadores. Miuccia Prada es la inteligente; Yves Saint Laurent, el refinado; Alexander MacQueen, el anticonvencional, y Tom Ford ha sido siempre el de la ropa 'sexy'. ¿Ha intentado cambiar esa imagen?

Sí, pero no ha funcionado. Todas las piezas de la colección Gucci que han apuntado tímidamente en otras direcciones se han quedado en las perchas de las tiendas. Resulta bastante agobiante ser sexy en todo momento, créame. Supone una presión espantosa.

Pero está claro que lo ha conseguido. ¿Cómo lo ha hecho?

Adoro a las mujeres. Observo a qué se dedican, lo que desean y qué aspecto quieren tener. No quieren pechos caídos ni traseros gordos, y sus caderas deben parecer estrechas. Y en el caso de los hombres rige básicamente lo mismo: yo tampoco quiero parecer gordo ni bajo, sino sexy.

Usted vive con su pareja, el que fue editor de la revista 'Vogue Homme', Richard Buckley, desde hace 18 años. ¿Es cierto que los homosexuales tienen una relación especial con la moda?

Puede ser, pero yo no pienso sobre mí en términos de homosexualidad. Vivo con un hombre, cierto, pero siempre he tenido bastantes amigas y en mi entorno privado estoy rodeado casi exclusivamente de hombres y parejas heterosexuales. Soy incapaz de sumarme a toda esa retórica de homos y heteros. En cierto modo, me siento como si estuviera en medio.

¿Hasta qué punto se considera alguien importante?

No tengo ni idea, de verdad. Vivimos en una sociedad que siempre intenta ponerle atributos superlativos a todo. "La película más grande de todos los tiempos", "el álbum más importante de los últimos diez años", "el diseñador más grande de la última década", pero, ¿qué significa todo eso? Algunos pintores no pudieron pagar sus deudas en vida y sus obras alcanzan ahora precios millonarios. El tiempo dirá hasta qué extremo he sido importante o influyente en el universo de la moda.

Hay ocasiones en las que el poder de la moda cobra dimensiones perversas. El día en que se desplomaron las Torres Gemelas en Nueva York, usted estaba allí para inaugurar una 'boutique' de Yves Saint Laurent. Por supuesto, la cita se pospuso, pero al día siguiente en el contestador de la tienda había 42 mensajes de enojadas clientas preguntando por la ropa que habían encargado.

Es cierto, y créame si le digo que me sentí profundamente avergonzado. El marido de una íntima amiga mía estaba en el restaurante Windows of the World cuando se empotraron los aviones y pasamos el día entero acompañándola y haciendo todo lo que debe hacerse en momentos así. Tuvo que entregar una maquinilla de afeitar para identificar material biológico y, bueno, fue terrible. Por otro lado, me alegro de haber estado ese día en Nueva York porque jamás en mi vida he experimentado un hermanamiento tan profundo entre los seres humanos. Más tarde salimos a pasear por Central Park y todo el mundo se miraba a los ojos. Nadie decía nada, no circulaba ni un solo coche, la ciudad estaba en completo silencio. Era algo terrible y fascinante al mismo tiempo. El ambiente era indescriptible.

¿Qué piensa de la atmósfera política que impera actualmente en Estados Unidos?

Es tan triste… Estoy orgulloso de ser estadounidense, pero al mismo tiempo me avergüenzo al ver lo que está haciendo el actual Gobierno con los principios de nuestra democracia. Con Bush empieza a tambalearse todo lo que Estados Unidos ha significado para mí: la libertad de opinión, la posibilidad de encontrar un hogar en Estados Unidos sin importar quién seas, de dónde vengas ni qué creencias tengas. Hubo un tiempo en el que éramos el referente moral del mundo, pero eso es algo que hemos perdido sin remedio. No quiero trivializar los acontecimientos del 11-S, pero entonces contamos con el afecto del mundo entero. Y lo hemos perdido. En estos momentos, Estados Unidos está más aislado que nunca.

Cuando era joven quería salir a toda prisa de Tejas. Sin embargo, ahora considera que su verdadero hogar está en su rancho de Nuevo México. ¿Es una vuelta a sus raíces?

En cierto modo. Pero mis casas de Londres y Los Ángeles son también mi hogar. Allí es donde voy cuando quiero estar rodeado de gente. Pero Santa Fe es el lugar en el que quisiera morir. No me malinterprete, espero no abandonar pronto este mundo, pero siempre hago planes pensando en el futuro. De ahí el proyecto con Tadao Ando. Estamos diseñando la casa en la que quiera y pueda envejecer. Mire, aquí en Los Ángeles estoy rodeado de personas que en la flor de la vida forjaron grandes planes, que tenían visiones de futuro y rebosaban espíritu emprendedor. Ahora, todos ellos están envejeciendo y ya no son capaces de subir las escaleras de sus casas de diseño.

¿Está diseñando algo que sea compatible con las sillas de ruedas?

Sí, habrá un ascensor, y si hace falta, también habrá rampas para la silla de ruedas. No quiero verme obligado a abandonar esa casa nunca, como no sea para ser conducido al mausoleo colindante.

Que, por supuesto, también habrá diseñado usted mismo.

Exacto. Y también un hermoso ataúd. ¿Ha intentado alguna vez encontrar un ataúd discreto que tenga además un aspecto sugerente? Sencillamente, no existe. Así que también me he ocupado de ello por anticipado. El cementerio estará emplazado en un lugar donde ahora acampamos a menudo. Un lugar muy bello y tranquilo. Quiero que todos aquellos que han sido importantes en mi vida puedan disfrutar del descanso eterno en ese lugar. Y John será el primero.

¿Quién es 'John'?

Mi perro. He dedicado mi libro a Richard y a él. Murió hace dos años. Ahora tiene un sucesor: Angus.

¿Qué ha sido de 'John'? Espero que no lo haya… disecado.

No, lo tengo debidamente conservado en mi caja fuerte. Perdón, ya sé que suena macabro, pero John era uno más de la familia. Así que también debe reposar en nuestro mausoleo.

Volvamos al mundo de los vivos. Antes de comenzar a trabajar para Gucci hizo gala de dotes proféticas al asegurarle a Richard: "En diez años seré millonario y organizaré un desfile en Europa siguiendo la estela de Ralph Lauren". Y eso es exactamente lo que ha ocurrido. ¿Es capaz de ver con la misma nitidez lo que le depararán los próximos diez años?

Creo que entonces podré mirar atrás y repasar una carrera de éxito en el mundo del cine, cuento con hacer por lo menos una película al año. Espero que Richard y yo sigamos estando juntos y con Angus a nuestro lado.

¿Eso significa que el negocio del cine, que usted calificó en una ocasión como el "proyecto de diseño definitivo", es el siguiente paso?

Sin lugar a dudas. En este momento tengo entre manos tres proyectos concretos.

Robert Downey Jr. ha dicho que le gustaría intervenir en todas sus películas porque no le cabe duda de que saldrá favorecido.

Vaya, muy amable de su parte, pero eso es exactamente lo que menos me interesa. Me han ofrecido toneladas de guiones que tratan del mundo de la moda, de las modelos y de la industria de la belleza. Soy un hombre de éxito en ese terreno, pero esos temas no me interesan per se. Mi objetivo no se reduce a lograr que la gente parezca hermosa. Vea lo que ocurre, por ejemplo, en la película Monster con Charlize Theron. No hay nadie guapo y, sin embargo, es una cinta bellísimamente filmada. Cada imagen, cada encuadre, cada perspectiva resultan interesantes. Y lo mismo ocurre con la película de Sofia Coppola Lost in translation. Lo que me interesa es encontrar formas visuales nuevas. Se trata de hacer algo que tenga sustancia, algo con significado, algo que tenga valor por sí mismo.

¿Y si no lo consigue?

Por lo menos lo habré intentado. No quiero despertarme un día y reprocharme el no haberlo probado. Si funciona, estupendo. Y si no, pasemos a otra cosa. Hace tiempo quise ser actor y fue un completo desastre. Luego, arquitecto, y la cosa tampoco salió bien. Pero no importa. Yo siempre sigo adelante.

'Tom Ford' está publicado por Rizzoli. Tiene 416 páginas y 375 fotografías. Más información, en la web: www.rizzoliusa.com.

La obra de Tom Ford

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