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martes, 23 de noviembre de 2004
Entrevista:JAVIER ZAMORA VICENTE DE VERA | Traumatólogo del hospital Asepeyo, de Coslada (Madrid)

"La nueva cirugía de cadera permite caminar con muletas el mismo día de la operación"

Los últimos procedimientos de cirugía mínimamente invasiva están apareciendo en todos los ámbitos y especialidades de la medicina. En traumatología, uno de los más revolucionarios es la técnica del doble abordaje para la implantación de prótesis totales de cadera, que permite mediante dos pequeñas incisiones en la piel sustituir la articulación dañada de la cadera e implantar una prótesis biocompatible.

"Por tratarse de una cirugía tan poco agresiva, el paciente puede empezar a caminar con muletas el mismo día de la operación", dice Javier Zamora Vicente de Vera, responsable de la Unidad de Cirugía de Cadera y Pelvis del hospital Monográfico de Traumatología, Cirugía Ortopédica y Rehabilitación de Asepeyo en Coslada (Madrid).

El alta se produce a las 24 o 48 horas, según las características y la edad del paciente

La rehabilitación dura sólo dos o tres semanas en vez de casi seis meses

Este centro, que da cobertura asistencial a los trabajadores de las empresas afiliadas, así como a otros pacientes remitidos por la sanidad pública, es uno de los pocos que en España desarrollan este tipo de implante de prótesis de cadera. También la realizan los hospitales Doce de Octubre, Puerta de Hierro, San Francisco de Asís y San Camilo, de Madrid.

"Se trata de una intervención muy poco agresiva, que sólo precisa dos pequeñas incisiones de unos tres y cuatro centímetros, respectivamente, separando planos musculares, sin cortar ni desinsertar músculos, por lo que las partes blandas conservan su integridad. Al ser una cirugía casi percutánea, requiere control radiológico para acceder visualmente a la articulación dañada, extraerla e implantar la prótesis biocompatible de aleación de titanio", explica Zamora. Salvo en grandes obesos y en personas con deformidades anatómicas graves, la artroplastia de cadera está indicada en las mismas situaciones que cuando se practica la cirugía convencional: artrosis de cadera, artritis reumatoide, necrosis de la cabeza femoral y determinado tipo de fracturas osteoporóticas o por traumatismos.

La duración de la intervención es similar a la de la cirugía convencional, que suele ser de una hora y cuarto. Se realiza con anestesia epidural y el paciente no requiere ingreso en unidad de vigilancia intensiva y obtiene el alta a las 24 o 48 horas, dependiendo de la edad y sus características, según Javier Zamora.

Entre las ventajas, Zamora destaca la menor necesidad de transfusiones sanguíneas, ya que apenas hay sangrado; menor riesgo de trombosis venosa profunda, al no tener que permanecer los pacientes encamados, "puesto que empiezan a andar con muletas el mismo día de la operación"; mucho menor dolor posoperatorio, que reduce, además del sufrimiento humano, la necesidad de administración de analgésicos; menor riesgo de infecciones, ya que la herida quirúrgica es muy pequeña; menor riesgo de fracasos en la implantación de la prótesis, y mejores resultados estéticos, puesto que apenas queda cicatriz, que es imperceptible con bañador o biquini.

"Hay que considerar, además, que la recuperación funcional es mucho más rápida y que el paciente normaliza en poco tiempo su vida cotidiana. Así, por ejemplo, puede volver a conducir pasados 15 o 20 días de la operación, en comparación con los tres meses que exige la cirugía convencional, y tan sólo precisa un periodo de rehabilitación de dos a tres semanas, en vez de hasta los seis meses tras la operación clásica", agrega Zamora.

Todo ello contribuye a una reducción muy notable de los gastos sanitarios (menos días de hospitalización, menor consumo de fármacos) y también de los costes en concepto de días de productividad laboral perdidos.

Así lo confirma E. P. P., de 54 años, que fue intervenido en Asepeyo el 6 de octubre y el 8 ya estaba en casa: "Yo tenía un problema de desgaste de cadera por artrosis. Hacía varios meses que estaba con muchos dolores y los analgésicos y la rehabilitación no me servían de nada. Cuando llevaba un buen rato sentado, era terrible el dolor al levantarme. Desde que me operó el doctor Zamora, soy un hombre nuevo, sin dolores y feliz".

Mirar por la mirilla o abrir la puerta

La técnica de cirugía mínimamente invasiva mediante doble abordaje es la más novedosa para sustituir la articulación de la cadera. Empezó a ser desarrollada en 2002 en Chicago (Estados Unidos) por el cirujano Richard Berger, quien ha publicado sus primeros resultados el pasado septiembre en la edición norteamericana de la revista científica The Journal of Bone and Joint Surgery, la de mayor prestigio en la especialidad.

En la primavera de 2003, se introdujo la técnica en Europa y desde febrero de 2004 los hospitales madrileños de Asepeyo y San Francisco de Asís han sido los centros pioneros en incorporarla en España, con una casuística actual de una cincuentena de operaciones. Sus pacientes son de todas las edades: desde un joven de 27 años hasta varios octogenarios.

Según explica Javier Zamora, responsable de la Unidad de Cirugía de cadera y Pelvis de Asepeyo, con las técnicas convencionales se hacen incisiones de más de 20 centímetros, "lo que supone una mayor agresividad a todos los tejidos afectados por la cirugía y al paciente en su estado general". En la evolución de la cirugía protésica de cadera inicialmente se redujo el tamaño de la incisión convencional, método conocido como cirugía mínimamente invasiva con miniincisión. Posteriormente, ha evolucionado a esta innovadora técnica de cirugía mínimamente invasiva con doble abordaje, que presenta mejores resultados que las dos anteriores.

En opinión de Javier Zamora, "se trata de una técnica compleja, y hay cirujanos que aducen que para qué mirar por la mirilla, cuando se puede abrir la puerta".

"Con el nuevo método", añade, "accedemos a la cadera mediante dos pequeñas incisiones, una en la cara anterior y otra en la lateral, que no superan los cuatro centímetros. Se precisa un aparataje especialmente diseñado, puesto que la propia articulación de la cadera y la prótesis que la va a sustituir son de mayor tamaño que la abertura hecha con el bisturí. Unos elementos indispensables son los separadores provistos de fuentes de luz, que ayudan a mantener el tejido cutáneo separado para acceder a la articulación y poder intervenir, así como todo el control mediante visualización por rayos X".

El traumatólogo Javier Zamora, en Coslada. / LUIS MAGÁN

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