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sábado, 23 de octubre de 2004
PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS 2004

Magris y Daniel exigen paz y diversidad

Don Felipe entrega, junto a su esposa, sus premios más emotivos y pide "unión en la pluralidad"

Los científicos de la vanguardia oncológica Joan Massagué, Robert Weinberg, Bert Vogelstein, Tony Hunter y Judah Folkman (Investigación Científica y Técnica); el periodista Jean Daniel (Comunicación y Humanidades); el economista Paul Krugman (Ciencias Sociales); el atleta Hicham el Guerruj (Deportes); el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, en representación del Camino de Santiago (Concordia); el escritor Claudio Magris (Letras); el músico Paco de Lucía (Artes), y la comisaria europea de Educación y Cultura, Viviane Reding, en representación del programa Erasmus (Cooperación Internacional), recogieron ayer en Oviedo los 24º Premios Príncipe de Asturias. Fue la primera ceremonia para la princesa Letizia, a la que don Felipe arropó con citas entregadas.

El sueño europeo y laico de Claudio Magris; el compromiso con la libertad y la moral del periodista Jean Daniel; la lucidez del economista Paul Krugman contra las falacias del neoliberalismo; el flamenco, una música que nació marginada y que hoy enriquece la sensibilidad universal gracias a gente como Paco de Lucía; los avances en el conocimiento del cáncer de cinco científicos de vanguardia (Joan Massagué, Robert Weinberg, Bert Vogelstein, Tony Hunter y Judah Folkman); la educación de los jóvenes en la diversidad y las lenguas que encarna el programa Erasmus; el ejemplo del deporte que convierte en héroes sin fronteras a atletas como Hicham el Gerruj; la religión como punto de encuentro cultural que propone el Camino de Santiago...

Don Felipe recordó a las víctimas de los atentados del 11 de marzo en Madrid

Esta edición pasará a la historia por la emoción con que la vivió la Princesa

Todos estos valores, que se pueden resumir en paz, humanismo y diversidad, fueron reivindicados ayer en la entrega de los XXIV Premios Príncipe de Asturias. Pero, por muy estupendos que nos pongamos, esta edición pasará a la historia por otra cosa: por la emoción con que los vivió la princesa de Asturias y el enorme entusiasmo y expectación que levantó su primera presencia oficial en los premios.

Sentada en la mesa presidencial, a la izquierda del Príncipe; vestida con un traje y un abrigo-levita, todo ello en crepé de seda color oro mate, lazada al cuello, zapatos de mucho tacón abiertos por el talón, pendientes de brillantes y bolso tipo bombonera, y peinada con un semirrecogido que acababa en una cascada (¿postiza?) de rizos, doña Letizia fue aclamada por la gente que abarrotó el teatro Campoamor como si fuera el "premio gordo Príncipe de Asturias".

La entrada de invitados ya anunciaba algo grande: había más gente que nunca. Paco de Lucía y El Gerruj fueron los más ovacionados, pero los Príncipes, más: fueron jaleados. Una vez dentro, apagado el estruendo de las irreductibles gaitas, los operarios dieron los últimos martillazos para pegar la rebelde alfombra roja del patio de butacas y el presidente de la fundación que organiza los premios, José Ramón Álvarez Rendueles, tomó la palabra y calificó la edición, por la presencia de doña Letizia y la nómina de galardonados, dijo, como "histórica".

Hubo que esperar al final, como siempre, para oír el discurso del Príncipe. Su bienvenida, formal pero muy entregada, a la flamante Princesa, colmó las expectativas de los más románticos: cuando confesó que la ceremonia tenía un "nuevo y emocionante significado" para él y habló de esta nueva etapa "de ilusión por construir un hogar y formar una familia", el teatro entero se puso en pie, todo el mundo aplaudía a rabiar, la Princesa, seria y cabizbaja, apenas podía contener las lágrimas por la emoción. Don Felipe, visiblemente satisfecho por el recibimiento, dijo: "Muchas gracias".

"Comprenderán qué cortas se quedan hoy para mí las palabras, cómo se remueven mis sentimientos al expresar estas ideas", afirmó luego ante la arrobada mirada de Letizia y las sonrisas cómplices de su madre, doña Sofía.

Solventada con éxito predecible la alusión a su nueva condición personal (de príncipe casado, y, más difícil aún, enamorado), don Felipe entró luego en materia política: denunció "la acción fanática e inhumana" del terrorismo, recordó a las víctimas de los atentados del 11 de marzo en Madrid y enunció el "firme compromiso" de luchar contra el terror "con los instrumentos del Estado de derecho".

Luego realizó el habitual elogio de los premiados (al citar a los oncólogos pidió más inversión en investigación), hizo una llamada a que los españoles continúen viviendo "unidos en la hermosa aventura de la pluralidad" y con "confianza audaz en la libertad", y emplazó a celebrar en 2005 el 25º aniversario de unos premios que comparó, citando un poema local, con "un árbol que espante lejos la ventolera helada del tiempo". Un árbol que contará desde ahora "con el cuidado y la ayuda entregada" de su esposa, insistió. Y el teatro se vino abajo otra vez.

Antes, como un siglo antes, Claudio Magris había trazado una sabia y poética semblanza de los miedos del escritor en este momento de "precariedad del yo". "Estamos viviendo la transformación liberatoria y sobrecogedora de una época, del mundo, de la realidad, quizás del hombre mismo", dijo. "Estamos sentados en el borde de un volcán y de todas partes llegan estruendos de guerra, de una guerra que, como la metástasis de un cáncer, golpea ahora a una parte del mundo e implica al mundo entero", añadió el autor de El Danubio.

Después, los cinco científicos recibieron sus galardones y saludaron al unísono con más ciencia que arte. Entonces llegó el turno de Jean Daniel, veterano maestro del periodismo francés, que habló del "bárbaro comienzo del siglo XXI", marcado por un "nuevo mal", el terrorismo, "heredero de esos males absolutos que fueron el nazismo y el bolchevismo". Pero no debemos caer en el error de defendernos con armas equivocadas, ni pensar que una nación "puede pretender encarnar por sí sola el bien, la virtud y lo universal. Dejémosle a Dios esa pretensión", matizó Daniel.

No por alusiones, sino porque les tocaba recoger el premio de la Concordia, salieron al escenario como un solo hombre los obispos, curas y peregrinas y peregrinos que representaban al Camino de Santiago. Luego, la responsable de Educación y Cultura de la Comisión Europea, Viviane Reding, habló brevemente sobre el programa Erasmus y anunció que el objetivo de la UE es llegar a becar a 300.000 estudiantes cada año.

Entre los más de 1.200 asistentes a la ceremonia estuvieron la reina Sofía y su yerno Iñaki Urdangarín, jurado del premio de los Deportes; las ministras de Educación (María Jesús Sansegundo) y Cultura (Carmen Calvo), el ministro portavoz marroquí, Daniel Behabdellah, que acompañó a Hicham el Guerruj; el presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín; los presidentes de las comunidades autónomas de Asturias, Navarra, Aragón, La Rioja, Castilla y León, Cantabria y Galicia; la consejera de Cultura del País Vasco, y numerosos empresarios, financieros y representantes de la vida social, cultural, deportiva y política del país.

También hubo una discreta presencia del entorno privado de la Princesa: en el patio de butacas estaban sus abuelos paternos, Menchu Álvarez del Valle y José Luis Ortiz; su tía Henar Ortiz, y su más íntima amiga ovetense, Mayi Vázquez Fernández, recepcionista del periódico La Nueva España. Al final sonó el Asturias, patria querida y Letizia derramó sus primeras lágrimasen público.

Claudio Magris, de pie entre el resto de los galardonados, se dirige a recoger el Premio de las Letras. / RICARDO GUTIÉRREZ

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