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sábado, 16 de octubre de 2004
Reportaje:

Los territorios del imperio azteca

El Guggenheim y el Metropolitan de Nueva York dedican exposiciones a la cultura mexicana, que protagonizará 100 actos en noviembre

No es frecuente poder admirar el arte precolombino mexicano fuera de su país natal y mucho menos en un contexto tan insólito como el Museo Guggenheim de Nueva York, dedicado, salvo raras excepciones, al arte moderno y contemporáneo. Por eso, la exposición El imperio azteca, que se exhibe desde ayer y hasta el 13 de febrero para después viajar a la sede del museo en Bilbao, adquiere aún más fuerza de la que ya tienen de por sí las 435 obras escogidas para ilustrar la grandeza de un imperio que floreció entre los siglos XIII y el XVI. Además, el martes se inaugurará en el Metropolitan Museum of Art la muestra La herencia del poder: antigua escultura del oeste de México, que reunirá 40 figuras de cerámica que caracterizaron la representación humana en el arte de los pueblos de la Sierra Madre de hace más de 2.000 años.

"El arte azteca dejó su huella en todo México, y eso es lo que hemos tratado de reflejar", afirma Felipe Solís

Ambas exposiciones sirven de exquisito preámbulo a la invasión de acontecimientos relacionados con la cultura mexicana que llegarán a la gran manzana el próximo noviembre. Aunque las muestras del Guggenheim y el Metropolitan se centran en culturas ancestrales, su presencia abre boca ante la programación de más de 100 actos artísticos con los que se aspira a ofrecer en Nueva York el rostro más innovador de todos los ámbitos de la cultura mexicana actual. Bajo el título Mexico now y en un intento de demostrar que existen muchos creadores de generaciones posteriores a la de Frida Kahlo y Diego Rivera, a los que se considera embajadores por antonomasia del arte moderno mexicano, Nueva York acogerá música, escultura, pintura, danza, teatro, cine, debates y literatura en colaboración con unos cuarenta centros culturales de la ciudad, entre los que se incluye el Instituto Cervantes español.

Pero hasta que el México del presente despliegue todos sus tentáculos por la ciudad, el contraste entre la modernidad de la sede del Guggenheim de Nueva York, firmada por el arquitecto Frank Lloyd Wright, y la fuerza de las creaciones del imperio azteca, que floreció prácticamente a la vez que el Renacimiento recorría Europa, servirán para acentuar el carácter único de aquella cultura, cuyas huellas siguen estando presentes en el paisaje mexicano y de alguna manera han marcado también la tradición artística actual de ese país.

Organizada en colaboración con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, la exposición El imperio azteca incluye hallazgos arqueológicos nunca antes mostrados fuera de aquel país y constituye la muestra más exhaustiva del arte y la cultura azteca, superando a la alabada exposición Aztecas, que recorrió Europa el pasado año. "Aquella muestra se limitaba a los aztecas como pueblo, pero en este caso también hemos tratado de explorar el imperio, a los contemporáneos que fueron sometidos por ellos, recorriendo así los diversos territorios en los que impusieron su cultura, como hicieron los romanos en Occidente. Cuando se piensa en el Renacimiento italiano inmediatamente se piensa en Leonardo da Vinci, en Miguel Ángel, en Florencia, pero también en Venecia o en Roma. La creatividad y la monumentalidad del arte azteca dejaron su huella en todo México y eso es lo que hemos tratado de reflejar aquí, donde hemos reunido piezas procedentes de 40 museos", explica Felipe Solís, comisario de la exposición y director del Museo Nacional de Antropología e Historia de México.

El pueblo azteca, caracterizado por la visión mesiánica del dominio sobre el universo, fundó en 1325 su ciudad-capital México-Tenochtitlán (el actual DF) en medio del altiplano mesoamericano y desde allí extendió su supremacía militar y política por todo el territorio, alcanzando los límites del imperio tarasco que dominaba el occidente mexicano. A su poderío correspondió el florecimiento de un estilo artístico que penetró parte de Mesoamérica y que utilizó formas y símbolos que se impusieron en el lenguaje artístico, sobrepasando las barreras lingüísticas que separaban a los diferentes pueblos.

La importancia de los animales, representados en esculturas de piedra de gran realismo, al igual que el influjo de las culturas precedentes, cuyos símbolos fueron adoptados y transformados por los aztecas, queda patente en una muestra en la que, entre otros tesoros, hay esculturas de piedra a gran escala, lápidas, braseros policromados, figuras de barro cocido y delicadas joyas de oro. "Este metal caracterizó al imperio azteca mientras que el español estuvo caracterizado por la plata. Esta diferencia quedará subrayada cuando la muestra viaje a Bilbao. El Guggenheim español es mucho más grande, por lo que la exposición podrá ampliarse aprovechando la temática del contacto entre los aztecas y los españoles", anunció Solís, quien recordó que fue el conquistador español Hernán Cortés el que dio la estocada definitiva al imperio azteca en 1521.

En contraste con la grandiosidad de aquel pueblo, el Metropolitan ofrece una modesta exposición que viaja mucho más atrás en el tiempo, hasta el 300 antes de Cristo, pero que a través de pequeñas esculturas en barro ofrece la representación de guerreros, bailarines, músicos, hombres jugando a la pelota y parejas consideradas fundadoras de las diversas dinastías de los pueblos que habitaron las zonas volcánicas del México occidental hace más de dos milenios.

Nariguera de oro azteca en forma de mariposa, del Museo Nacional de Antropología de México. / MICHEL ZABÉ

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