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sábado, 25 de septiembre de 2004

Stiglitz y Krugman reclaman una globalización 'gobernada' para reducir las desigualdades

Los economistas advierten de los riesgos de una vuelta atrás hacia un mayor proteccionismo

Los grandes gurús económicos del momento, entre los que destacan el provocador Paul Krugman y el Nobel Joseph Stiglitz, reclamaron ayer en Barcelona una globalización diferente y gobernada. "El nuevo acento debe ponerse en la distribución de la riqueza", enfatizó Stiglitz, mientras que Krugman explicó que son necesarios programas de ayuda para evitar que la respuesta de los países en desarrollo "sea una vuelta atrás hacia un mayor proteccionismo".

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El último diálogo del Fórum arrancó ayer con mensajes poco esperanzadores sobre las "crecientes" desigualdades en el mundo. "Es una gran decepción, que me perturba", confesó Krugman -profesor de la Universidad de Princeto y azote de la Administración Bush-, aunque la mayor advertencia la formuló Miguel Sebastián, asesor económico de José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, al lanzar este mensaje a los académicos más ortodoxos: "Nos queda poco tiempo. Muchos líderes políticos están descontentos sobre cómo se dirige el mundo. Los economistas deben conducir un cambio o volveremos a todo tipo de intervencionismos, nacionalismos y proteccionismos de distintas clases".

El diálogo Del Consenso de Washington a una nueva gobernanza global tuvo entre sus ponentes John Williamson, el padre del decálogo de políticas de corte liberal que presentó en 1989 y que se aplicaron en los países menos desarrollados para intentar su integración en la economía mundial. Williamson se desmarcó de la interpretación neoliberal, "equivalente al fundamentalismo del mercado, al laissez faire" que ha calado con el tiempo del Consenso de Washington. Pero más allá de sus recetas -como la disciplina fiscal, las privatizaciones o liberalización del comercio y de la inversión extranjera- admitió que en su día se dejó fuera ideas que con el tiempo hubieran evitado profundas crisis.

Redistribución

Stiglitz, que en un posterior encuentro con la prensa elogió la defensa de Zapatero de cumplir con el objetivo de destinar un 0,7% del Producto Interior Bruto (PIB) a la ayuda al desarrollo, se encargó de subrayar que "hasta Williamson admite que lo más importante que olvidó fue la constatación de que el crecimiento per se no beneficia a todo el mundo. Lo importante es cómo se redistribuye la riqueza para evitar las crecientes desigualdades".

Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research, aseguró que las desigualdades se han cebado especialmente en América Latina. Sobre este continente, y particularmente sobre los casos de Argentina y México, se basó también Krugman para refelxionar sobre el hecho de que las desigualdades en estos países "se incrementaron particularmente en la era de la liberalización y las reformas, durante el reinado del Consenso de Washington". "La liberalización del comercio no siempre reduce las desigualdades". Su propuesta para evitar males mayores rechaza un regreso al proteccionismo y sí pasa por lanzar programas de ayuda a los países pobres. "Ayudas equivalentes al 1% del PIB de estos países tendrían un impacto mayor en la calidad de la vida de las población".

Paul Krugman, en el Centro de Convenciones del Fórum. / SUSANNA SÁEZ

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