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martes, 17 de agosto de 2004
Editorial:

El triunfo de Chávez

Más allá de la suerte de Hugo Chávez, la verdadera importancia del referéndum celebrado en Venezuela radica en si permitirá o no que el país caribeño salga de la profunda crisis política y social en la que vive inmerso desde hace más de dos años. Los primeros indicios, pese a la holgada victoria del presidente venezolano sobre sus oponentes -la octava en las urnas en menos de seis años-, sugieren lamentablemente que la pugna no tiene visos de cerrarse. La oposición denuncia como un gigantesco fraude el resultado del voto, pese a que sus resultados han sido avalados por los observadores internacionales.

El veredicto aprobatorio de los dos más importantes, la Organización de Estados Americanos y el Centro Jimmy Carter, que han mediado durante más de un año para tratar de reducir el creciente foso social del país caribeño, debería resultar clave para calmar los ánimos en el quinto exportador mundial de petróleo. En la celebración del triunfo ante sus partidarios, y en su peculiar estilo, un eufórico Chávez ha tendido aparentemente la mano a sus oponentes. El jefe del Estado venezolano está obligado a que su gesto de ayer sea más que un gesto.

Con todas las críticas que el populismo de Chávez pueda merecer en sus casi seis años al frente de Venezuela -y son muchas en diferentes ámbitos-, los venezolanos han dispuesto de un recurso inusual que les otorga la posibilidad de destituir a un presidente en ejercicio mediante el voto popular. Fue el propio Chávez quien, en un momento de fervor democrático, lo introdujo en su Constitución de 2000. Pero las potencialidades de este mecanismo, ejercido el domingo de forma masiva y básicamente ordenada por los ciudadanos, se verán viciadas si quienes tan denodadamente han batallado para conseguir el referéndum -sorteando en el proceso innumerables escollos gubernamentales- deciden ahora sin argumentos convincentes ignorar su resultado. Pese a su tenacidad, la dividida oposición a Chávez no ha conseguido todavía plantear con éxito un proyecto alternativo consistente ni alumbrar un líder capaz de aglutinar el rechazo a los procedimientos presidenciales.

El mayor mérito de la consulta, que asegura a Chávez la permanencia en la jefatura del Estado hasta 2006, sería devolver a Venezuela la estabilidad política y una convivencia civilizada. En los últimos años, bordeando a veces los precipicios del marasmo económico y el enfrentamiento civil, los venezolanos han perdido una inmensa parte de sus energías en polémicas sobre el régimen instaurado por el antiguo paracaidista golpista. Para la oposición parece llegado el momento de dedicar sus esfuerzos a reagruparse ante las elecciones parlamentarias del año próximo. Y para todos los venezolanos -pro y anti-Chávez- es la oportunidad de sacar al país de una postración en la que más de las dos terceras partes de la población coquetea con el hambre, pese al río de dinero que proporciona la bonanza petrolífera.

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