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15 muertos en una explosión de gas en Bélgica

La deflagración causó 112 heridos, en su mayoría bomberos, y arrasó una planta industrial

La explosión se escuchó en 15 kilómetros y las llamas, de decenas de metros de altura, fueron visibles en un radio de 30. La peor catástrofe en Bélgica desde 1969 dejó ayer un dramático saldo: 15 muertos, según los datos oficiales, y 112 heridos, 24 de ellos en estado muy grave. El origen del accidente fue la perforación de un gasoducto debido a unas obras. La mayor parte de las víctimas son bomberos y policías que acudieron alertados por el aviso de una fuga de gas. Las instalaciones de la empresa Diamont Board (dedicada a manufacturar diamantes), que es donde se realizaban las obras, quedaron pulverizadas. Todo quedó calcinado en un círculo de 300 metros.

Las primeras autoridades -el rey Alberto II y el primer ministro, Guy Verhofstadt- interrumpieron sus vacaciones en el extranjero para acudir al lugar del accidente, el polígono industrial de Ghislenghein, a 40 kilómetros de Bruselas.

Todos los hospitales, y especialmente sus unidades de quemados, se movilizaron para acoger a las víctimas, y por la tarde los servicios de emergencia seguían rastreando los campos de los alrededores en busca de heridos o muertos. Las autoridades, que han declarado una jornada de luto nacional, abrieron una investigación para determinar el origen de la catástrofe. La primera hipótesis apunta a una o incluso varias negligencias si es cierto que los mismos obreros, quizá con una máquina pesada, perforaron el gasoducto que cruza el polígono industrial. El olor a gas, detectado a las 8.30, fue lo que llevó a los operarios a llamar a los bomberos. Media hora más tarde se produjo la explosión, cuando en la zona había unas 200 personas entre bomberos y policías. Francis Verleyen, uno de los heridos, declaró a la cadena de televisión que también hubo fallos de coordinación. "¿Por qué no evacuaron la zona?", se preguntaba aún conmocionado en una cama de hospital recordando cómo vio volar los cuerpos de sus compañeros.

El fuego iniciado a las nueve de la mañana quedó controlado a primera hora de la tarde. El operativo de emergencia, a pesar de que el accidente se ha producido en plenas vacaciones para el grueso de los trabajadores belgas, funcionó correctamente. El Ejército movilizó siete helicópteros para evacuar a los heridos y Verhofstadt destacó la ayuda proporcionada por Francia, Alemania y Holanda.

Durante las primeras horas se temió que el incendio liberara gases tóxicos; por ello se invitó a los habitantes de la zona, especialmente a los de la ciudad más cercana, Ath, a que cerraran puertas y ventanas. Más tarde, este riesgo quedó descartado.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2004