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lunes, 19 de julio de 2004

Las escenografías de Dalí deslumbran en el montaje 'Dalidance' de Peralada

La imaginativa coreografía de Ramon Oller cuenta con Rossy de Palma en el papel de Gala

El Festival de Peralada celebra el centenario del nacimiento de Salvador Dalí, su ampurdanés más genial -el artista nació en Figueres, a pocos kilómetros de donde se desarrolla el festival-, con un ambicioso espectáculo del coreógrafo catalán Ramon Oller para su compañía Metros, que recupera cuatro de los telones que Dalí creó para los ballets Bacchanale, Labyrith y Mad Tristan, que estrenaron en Nueva York entre 1939 y 1944 los Ballets Rusos de Montecarlo con coreografía de Leónidas Massine. Oller ofrece un delirante montaje que convence y deslumbra.

El reto de Oller era poner en escena todas las pasiones y obsesiones de Dalí con agilidad, imaginación y talento. Y lo cierto es que el coreógrafo vence a Dalí en este delirante montaje, algo que no lograron en su día las coreografías de Massine, que quedaron eclipsadas por las inagotables ideas del artista. En Dalidance, Oller no ha querido hacer una reconstrucción de los ballets de Massine ni tampoco contar la vida de Dalí, sino que los telones del artista le han inspirado un montaje provocador y surrealista.

El coreógrafo saca en escena todos los elementos del universo daliniano, y son tantos que en ocasiones el ojo del espectador pierde algo de lo que sucede en el escenario. Entre los elementos clave del espectáculo destacan las luces de Gloria Montesinos, la escenografía de Joan Jorba y el acertado vestuario de Mercè Paloma, alejado éste del que diseñó Dalí para sus ballets, pero que recupera algunos de sus detalles.

Los bailarines bailan despacio y sus cuerpos expresan una seducción callada. Magnífica desde el principio toda la compañía, que en esta ocasión ha contado con la participación de bailarines de I. T. Dansa, si bien el elenco femenino sobresale sobre el masculino, especialmente la excelente Sandrine Rouet. Punto y aparte merece también la actuación de la actriz Rossy de Palma. Sus intervenciones recitando textos de Dalí o sobre él ponen de manifiesto sus cualidades interpretativas. Lo mejor de Rossy es que encarna a Gala sin dejar de ser ella misma, y esa dualidad la convierte en una mujer totalmente surrealista, reforzada por un extravagante vestuario.

Es difícil enumerar todo lo que ocurre en escena: bailarines con tutús en forma de huevos fritos; referencias a la obsesión que tenía Dalí por El Ángelus de Millet; la presencia del personaje de la Lidia de Cadaqués, que interpreta Mari Carmen García y que baila flamenco junto a Rubén Olmo... Flamenco, danza contemporánea y algún guiño al neoclásico trenzan un bello y expresivo lenguaje gestual que tiene sus puntos culminantes con Wagner en la Bacchanale y Mad Tristan, y Schubert en Labyrinth. Elegir los fragmentos más originales no es tarea fácil, pues es un montaje con un desarrollo in crescendo, pero espectaculares resultan los momentos en que baila toda la compañía con la música de Tanhäuser y Gala permanece sentada en una especie de bidé, o los brillantes pasos a dos de Tristán e Isolda. El final es apoteósico, con toda la compañía en escena y Rossy de Palma vestida con una vela de barca y llevando en sus brazos dos grandes langostas. No se pierdan este Dalidance, que el 6 inicia gira con dos actuaciones en Madrid, no les dejará indiferentes.

Un momento del ensayo general de Dalidance, dirigido por Ramon Oller para su compañía Metros. / PERE DURÁN

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