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domingo, 30 de mayo de 2004

El público cubano da la bendición a 'Lágrimas negras'

Chucho Valdés y Diego el Cigala estrenan las canciones con Bebo ausente del escenario

Sin el maestro Bebo Valdés sobre el escenario, pero con su bendición y su alma bien trabada en el talento inmenso de su hijo Chucho y, por supuesto, en la voz gitana de Diego el Cigala, el arranque de la gira mundial de Lágrimas negras, la noche del viernes en el teatro Carlos Marx, de La Habana, fue emocionante, de una magia y belleza difíciles de trasladar. Hubo corazón, raíz, intensidad, sabrosura; pero también sencillez y fidelidad absoluta al espíritu de Bebo y del disco.

Pese a no haberse vendido en Cuba una sola copia del mismo, los 5.000 que abarrotaron el teatro se sabían cada nota, cada letra, cada quejido y guiño de Cigala. La noche comenzó con una improvisación de Chucho, vestido para la ocasión de morado nazareno, el color de Babalú Ayé. A partir de ese instante, con todos los santos afrocubanos a su favor, el líder de Irakere parqueó el ego y rindió un homenaje hermosísimo a su padre ciñéndose a sus partituras y evocando sus maneras y estilo, como Dios mandaba.

Cayeron primero Inolvidablemente y Veinte

años, y cuando llegó Lágrimas

negras, ya el teatro entero se había rendido a Chucho y a Cigala. La canción de la nostalgia y los borrachos cubanos sirvió para presentar a los músicos que acompañarán la gira de promoción del disco por Europa y América, en la cual Chucho y Bebo se repartirán los papeles y el teclado. Al contrabajista Javier Colina, Sabú Porrina en el cajón y el timbalero cubano Changuito, se le sumó en este memorable Lágrimas negras el saxofonista César López, primer invitado de la noche, que arrasó pero sin estridencias.

En el ecuador de la velada ocurrieron cosas importantes. Primero un Vete de mí, dedicado por Cigala al gran Bola de Nieve, que dejó boquiabiertos a los presentes. El público, entre el que había numerosos músicos, no hubiera tolerado un sacrilegio con esta canción, pero disfrutó y mucho. Para algunos fue, junto con la versión del Concierto de

Aranjuez, de las mejores cosas del espectáculo organizado por la Sociedad General de Autores y Editores española.

Tras el homenaje al Bola, vino la primera sorpresa, una perla llamada Pedacito del

alma, canción muy reciente de Chucho que el Cigala se aprendió 48 horas antes. Y en Niebla del

riachuelo, la violinista Iona Pérez, segunda y última invitada de la noche, estuvo a la altura de Federico Britos y puso a más de uno la carne de gallina.

Pero lo más emocionante de la hora y cuarenta minutos de la presentación cubana de Lágrimas negras sucedió al prologar Cigala Si te

contara, la canción de Félix Reina que le sirvió de inspiración para hallar su puente personal entre bolero y flamenco. Cuando el cantaor pidió "un aplauso para Bebo en cualquier lugar del mundo que esté", el teatro se vino abajo. Chucho fue el primero en ponerse en pie, y con él los 5.000 del Carlos Marx. Una ovación que fue un acto de amor para alguien que partió de Cuba hace 43 años pero que, evidentemente, no se ha marchado nunca del corazón de los cubanos.

El próximo día 4, con Bebo al piano, Lágrimas negras llegará al recinto ferial Juan Carlos I de Madrid, en un concierto para 12.000 personas con Alicia Keys como invitada especial. Y el 20 de junio, en Londres, estarán juntos Cigala, Chucho y Bebo, un lujazo. Pero sin duda, pésele a quien le pese y por un acto de elemental justicia, la gira mundial de Lágrimas negras tenía que comenzar en La Habana. Era la prueba de fuego. Y si Bebo le dio la bendición a Chucho y a Cigala, el público cubano se la firmó a los tres en una noche mágica que acabó con el teatro entero cantando Obsesión y luego, otra vez, eso de: "Sufro la inmensa pena de tu extravío, / siento el dolor profundo de tu partida, / y lloro sin que tú sepas que el llanto mío / tiene lágrimas negras, / tiene lágrimas negras, / como mi vida".

Chucho Valdés y Diego el Cigala, durante su concierto en La Habana. / REUTERS

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