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domingo, 28 de marzo de 2004

El Defensor del Pueblo insta al Ivima a reparar 2.000 pisos en Orcasitas

Las casas tienen grietas y humedades

"Yo, que he trabajado en la construcción, sé de qué hablo. Y estas casas se hicieron mal. Sin cimientos adecuados, sin muros de contención", afirma José, un vecino de más de 65 años. Y eso ha supuesto un catálogo de grietas, hundimientos en las aceras y humedades en las habitaciones de más de 2.000 viviendas del barrio de Orcasur, en Orcasitas (Usera). Los vecinos llevan años reclamando al Ivima, el organismo que se las vendió, que las repare. El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, ha terciado en la polémica y sostiene que el Ivima debe arreglar los edificios.

"No hay manera de arreglar la casa. Lo hemos intentado. Pero es imposible"

"Las viviendas se hicieron sin buenos cimientos, sin muros de contención"

Antonio Merchán es el presidente de la asociación de vecinos Grupo Los Martes de Orcasur y lleva más de una decena de años luchando para que el Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima), organismo dependiente de la Comunidad de Madrid, invierta en las casas del barrio y acabe con las penalidades de sus moradores. Las casas fueron construidas en los años ochenta, "cuando UCD, cuando en España no había presupuesto para nada", precisa Merchán. "Y, claro, no se utilizaron los mejores materiales", añade.

El viernes, en un paseo por la zona, Antonio y José, que viven en Orcasur desde que el barrio no pasaba de zona de casas bajas, sin estación de tren y sin carreteras, describen sin parar los efectos que el tiempo y el abandono han causado en los edificios. Un ejemplo: una de las cornisas de un bloque de tres plantas está a punto de desprenderse. Sólo está sujeta por un barandilla que aguanta los ladrillos. En otra calle, una grieta arranca de la acera y llega hasta la planta quinta.

En la calle de Padul, los hombres se adentran en la casa de una vecina. Ésta enseña a todo el que quiera las grietas que desgarran una de las paredes del dormitorio. Arranca de una esquina y muere en el suelo. "No hay manera de repararla. Lo hemos intentado. Pero es imposible. Así no te dan ganas ni de arreglar la casa ni nada", comenta la señora. José, el vecino que trabaja en la construcción, niega con la cabeza: "La casa está mal, eso necesita un arreglo de fondo".

En otro edificio hay tales goteras en la escalera que una mujer ya jubilada asegura "que en cuanto llueve un poco hay que tener cuidado para no caerse rodando por los escalones". El techo, acristalado, da luz natural al tramo de escalera de los últimos pisos. Pero se hizo tan mal que, además de la luz, deja que pase a través de él el agua de la lluvia. La humedad ha abombado las paredes que rodean el cristal. En la planta baja otra mancha enorme de humedad afea todo el techo del pequeño vestíbulo.

No hace falta entrar en las casas para imaginarse las humedades que soportan estos vecinos. Tan sólo con contemplar las manchas pardas que muestran los ladrillos de las paredes, algunos con verdín, cualquier visitante, sin conocimientos de arquitectura, se hace cargo de cómo debe de estar el interior de las viviendas. El sábado, cuando dos hombres se quedaron mirando estas paredes de cuatro plantas llenas de humedades, una señora se acercó a ellos: "¿Qué, viendo las manchas, eh? Pues dan a mi habitación, al armario empotrado, que está inservible, claro, porque deja un olor horroroso en la ropa. Y así todas las casas del bloque".

José, el vecino experto en construcción, considera que con colocar unos canalones largos se solucionaría el problema. "Pero para eso tienen que venir los del Ivima", añade. Merchán señala: "Les vamos a hacer venir".

Otro de los problemas que sufren los residentes de este barrio es el de las falsas terrazas: algunos vecinos han utilizado las cubiertas como terrazas, instalando toldos (algunos hasta pérgolas, con farolitos y todo) de forma que el uso ha desgastado esa parte del edificio y cala el agua cuando llueve a los que habitan el piso inferior.

Un estudio que elaboró un arquitecto por petición de la asociación de vecinos señala que en el barrio, al menos 70 bloques de pisos presentan grietas o fisuras; hay 40 sin muros de contención; y humedades en más de 80, sin contar los desniveles en el suelo y otros defectos, como "malos olores en sótanos y portales", "falsos techos fisurados", "sótanos en mal estado" y "acometidas en mal estado". Los vecinos calculan que las casas en mal estado son más de 2.000.

Una alcantarilla determinada también es objeto de preocupación para los integrantes de la asociación de vecinos Grupo Los Martes de Orcasur. "Muchas veces se forma alrededor una charca impresionante. Y otras sale humo por la rejilla. Es algo inexplicable", cuenta Merchán.

Las viviendas las construyó el Estado a principios de los años ochenta. Después, pasaron a depender del Ivima. Hubo desavenencias por el pago del alquiler entre los vecinos y el PSOE cuando éste gobernaba la Comunidad de Madrid. Posteriormente, en 1997, con el PP, los moradores recibieron la oferta de comprar su casa. El precio, que venía dado por una normativa y por el hecho de que los vecinos, en su tiempo, fueron expropiados de su casita baja en el barrio, no era nada caro: aproximadamente tres millones de pesetas por vivienda, de unos 70 metros cuadrados, aunque con paredes de pladur y con los mencionados defectos de construcción. En una de las cláusulas de la escritura de compraventa, se estipulaba que el comprador se hacía cargo de las reparaciones, debido a que conocían "el estado de la vivienda en que habían residido". "Pero como muchas personas eran analfabetas, ni siquiera sabían lo que firmaban. Y además, se nos dio un mes de plazo para firmar y quedarnos con la casa, de forma que no hubo ni posibilidad de discutir", asegura Merchán.

Ahora, el Defensor del Pueblo les ha dado la razón. A pesar de haber firmado esa cláusula, no son los vecinos, sino el Ivima, el que debe reparar los defectos: "Esta institución se ha pronunciado ya en relación con la cláusula en referencia, manifestando que no podrá evitar que se exija al Ivima, en cuanto a promotor de las viviendas tramitadas, sus obligaciones". Y concluye: "Por consiguiente, al parecer de esta institución no existe obstáculo legal alguno que impida reclamar al Ivima que cumpla con las obligaciones que le corresponden como entidad constructora".

Antonio Fernández Gordillo, diputado del PSOE en la Asamblea, ha solicitado la comparecencia del gerente del Ivima, Juan José Franch, en el Parlamento regional a fin de que explique las acciones que este organismo tiene pensado emprender para solucionar el problema de las casas de estos vecinos. "A pesar de todos estos problemas, año tras año el Ivima sigue recortando los presupuestos", denuncia Fernández Gordillo.

Lo que sucede en Orcasitas es similar a lo que sufren los vecinos del barrio de Las Aves, en Aranjuez, quienes llevan luchando 22 años para conseguir que el Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima) arregle 750 pisos sociales mal construidos. Una sentencia, dictada el pasado enero por el Tribunal Supremo, obliga a hacer tales reparaciones. La sentencia es firme y contra ella no cabe recurso.

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