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Reportaje:ESPECIAL FITUR | DESTINOS EN AUGE

Nuevas inspiraciones europeas

Diez países ingresarán en la UE el próximo 1 de mayo

De las tres repúblicas bálticas, en el norte, a las islas mediterráneas de Malta y Chipre, en el sur, Fitur desvela perspectivas diferentes de 10 opciones viajeras en boga.

Algunos de los Estados que el 1 de mayo ingresarán en la Unión Europea son destinos sólidamente instalados en la rutina de los circuitos turísticos; tal es el caso de Polonia, que de ser un país exótico ha pasado a ofrecer atractivos muy concretos. Éste será el Año de la Cultura en Polonia, para explotar la envidiable cantera de músicos, científicos o cineastas (Chopin, Copérnico, Penderecki, Wajda, Polanski...) y estirar la visita a Varsovia o Cracovia a otros espacios y ciudades, como Ludun, Gdansk y la orilla báltica.

Algo semejante ocurre con otros dos países, Hungría y la República Checa. Hungría, que ha estado presente en Fitur desde sus inicios, fue un destino de moda hace unos años, pero el grueso de visitantes se ha limitado a constatar el dinámico giro que experimentaba Budapest; ahora se quiere dar a conocer, en la capital, su patrimonio modernista, y en el resto del país, una atractiva red de balnearios. La República Checa se enfrenta a un desafío parecido: Praga, la capital, sigue siendo un boom, pero hay que motivar a los turistas para que descubran el resto de ciudades y enclaves del país.

Eslovaquia, separada de la República Checa después de casi medio siglo de unión, se presenta en Fitur con pabellón propio y mucha tarea por delante: Bratislava, la capital, es menos asediada que Praga, pero está cuajada igualmente de monumentos y rincones gratos, y desde allí se articulan cruceros por el Danubio para atravesar el país, bien surtido de castillos (como Spissky Hrad), ciudades medievales (Levoca) y balnearios, por no hablar de las montañas Tatras y sus estaciones de esquí. Eslovenia se presenta por vez primera en Fitur; su paisaje alpino guarda cierto aire de familia con la vecina Austria, lo mismo que sus ciudades, sobre todo Liubliana.

Las tres repúblicas bálticas son tres países de sustancia y talante muy disparejos, y desde luego pueden convertirse en el must de los próximos años. Estonia es casi exclusivamente conocida por su capital, Tallin, que ha sido recientemente incluida por el Financial Times en una lista de las 10 mejores ciudades turísticas del mundo, por sus monumentos, hoteles, restaurantes y vida nocturna. Hace dos años, el número de visitantes españoles se multiplicó por cinco, y siguió creciendo el pasado ejercicio. Algo similar le ocurre a Letonia, cuya capital, Riga, acapara prácticamente la totalidad de visitantes. Pero los parques nacionales y el resto del país también merecen el favor de los turistas; los procedentes de España aumentaron el año pasado en más de un 80%.

Lituania es muy distinta a las otras dos repúblicas bálticas; de atmósfera católica y sureña, no se beneficia como aquéllas del flujo benefactor de los cruceros, ya que Vilna, la capital, está en el interior. Pero Vilna cuenta con uno de los cascos históricos más extensos del Este europeo, y sorprenden tanto la ciudad como los alrededores (sobre todo, Trakai y su fortaleza lacustre).

Malta, archipiélago en apariencia diminuto, pero con muchos atractivos, es frecuentada por los cruceros mediterráneos. Pero una escala de pocas horas es insuficiente para descubrir, por ejemplo, el conjunto de refinados templos megalíticos. El caso de Chipre es peculiar: esa isla es un mundo, pero un mundo dividido por un "muro de la vergüenza" levantado a raíz de odios y una guerra. Parece que la incorporación a la UE puede conllevar el final de esta situación absurda: todos saldremos ganando, pues tanto el sur griego como el norte turco son riquísimos en ruinas y referentes históricos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de enero de 2004