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domingo, 21 de diciembre de 2003
Entrevista:BERNARD STASI | Responsable del informe sobre laicismo en Francia

"La escuela no puede ser escenario de la lucha religiosa"

El hecho de que miles de chicas vayan al colegio con el velo o el pañuelo islámicos ha sido percibido en Francia como un peligro de desestabilización de la República. La cuestión es muy polémica en un país laico donde coexisten la minoría musulmana más fuerte de Europa (formada por entre cuatro y cinco millones de personas) y la mayor comunidad judía de la UE (unas 700.000), junto con millones de practicantes activos de la religión católica y grupos más reducidos de protestantes y budistas.

Chirac había decidido hacer un gesto fuerte en defensa del laicismo. Para rodear la decisión de autoridad moral, el presidente confió la tarea de realizar un diagnóstico y proponer medidas a un grupo de expertos presidido por Bernard Stasi, el Mediador de la República Francesa (equivalente al Defensor del Pueblo), que ha aconsejado la prohibición de signos religiosos en la escuela pública y el refuerzo del laicismo en el conjunto de los servicios públicos.

"Antes de expulsar a las chicas con velo hay que convencerlas de que se lo quiten"

"Hay un centenar de barrios donde los islamistas dictan las reglas del juego"

Antiguo camarada de Chirac en el Instituto de Ciencias Políticas y en la Escuela Nacional de Administración (ENA), Bernard Stasi habló extensamente con este periódico, que, según asegura, lee "al menos una vez por semana".

Pregunta. ¿Cómo se encontró usted al frente de la comisión sobre el laicismo?

Respuesta. El presidente de la República decidió confiarme la presidencia de la comisión. Nos conocemos desde que fuimos condiscípulos. Soy un hombre bastante consensual, y yo creo que escuchado, tanto a derecha como a izquierda. Estos temas me han interesado desde que defendí la inmigración, lo cual me enfrentó con la extrema derecha.

P. La inmigración, una oportunidad para Francia, rezaba el título del libro publicado por usted en 1984. Diecinueve años después, el informe del comité sobre el laicismo destila una gran preocupación por el impacto del activismo religioso, o político-religioso, por parte de minorías vinculadas a las nuevas religiones llegadas con la inmigración, principalmente el islam.

R. Sí, porque la inmigración no se ha integrado bien en Francia. En el libro que cita y en otros artículos publicados, yo defendía la necesidad de acoger bien a los que llegaban, reconocerles como ciudadanos a parte entera y no como personas de segunda clase. También he dicho siempre que ellos debían tener la voluntad de integrarse. No quiero repartir culpas, pero la situación se ha degradado. La extrema derecha ha inducido a muchos de nuestros conciudadanos al convencimiento de que esas personas que han venido de fuera no están aquí en su sitio. Ha llegado el momento de reaccionar.

P. Se ha denunciado un riesgo de desestabilización de la República. ¿Qué ha encontrado en la investigación que explique el porqué de tanta inquietud? ¿Qué ha sido lo más chocante?

R. Lo más chocante es la información de lo que sucede en una serie de barrios donde hay numerosos grupos de personas sin trabajo, que viven del subsidio mínimo. El ministro de la Ciudad nos ha dicho que hay un centenar de barrios repartidos por el país donde los islamistas dictan las reglas del juego; las mujeres tienen que llevar el velo, los judíos son molestados o golpeados... Es decir, la ley republicana no rige en esas zonas de Francia.

P. ¿Y esto va a arreglarse con la exclusión de signos religiosos de la escuela pública?

R. Nunca hemos pensado que una ley pueda arreglar todos los problemas, pero sí creemos que la República debe defender sus valores. Y la ley debe aplicarse con un espíritu de apertura. No se trata de expulsar a todas las chicas que lleguen al colegio con el velo en la cabeza: primero hay que pedirles que se lo quiten, hay que tratar de convencerlas y recurrir a la mediación con sus padres. Y deberían poder reintegrarse a la escuela en cuanto tomen la decisión de retirarse el velo.

P. ¿La comisión ha podido medir la amplitud del fenómeno del velo? ¿Estamos hablando de 1.000, de 5.000 alumnas?

R. Las estadísticas son difíciles. Lo que me parece evidente es que las cifras de mujeres que llevan el velo al colegio van en aumento.

P. ¿No cree que exigir la enseñanza obligatoria resulta más integrador que la expulsión del colegio público?

R. Excluir alumnos de los colegios no es bueno. Lo sabemos y por eso hemos dudado y reflexionado mucho. Pero había una demanda muy fuerte en el país, sobre todo de los que se enfrentan constantemente a ese problema sobre el terreno, en la Administración, en los centros de enseñanza.

P. ¿Quiere decir que la escuela no debe fomentar las diferencias religiosas?

R. La escuela no puede ser escenario de la lucha religiosa. El laicismo reconoce el hecho religioso, pero en la escuela tienen que encontrarse todas las personas y es el lugar donde deben desaparecer esas diferencias, porque ahí se forja la ciudadanía. Sin renegar de los valores religiosos y políticos, en la escuela hay que dejarlos de lado y fortificar la idea de pertenencia a una comunidad nacional con valores comunes, más allá de las diferencias religiosas y políticas, que nadie cuestiona. Cuando se suprimió el servicio militar obligatorio, se pensó en la posibilidad de haber organizado un servicio civil, un periodo de algunos meses en que los jóvenes estén al servicio de la colectividad, ayudando a las asociaciones o cooperando en tareas sociales en lugares que lo necesitan, por ejemplo en África. Echo en falta la organización de esa formación cívica nacional.

P. Después del laicismo, tiene usted otro trabajo: aconsejar sobre la integración.

R. No exactamente: lo que estoy haciendo es un informe dedicado a la lucha contra todas las formas de discriminación. Pretendo terminarlo en febrero y, si todo va bien, será la base para instalar una alta autoridad contra las discriminaciones que comenzará a funcionar antes de que termine 2004. Podrá intervenir en todas las formas de discriminación, ya sea entre hombres y mujeres, por el color de la piel, las relaciones sexuales o las minusvalías. Mi propuesta va en el sentido de que esa autoridad desempeñe un papel en todos esos terrenos.

P. Dado el ambiente de crispación que se vive en España, a propósito de otras polémicas, sería útil saber cómo se ha organizado en Francia un debate sobre un tema duro, de los que levantan pasiones. ¿Con qué criterios se seleccionó a los miembros de la comisión sobre el laicismo?

R. En un primer momento pensamos incluir en la comisión a representantes de partidos políticos, de religiones o sindicatos. Luego estimamos más acertado llamar a personas independientes de espíritu, expertos verdaderamente competentes, sociólogos, profesores, alcaldes, el rector de la Academia de París, personas que habían publicado libros sobre el problema del laicismo, sobre los barrios difíciles. Hemos trabajado cuatro meses juntos.

P. ¿Y cómo organizaron la investigación?

R. Hemos escuchado a 140 personas, pertenecientes a partidos políticos, religiones, sindicatos, pero también a gente que está sobre el terreno: profesores, directores de colegios, de prisiones; personas que se han visto enfrentadas a problemas graves en los barrios difíciles, chicas que no quieren llevar el velo, otras que antes no lo llevaban pero habían cambiado de opinión... Esta parte de las sesiones se hizo a puerta cerrada, pero otras fueron abiertas a la televisión, con lo cual todo el país ha podido seguir la marcha de los debates. Creo que esto ha sido bueno para encontrar un consenso.

Bernard Stasi, presidente de la comisión francesa sobre laicismo. / AFP

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