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sábado, 20 de diciembre de 2003
Entrevista:Michel Tournier

"El mito nos da claves para entender el mundo: la lucha de los 'sin papeles' es la de los nómadas contra los sedentarios"

Octavi Marti 20 DIC 2003

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Este cultivador de mitos, premio Goncourt en 1970, habla desde su voluntario retiro en un pueblecito al sur de París de Eleazar o El manantial y la zarza, su último libro publicado en España. En él prosigue su incursión en las grandes historias legendarias de nuestra cultura -esta vez en la de Moisés- para darles la vuelta y mostrar su lado oscuro y perverso.

Michel Tournier vive en Choisel, un pueblecito con menos de cien habitantes a una treintena de kilómetros al sur de París. Su casa es el antiguo presbiterio de la iglesia y desde su jardín aún puede acceder directamente a la misma y al cementerio vecino. Un hilo eléctrico, instalado de manera escasamente profesional, nos permite descubrir en el tejado de una de las dependencias un foco cubierto de orín. "Fue mi vecina Ingrid Bergman quien me pidió que lo instalara. De vez en cuando daba recepciones y yo iluminaba el campanario para que sirviese de referencia a los invitados".

La soledad de Tournier es voluntaria, pero hoy, a los 79 años, parece pesarle un poco. En el coche en que ha venido a buscarme a la estación me cuenta que "vivir aquí en verano es magnífico. Entonces veo a menudo a los amigos. Pero cuando llega el invierno parece como si en verdad sólo les hubiera interesado el paisaje y el pasar horas en el jardín. En Choisel conozco a todos, pero, cuando hace frío añoro una tienda, un bar, una librería, tener con quien charlar".

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PREGUNTA. La dimensión mítica de Eleazar o El manantial y la zarza es obvia. El mito es una historia que todo el mundo conoce.

RESPUESTA. Mire, no sólo vivo en ese presbiterio sino que el personaje tutelar de mi familia, el hermano de mi abuelo materno, era sacerdote, teólogo, germanista y flautista. Mi hermano ha heredado la pasión por la flauta y yo el germanismo y la devoción por los textos sagrados. Los temas bíblicos me apasionan y me sorprende descubrir hasta qué punto son mal conocidos, incluso por los religiosos. Hará cosa de diez años leí la impresionante biografía de Moisés escrita por André Chouraqui. Él también dedica muchas páginas a preguntarse sobre las razones por las que Dios prohíbe o impide a Moisés, el líder del pueblo judío, entrar en la tierra prometida, en Canaán. Las explicaciones proporcionadas por los teólogos, incluido Chouraqui, no satisfacen. Muchos insisten en el hecho de que Moisés golpeara dos veces en una roca para hacer manar agua. El segundo golpe habría indignado a Dios en tanto que manifestación de una fe escasa. ¡Grotesco! Mi libro propone una solución al enigma.

P. La de un Dios celoso...

R. El dilema se plantea entre el manantial y la zarza ardiendo. El pueblo de Israel no cesa de pedir agua, Moisés tiene que interceder varias veces ante Dios para conseguirla. El agua fluye por el suelo, busca la pendiente, la facilidad, se asocia al sedentarismo, a la familia, a los cultivos, es símbolo de la vida cotidiana. La zarza ardiendo lanza sus llamas hacia el cielo, es la excepción, representa la vida mística, entregada a Dios, a un Dios que obliga a Moisés a quedarse en el desierto, a las puertas de la tierra prometida... Chouraqui acogió mi libro con mucha amabilidad, casi demasiada, considerando sin duda divertida mi intromisión de amateur que pretende resolver en unas pocas páginas de ficción un dilema que lleva miles de años ocupando a los mejores teólogos.

P. Volvamos al mito, a la historia conocida. En Viernes o los limbos del Pacífico, usted revisa la de Robinson Crusoe; en El rey de los alisos, nos propone una relectura de las historias de ogros; Gaspar, Melchor y Baltasar resucita los Reyes Magos... En Eleazar... se permite convertir a los irlandeses en pueblo elegido y a Estados Unidos en tierra prometida. En todos sus textos el humor juega un papel importante.

R. Sabe, es más que posible que todos los místicos lamenten no haber llevado una vida normal, con esposa e hijos, una vida humana. Las condiciones de existencia de los anacoretas eran muy duras. Hay una novela de Anatole France -Thaïs - que arranca con una frase estupenda que siempre me ha hecho reír mucho. Escribe France que "en aquel tiempo el desierto estaba ocupado por anacoretas". ¡Es formidable! ¡Un desierto "ocupado por anacoretas"! El mito, el recurrir a una historia conocida, nos permite hablar de la actualidad de manera inmediata, nos da claves de lectura para entender el mundo. Por ejemplo, la lucha de los sin papeles es la de los nómadas contra los sedentarios. Caín y Abel siguen siendo actualidad. El mito pervive e ilumina el presente. En África, los tuaregs eran los señores del desierto, guerreaban y conducían rebaños de camellos. En los oasis dejaban a sus esclavos negros, que cultivaban la tierra. La colonización francesa aportó la educación obligatoria a los sedentarios, como no podía ser de otra forma, y los antiguos esclavos accedieron a la cultura y luego pasaron a ser la élite de la administración local... Los nazis reprochaban a los judíos su movilidad, su condición de supuestos apátridas y ya se ha visto en qué desembocó el vincular el derecho de suelo al derecho de sangre.

P. La ópera de Schönberg sobre Moisés y Aarón aborda el problema desde otro ángulo, sobre el derecho o no a representar la figura de Dios.

R. En la ópera, Moisés representa la religión mental, la creencia privada, la espiritualidad frente a las manifestaciones exteriores, colectivas y organizadas de religiosidad, el enfrentamiento entre un Dios-Idea y un Dios-Institución. Además, Aarón, aprovechando que Moisés está en la montaña recibiendo el mensaje divino, organiza una gran fiesta y admite que se rinda culto a un becerro de oro, es decir, a un símbolo de la tierra, de lo material. En Eleazar, al situar la acción en territorio irlandés, es decir, católico, complico el problema. El protestantismo supuso un retorno a la Biblia. En ese sentido, los protestantes están mucho más cerca del judaísmo que del cristianismo, que privilegia los Evangelios frente a la Biblia.

P. Pero en Eleazar el protagonista que da título a la novela es un protestante en país católico y en rebelión con su jerarquía religiosa.

R. La versión que Freud sostiene sobre la figura de Moisés es apasionante. Según él, Moisés no era de origen hebreo sino un príncipe egipcio reformador, un hombre que proponía una religión monoteísta en un contexto animista, de culto a los animales. Los sacerdotes, el poder, rechazaron su propuesta que, en cambio, fue adoptada por los esclavos judíos. Es lógico que el judaísmo y el cristianismo no acepten esta explicación, aunque sea muy plausible. Jesús tampoco quería crear una nueva religión, sólo pretendía reformar el judaísmo, pero el rechazo y el martirio dieron nacimiento a otra religión. En otros términos, Lutero y el protestantismo conocieron un destino similar, de rechazo de la reforma.

P. En la actualidad está escribiendo otra novela sobre un mito.

R. Sí. Pero antes terminaré un libro sobre el verano, con textos y fotos mías. Es terrible revisar las viejas fotos, no tanto por la gente que ha muerto sino sobre todo por las que ahora no conoces, no sabes quiénes eran. Y también porque te das cuenta de que, a pesar de haber hecho 50 emisiones sobre grandes fotógrafos, a pesar de mi admiración por Cartier-Bresson, Boubat o Tress, no he sido capaz de tener un mundo propio cuando empuño la cámara. Pero volvamos a la literatura y a los mitos. Tengo poca imaginación pero me documento mucho. Ahora estoy trabajando sobre el vampirismo, leyendo decenas de novelas sobre el tema, la mayor parte de un nivel bajo, ésa es la verdad, pero lo que me sorprende es que nadie se haya referido a lo que es sustancial en un vampiro. Por ejemplo, cuando un hombre se enamora o desea a una mujer, sabe qué es lo que despierta su interés, los ojos o las nalgas, un modo de hablar o de moverse, un perfume especial...

hay algo que convierte a cada mujer en un caso distinto. Pues bien, no veo que ningún autor se haya interesado antes por el sabor de la sangre, por el gusto de la sangre, en el doble sentido de la expresión, pues hay que suponer que un vampiro es un catador de sangres, un experto que busca un néctar distinto. Y visto que la religión católica funciona a partir del paralelismo entre el vino y la sangre, que la Eucaristía establece la transustanciación, que Jesucristo nos dejó el poder de convertir el pan y el vino en el su cuerpo y su sangre, no es exagerado ver en los buenos bebedores de vino una suerte de vampiros ingenuos.

BIBLIOGRAFÍA

El crepúsculo de las máscaras. Gustavo Gili. Barcelona, 2002.

Celebraciones. Acantilado. Barcelona, 2002.

Los meteoros. Alfaguara. Madrid, 2002.

El espejo de las ideas. El Acantilado. 2000.

Gaspar, Melchor y Baltasar. Edhasa. Barcelona, 1996.

Medianoche de amor. Alfaguara. Madrid, 1995.

El árbol y el camino. Alfaguara. Madrid, 1993.

El rey de los alisos. Alfaguara. Madrid, 1992.

Gilles y Juana. Alfaguara, Madrid, 1989.

El Urogallo. Alfaguara. Madrid, 1988.

El escritor francés Michel Tournier (París, 1924). / JACQUES SASSIER / ÉDITIONS GALLIMARD

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