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viernes, 12 de diciembre de 2003
Crítica:DANZA

En el damero maldito

Nicolas Rambaud finalmente se ha decantado por el trabajo en solitario. Esta vez es un dúo con una actriz-bailarina con la que ejerce sobre el público un montón de efectivas complicidades. Tras un largo tango inicial, se deja oír la Bachiana número 5, de Héctor Villalobos, y en varios monitores repartidos por el suelo del escenario se ve el vídeo de una partida de ajedrez: todo un símbolo no por trillado menos efectivo. La coreografía es un trabajo lineal hasta el palpitante y breve solo de Rambaud, que en realidad ha perdido poder transgresor e intensidad con respecto a su trabajo anterior.

En el clímax de Cosas para llorar en seco, el dial se mueve frenéticamente en busca de un apoyo sonoro que no se encuentra. La pareja (que en suma proyectan distancia y soledades) se refugia en el contacto físico, en el candente juego de falsos equilibrios y en una voluntad de compensación abisal. Rambaud está inspirado también esta vez, aunque contenido y acaso buscando a lo lejos alguien a quien dedicar tal repertorio de ausencias, de fugaces choques de las piezas de ajedrez que se abaten sobre un damero maldito.

Compañía La Megalo - Teatro Móvil

Cosas para llorar en seco. Coreografía y dirección: Nicolas Rambaud. Teatro Pradillo, Madrid, 10 de diciembre.

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