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jueves, 20 de noviembre de 2003
Reportaje:

El barco del estiércol

El capitán del 'Spiridon', detenido por contaminar, dice que sólo llevaba vacas

El Ministerio de Fomento hizo pública una nota oficial el domingo 24 de agosto que tuvo escaso eco: las autoridades habían detenido el día anterior en el puerto de A Coruña al Spiridon, un buque libanés, por contaminar las costas gallegas con hidrocarburos. La nota daba cuenta de que el buque, sorprendido en flagrante delito a 50 millas de Vigo, fue desviado de su rumbo y escoltado por la patrullera de la Armada Bergantín y el remolcador Ibaizábal I.

El texto resaltaba, con un estilo triunfalista, el éxito del "dispositivo especial para la detección de vertidos ilegales" puesto en marcha tras la catástrofe del Prestige. Para Fomento no había duda de que el buque era sospechoso de causar 11 millas de contaminación marítima. Se le había impuesto una multa de 900.000 euros. Aunque la nota puntualizaba que el capitán del Spiridon negó ser culpable de tal contaminación, no aclaraba qué tipo de mercancía llevaba el buque.

Tres meses después de la detención del buque en A Coruña, no se ha determinado si arrojó petróleo o excrementos

No hacía falta tener mucho olfato para percatarse, una vez llegado a puerto, del contenido de la carga del Spiridon. El buque cubre una línea regular entre Beirut y Waterford (Irlanda). Y transporta vacas, desde Irlanda hasta Beirut, exactamente 1.488 cabezas de ganado en su último viaje de ida. Naturalmente, en el viaje de vuelta, que comenzó el 12 de agosto, no iban las vacas, pero sí sus excrementos.

Los costados del barco eran testigos apestosos de cuál era el contenido que estaba vertiendo el buque al mar. Su capitán, el sirio Ahmad Bayzeid, de 29 años, firmó bajo protesta el documento de sanción. Días después recibía a unos periodistas y con cierta sorna afirmó: "Parecía que llevaba a bordo a Sadam Husein o a Bin Laden, por la forma en que nos comunicaron que debíamos desviar nuestro rumbo".

Curiosamente, la situación no ha cambiado desde hace casi tres meses... salvo que se ha terminado por limpiar tan maloliente mercancía. El Spiridon sigue anclado en el puerto de A Coruña, sus 20 tripulantes, entre ellos tres vaqueros, viven en su interior esperando órdenes del armador, y el armador se niega a pagar la fianza y ha optado por denunciar el caso en los tribunales españoles. Puede tratarse de un supuesto de detención ilegal, un flaco favor para las autoridades marítimas de A Coruña, cuyo prestigio no es muy elevado de un año a esta parte.

El problema para las autoridades españolas es que deben demostrar que el buque vertía hidrocarburos aquel sábado 23 de agosto cuando fue avistado desde el helicóptero Pesca I. Deben demostrarlo fehacientemente, habiendo analizado el vertido y el estado de los depósitos, calculando cuánto hidrocarburo podía llevar el buque.

Según la documentación, las autoridades españolas sólo enviaron al laboratorio una de las cinco muestras tomadas del vertido, la enviaron el 12 de septiembre y no inmediatamente después de tomarla, como manda el protocolo. Dicha muestra tenía una parte líquida y otra sólida y, según el laboratorio, se trata de hidrocarburos. Pero los abogados del armador se preguntan cómo es posible que un vertido se solidifique en tan breve tiempo si es que la muestra estaba correctamente tomada. Nada se dice, por cierto, de las otras muestras.

El caso no acaba ahí. Hay nuevas noticias. Un informe del capitán marítimo de A Coruña, Serafín Díaz, ascendido a este puesto tras abordar el Prestige y testificar contra el capitán Mangouras, afirma que el vertido era cuantioso y se trataba de hidrocarburo. Pero el informe de un inspector de la capitanía niega tal aseveración. Es entonces cuando el jefe de inspección debe realizar un segundo informe. Y éste resulta terminante. Llega a decir que los cálculos según los cuales el Spiridon debería generar 0,34 metros cúbicos de residuos oleosos son un "dislate administrativo". El propio jefe de inspección termina su informe afirmando que el asunto "se convierte en una cuestión de equidad y de honestidad en el ejercicio de la función pública, ya que no se puede aplicar al buque una norma y a los demás otra más favorable. Tal actividad podía ser constitutiva de delito". Tres meses han pasado y el caso empieza a apestar, sobre todo porque la capitanía no aporta mejores pruebas: ¿era petróleo o caca de vaca lo que realmente vertía el Spiridon?.

El buque Spiridon, atracado en el puerto de A Coruña. / CARMEN VALIÑO

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