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domingo, 5 de octubre de 2003
Entrevista:JAVIER CLEMENTE | Entrenador del Espanyol | FÚTBOL | La jornada de Liga

"Beckham ha mejorado al Madrid: pasa y juega"

Javier Clemente (Barakaldo, Vizcaya; 1951) vuelve al Bernabéu. Ahora, como entrenador del Espanyol, equipo que siempre fue mejor recibido en el estadio blanco que el técnico vasco. Unánimemente considerado por las fuerzas blanquiazules como necesario para evitar el descenso en la última temporada, Clemente pasa un mal trago desde que se inició el presente curso. Indiscutible como reactivo, los últimos resultados le han puesto contra la pared, al ser su conjunto el colista, cuando lo que acomete es un trabajo a medio o largo plazo. Pero, según se esfuerza en advertir, está dispuesto a ganar al Madrid galáctico aunque sea con una defensa de cinco y un solo delantero, que no será Tamudo, lesionado. "Decir que debemos tutear al Madrid me suena a despropósito", insiste Clemente; "más que una cuestión de ignorancia deportiva, es mala leche".

"Ganar en el Bernabéu sería como si nos tocara la lotería. Y yo cada día me compro un décimo. Tenemos posibilidades"

"Quería que De la Peña y Roger se quedaran, pero el Espanyol no podía pagarles. Tan tonto no soy"

"He estado en la selección y el Athletic, un grande. No cambio mis éxitos en él por el banquillo blanco. Ni por casualidad"

Pregunta. En su ya larga carrera profesional ha visitado doce veces Chamartín como entrenador en la Liga. No ha ganado nunca. ¿Qué le dice una estadística tan cruda como ésa?

Respuesta. Evidente: que es muy difícil ganar en el Bernabéu porque el Madrid siempre tiene buenos equipos y es su casa... No es fácil. Eso significa... ¿De verdad que no he ganado nunca?

P. No. Es más, siendo usted entrenador del Espanyol, el Madrid les metió siete goles en 1992...

R. Sí, ahora que lo dice... Bueno, también empaté una vez, creo recordar. Yo soy optimista.

P. ¿Ve a su equipo ganando en el Bernabéu?

R. Por supuesto. Sería como si nos tocara la lotería. Y yo cada día me compro un décimo porque creo que me va a tocar. Si no, ¿para qué lo compro? Estoy convencido de que podemos ganar al Madrid. Sé que las posibilidades no son muchas, pero existen. Tienen que darse muchos condicionantes y no es fácil que ocurra, pero pueden producirse. Si tenemos diez oportunidades de cien, voy a intentar poner todo para que se dé una de esas diez. Por lo menos, yo voy a comprar el décimo.

P. ¿Tienen sus sensaciones alguna base futbolística?

R. Toda. Esto es un juego y un juego... de fallos. Por tanto, existe la suerte. Nosotros hemos perdido dos partidos por lo menos porque no hemos tenido la suerte de acertar en los momentos clave. Eso puede cambiar este domingo, ¿no? Ellos son muy buenos, es evidente, pero nosotros no somos tan malos como parece. Que nadie se crea que vamos a salir a pedirles autógrafos. Mi equipo tiene casta y no saldrá rendido. Quiero decir que el resultado no me agobia. Lo que quiero es que el equipo cambie de concepto y de estilo y que tenga garra y genio; que salga al campo con carácter y entidad, aunque lo ideal sería que ellos se perdieran y no llegaran al campo. De coña, tres puntos para nosotros.

P. Así que...

R. Que hay que jugar. Ellos ni se plantean cómo. Les da igual el Espanyol que el Betis. A nosotros, no. Yo le estoy dando vueltas a cómo lograr que mi equipo sea lo más fuerte posible, cómo podemos cerrarles los espacios, presionarles dos contra uno... Si pudiera, construiría un muro de cristal en el área pequeña para que se estrellaran. Pero lo que le aseguro es que van a tener que sudar. No se lo vamos a regalar.

P. Ese mensaje es muy propio de su manera de entender el fútbol. Más difícil de comprender es la fragilidad defensiva de su equipo: diez goles en cinco partidos y ahora se enfrenta al máximo goleador (13). ¿Está mal armado?

R. La baja de Soldevilla nos ha hecho mucho daño. Era el hombre que desde atrás imprimía carácter. Es el capitán, por algo será. Para colmo, también se lesionó Lopo. Estamos jugando con un lateral reconvertido en central, Torricelli, y un crío, Jarque. No es lo mismo jugar con Soldevilla que con Jarque; no porque el chaval lo esté haciendo mal, sino porque está aprendiendo. Pero es un chico de 70 kilos. En Valladolid se tiró al suelo para cortar una contra y Wome acabó haciendo penalti. Le dije: "No te tires porque le dejas solo; aguanta al que te encare". Contra el Málaga lo hizo: aguantó a Salva y, al final, le mandó una tarascada: salió volando él. Si lo hace Soldevilla, lo manda al tercer anfiteatro. Estos detalles marcan. Pero es lo que hay. No tengo otro. Y bastante está haciendo.

P. Le dirán que usted ha planificado mal la plantilla.

R.Vale, que digan. Mire, yo ya no soy un juvenil. Yo sé qué plantilla tenemos y por qué. ¿Que no va a salir nadie del club a defenderme? Pues... claro. Los jugadores, como mucho. Pero es que el Espanyol, con lo que le costó Beckham al Madrid, ficha 20 jugadores. Ésa es la diferencia. A Valdano le quisiera ver yo fichando en Montjuïc. Él va al mercado y compra la langosta mas fresca...

P. Y a usted se le acusa de buscar en los despojos...

R. No; yo no, el Espanyol. Para mí, sería muy fácil ahora decir que no me han traído lo que he pedido, como hacen muchos entrenadores, pero yo he aceptado trabajar con este plantel y, además, no son tan malos como dice la clasificación. Mire, por 40 millones no vino un jugador como el camerunés Olembé. Bueno, pues ya nos apañaremos. El club está saneando la deuda. Yo, como entrenador, creo que a veces hay que hacer un esfuerzo para apuntalar al equipo en Primera en un momento crucial, pero el director general mira los números y no se quiere arriesgar.

P. Al que van a echar será a usted...

R. Sería al primer entrenador que echan por perder en el Bernabéu. Pero no me preocupa nada eso. Es el fútbol. A él le echarán si el club vuelve a endeudarse. Que no olvide nadie que este club vendió su estadio por una mala gestión económica. Él hace su trabajo, aprieta a los intermediarios, aprieta en los contratos porque piensa en el dinero... Yo hago el mío y aprieto en el vestuario.

P. Tiene en el vestuario a dos jugadores de gran calidad, Óscar y Toni Velamazán, pero no juegan.

R. Yo también me sorprendo y me pregunto cómo es posible que con su calidad, con su talento, no jueguen más. Pero, al final, pongo a otro y es por algo.

P. Tampoco se entiende que prefiriera traer a Tayfun o Bastía antes de quedarse con Roger y De la Peña...

R. Yo quería que se quedaran, pero el Espanyol no podía pagarles. Tan tonto no soy. Pero lo que tenemos no es malo. El problema es que la gente se pone muy nerviosa. Yo, no.

P. ¿Cómo explica que después de la selección sólo haya trabajado en equipos que pelean por el descenso?

R. Será que me he convertido en un especialista. De la selección española salí tocado. Vamos, en mi destitución metieron mano hasta ministros... Pero, cuando todo volvió a la normalidad, elegí entre lo que me llegó y... no hubo ofertas de equipos que pelearan por los títulos. Pero ése es mi trabajo, ser entrenador, y es el mismo en un club grande que en uno pequeño.

P. ¿Vive con la espina de no haber entrenado a un grande?

R. No; he trabajado en la selección y en el Athletic. Y ese equipo sí es grande. Porque el orgullo de ganar Ligas sólo con gente de la casa no está al alcance ni del Madrid, por muchas Copas de Europa que tenga. No cambio mis éxitos en el Athletic por el banquillo del Madrid. Ni por casualidad.

P. En ese banquillo está Carlos Queiroz. ¿En qué ha mejorado el Madrid cambiando a Vicente del Bosque por el portugués?

R. En Beckham. Muchos creían que sólo sabía centrar, pero han descubierto que es mucho más que eso, porque el que centra como él es que sabe pasar y el que sabe pasar es que sabe jugar al fútbol. No sé qué habrá aportado Queiroz. No veo muchas diferencias. Del Bosque siempre me pareció un técnico brillante. Pero no ahora, sino que le conozco de hace años. A Queiroz le he visto un par de veces, pero no sé cómo trabaja. No puedo opinar.

P. ¿Este equipo galáctico es el mejor Madrid de la historia?

R. No. Ningún equipo superará nunca el fútbol que jugaba el Madrid de Di Stéfano. Era una máquina.

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