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sábado, 4 de octubre de 2003
Entrevista:BURGOS | Portero del Atlético | FÚTBOL | La jornada de Liga

"Me he reafirmado en mis valores"

Reencuentro feliz en Riazor. Molina, el portero del Deportivo, que antes lo fue precisamente del equipo rojiblanco, y Burgos, el del Atlético, protagonizarán hoy un reencuentro feliz en el estadio de Riazor. Será la primera vez, en efecto, que se vean frente a frente después del infortunio común que padecieron en el curso de la temporada pasada. Ambos sufrieron sendos cánceres. El valenciano, en los testículos; el argentino, en un riñón, con el agravante de que el otro lo tiene atrofiado por un problema congénito. Pero también los dos derrotaron a sus enfermedades. De sus experiencias, de cómo reaccionaron ante el mal y de lo que ha significado para ellos, han hablado con este periódico.

El gimnasio del Atlético retumba y parece como si las frágiles paredes se fueran a vencer y todo fuese a estallar hecho añicos. Se oyen golpes en los muros mezclados con los afilados acordes de un rock & roll. Germán Adrián Burgos (Mar del Plata, Argentina; 1969) ha terminado el entrenamiento matutino y, armado con un reproductor de música, se ha encerrado en la sala de aparatos.

Todos los días, desde que el pasado enero le operasen de un tumor maligno en un riñón, Burgos se enclaustra una hora para recuperar la forma. Llegó a sobrepasar los 100 kilos de peso tras estar un mes inactivo y ha necesitado un plan específico para recuperar el tono muscular. Eso y el tinte de sus leonadas mechas, ahora algo más oscuro, son los únicos cambios apreciables desde que padeció la enfermedad. Eso, y el que ahora aspira el mentol de un cigarrillo de plástico en vez de los veinte pitillos que antes se fumaba diariamente.

"Molina [al que hoy se opondrá en Riazor] y yo somos compañeros de batalla. Eso une. Nos hemos telefoneado mutuamente para darnos ánimos. En una de esas llamadas, ya se lo dije: 'Parece que El Barbas [Dios] necesita un portero".

Burgos no esconde las aristas de su enfermedad, pero tampoco se regodea en recrear su historial médico. "No ha cambiado mi perspectiva de las cosas porque yo siempre tuve bastante perspectiva. Sencillamente, el cáncer me ha hecho reafirmarme en los valores que ya tenía", comenta ocho meses después de visitar el quirófano en una cita a vida o muerte.

"Una de las sensaciones que me han quedado es que ya no me quedan partidos difíciles", dice en medio de una de sus peculiares risotadas. "La operación la veo ahora como una prueba que había que superar y que ya ha quedado atrás", añade sin querer esquivar el tema, pero dando a entender que es una época cerrada.

Lo que peor recuerda de su convalecencia es la inactividad: "Estar quieto es muy malo porque empiezas a dar vueltas a las cosas". Durante ese periodo, lejos del cásped, se volcó en los decibelios de un amplificador e hizo una gira con su grupo musical, The Garb.

Ahora, ya centrado en su oficio, "el de cazador solitario en busca de una pieza llamada balón", recuerda que no cree en la figura del guardameta "como un llanero solitario" y, a sus 34 años y tras haber estado al borde la muerte, reafirma "la madurez" como un elemento "esencial" para su tarea: "Convivir día a día con el gol".

Burgos.

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