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lunes, 29 de septiembre de 2003
Reportaje:LA POSGUERRA DE IRAK

Todo el comercio se convierte en contrabando en Irak

La ausencia de aduanas y controles provoca una invasión de importaciones y una exportación descontrolada

La Cámara de Comercio de Bagdad es, para muchos empresarios locales, la imagen del estado de la economía iraquí. Dentro del edificio de hormigón, plantado en el centro histórico de la capital, no queda absolutamente nada. Puertas, cristales, mobiliario, moquetas o incluso los enchufes han desaparecido a causa de la incansable labor rapiñadora de los saqueadores.

En unas sillas de plástico colocadas en la primera planta se sientan en corro varios hombres que fuman y dejan pasar las horas. Uno de ellos es Adbel Madik, presidente del organismo, quien ya ejercía el cargo bajo Sadam Husein. Madik no sabe qué hacer. "Todo es caos, nadie nos ha dicho nada". Junto a él, Malek al Aqaidi, un ex parlamentario de Sadam y empresario, se muestra más reivindicativo: "¿Dónde está la libertad económica que nos han prometido?". Al Aqaidi se queja del colapso económico y, sobre todo, de que los empresarios y comerciantes no saben cómo salir de la caótica situación.

"Tenemos las puertas abiertas de par de par y nos lo están robando todo", advierte Abhar

Una de las primeras medidas de la Administración estadounidense en Irak destinadas a reactivar el comercio es la creación del Banco de Comercio de Irak, con un fondo de 100 millones de dólares y 5 millones de capitalización. Entre los bancos occidentales interesados en la iniciativa destacan JP Morgan y el Deutsche Bank, aunque también hay una entidad polaca, el Millennium Bank. La creación de esta entidad fue anunciada el pasado julio, pero lo cierto es que todavía no se ha puesto en marcha.

La Administración estadounidense también ha permitido el establecimiento de un Centro de Negocios de Bagdad. Un ente fundado y gestionado por extranjeros que asegura tener un listado de casi 1.400 empresas iraquíes y que alguna de ellas ha obtenido subcontratas por valor de más de 900 millones de dólares. "Nosotros no sabemos nada de eso. Los estadounidenses no se han puesto en contacto con nosotros", apunta Abdul Halez Sadar, secretario general de la Federación de Cámaras de Comercio de Irak.

"No creo que Irak pueda acceder a una economía de libre mercado si no existe un Gobierno con competencias, especialmente en el caso del petróleo. Nadie nos está consultando a la hora de tomar decisiones y todo el proceso se está desarrollando al margen de los iraquíes", afirma Sadar, quien se carcajea al ser preguntado sobre las cifras del comercio iraquí: "No tenemos comercio formal con ningún país. Todo es contrabando".

"Tenemos las puertas abiertas de par de par y nos lo están robando todo", advierte Husein Abhar, de la Cámara de Comercio de Bagdad, en referencia a la ausencia total de agentes y controles aduaneros. El resultado es la invasión del mercado de todo tipo de productos, desde agua mineral hasta automóviles, que no han pagado ningún tipo de impuesto en la frontera. Los productos destinados al consumo llegan fundamentalmente de Turquía e Irán, aunque también se encuentran numerosos bienes de Jordania y los países del Golfo, y hasta agua mineral procedente de Israel, eso sí, con la etiqueta "fabricado en Palestina".

Los bazares iraquíes están repletos de frigoríficos iraníes, televisores coreanos y productos alimenticios elaborados que muchas veces tienen vencida la fecha de caducidad. Y drogas, que en muchas ocasiones no necesitan ningún sofisticado sistema de transporte. Nadie mira dentro de los camiones; a veces, alguna patrulla estadounidense buscando armas.

La ausencia de aduanas también está provocando el efecto contrario, la exportación incontrolada de productos iraquíes, especialmente agrícolas, cuyos precios son mucho más bajos que en los países vecinos. "El precio de la fruta y la verdura se está disparando en los mercados llegando a triplicarse, y la explicación más sencilla es que estamos atravesando un periodo difícil tras varias guerras y un duro embargo", opina Husein Abhar, "pero lo cierto es que, al mismo tiempo, hay campesinos que están vendiendo las cosechas enteras a compradores extranjeros, ¿por qué? Hasta ahora, el Gobierno garantizaba la compra de las cosechas a un precio político, pero este año no hay Gobierno que compre nada y los campesinos prefieren vender más barato a no vender".

Abhar asegura que miles de ovejas han sido vendidas a Kuwait y Arabia Saudí (donde el cordero iraquí es muy apreciado), originando una sangría a la ganadería del país que no será fácil de frenar. Además, los precios de los materiales útiles para la agricultura se han disparado; fertilizantes y semillas han doblado sus precios.

A pesar de este panorama, Peter McPherson, el responsable de las reformas económicas en Irak, aseguraba el pasado viernes que la situación económica ya se había estabilizado, aunque reconocía que todavía queda tiempo para frenar el crecimiento negativo de la economía. McPherson, que esta misma semana se reincorporará a su trabajo en la Universidad de Michigan, ha estado al frente de un grupo de 20 personas encargado de sacar a flote la economía.

McPherson se despide con una medida tangible, aunque más estética que efectiva. El próximo día 4 de octubre será presentada la nueva moneda iraquí -que entrará en circulación el día 14-, se llamará igual que la actual, dinar, y valdrá lo mismo, es decir, 2.200 dinares por dólar. La gran novedad es que desaparece el rostro de Sadam.

Soldados británicos, junto a una caravana de camellos conducida por comerciantes en Irak. / AP

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