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martes, 2 de septiembre de 2003
SALUD PÚBLICA

Pequeñas reducciones en los contaminantes de la atmósfera salvarían vidas en Europa

Valencia 2 SEP 2003

La contaminación del aire en Europa sigue cobrándose vidas a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años con la puesta en marcha de normativas cada vez más severas. Un estudio publicado en The Lancet estimó que en Francia, Alemania y Suiza mueren al año más de 19.000 personas por la contaminación del aire (al margen de afecciones crónicas, ataques al corazón y bronquitis), lo que supone un coste de 50.000 millones de euros anuales. Uno de los principales problemas pendientes son las partículas suspendidas menores de 10 micras (PM10), formadas por restos de polvo, hollín y cenizas. En las áreas urbanas proceden en gran parte de procesos de combustión utilizados en la industria, el tráfico rodado o la calefacción.

En las 19 principales ciudades europeas podrían evitarse 5.547 muertes al año

Una pequeña reducción de la presencia de estas partículas -de cinco microgramos por metro cúbico- evitaría 5.547 muertes prematuras al año en 19 de las principales ciudades del continente en las que viven 32 millones de habitantes, según un trabajo del programa APHEIS, una red vigilancia y control medioambiental (www.apheis.net) en la que participan 26 ciudades europeas entre las que se encuentran Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla y Valencia y que ha analizado los efectos de estos agentes. Los valores medios anuales obtenidos en las ciudades participantes varían entre 14 y 74 microgramos por metro cúbico (de 33 a 44 en las ciudades españolas).

Los avances realizados en los últimos 30 años respecto a la calidad del aire que respiramos en las ciudades han sido notables, como refleja el descenso de emisiones de dióxido de azufre. Otro de los principales agentes patógenos son las partículas en suspensión, especialmente las más pequeñas, integradas por restos de polvo, cenizas, hollín, partículas metálicas, de cemento o por sulfatos y nitratos, que pueden ser inhaladas y llegan a los pulmones.

Pese a la reducción de la presencia de estos compuestos en el aire, bajas concentraciones siguen siendo peligrosas, por lo que pequeñas reducciones comportan beneficios que se traducen en un descenso de las tasas de mortalidad. Así lo demuestra el estudio Una Evaluación del Impacto en Salud de la Contaminación Atmosférica en 26 ciudades europeas, elaborado por la red Apheis (Contaminación del Aire y Salud: un sistema de información europeo), integrada por el Instituto Nacional de Francia de Salud Pública, la Agència de Salut Pública de Barcelona (antes IMSP), el Centro Europeo para Medioambiente y Salud de la OMS y la Escuela Valenciana de Estudios para la Salud, junto a otras instituciones de Grecia, Suecia, Reino Unido, Irlanda, Hungría, Rumanía, Eslovenia, Polonia, Italia, Israel, Alemania y Estados Unidos.

En España, además, participan las Direcciones Generales de Salud Pública de las Comunidades de Madrid y del País Vasco, y la Escuela Andaluza de Salud Pública. Respecto a las partículas menores a 10 micras, los valores se situaron entre 14 (en el norte europeo) y 73 microgramos por metro cúbico (en los países del Este), pasando por los valores intermedios del sur del continente como los comprendidos entre 33 y 44 registrados en las ciudades españolas participantes.

En las 19 ciudades europeas estudiadas se evaluó también la exposición a los humos negros, partículas derivadas de la combustión de combustibles fósiles, fundamentalmente de vehículos de motor. En este caso, los estudios se centraron en 15 ciudades con una población de 25 millones de habitantes. El resultado fue que se podrían evitar, sólo a corto plazo, hasta 577 muertes al año si se redujeran los humos negros cinco microgramos por metro cúbico. Los valores de partículas registrados oscilaron entre 8 y 66 microgramos por metro cúbico. En Valencia el nivel promedio de 1999 fue de 23,5 microgramos. En esta ciudad, una reducción en los niveles por debajo de los 20 microgramos de media diaria evitaría 28 muertes prematuras.

"Incluso reducciones muy pequeñas y factibles en los niveles de contaminación del aire, como cinco micras por metro cúbico, tienen un impacto positivo en la salud pública, lo que justifica la toma de medidas preventivas incluso en ciudades con niveles bajos de contaminación", apunta Sylvia Medina, del Institut de Veille Sanitaire Saint Maurice, de Francia, una de las dos coordinadoras del programa Apheis, junto a Antoni Plasència, de la Agència de Salut Pública de Barcelona.

En el estudio también ha participado Ferran Ballester, de la Escuela Valenciana de Estudios para la Salud, quien aboga por intervenciones urbanísticas en las ciudades (estructuras urbanas que permitan la circulación del aire, aumentar las zonas verdes), el fomento de medios de transporte públicos o de vehículos no contaminantes junto al desarrollo de la tecnología que permita reducir las emisiones de contaminantes, como factores que permitirían rebajar la presencia de agentes patógenos en el entorno urbano.

Ambiente laboral y EPOC

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC no se debe casi exclusivamente al tabaquismo, como se creía, sino que también está relacionada con la calidad del aire que se respira en el trabajo. Al menos uno de cada cinco casos de EPOC estaría causado por la presencia de partículas tóxicas suspendidas en el medio ambiente laboral, de acuerdo con un estudio que se publica en el número de septiembre del European Respiratory Journal (ERJ).

Con independencia de si eran fumadores o no fumadores, los 2.000 sujetos seleccionados de entre más de 40.000 trabajadores de EEUU para este estudio tenían el doble de probabilidades de padecer EPOC si trabajaban en un medio contaminado por partículas tóxicas en suspensión. Según los investigadores del estudio, entre el 20% y el 30% de los casos de EPOC podían atribuirse a la exposición a este ambiente tóxico y catalogarse de enfermedad ocupacional.

La bronquitis crónica y el enfisema, los dos procesos patológicos que se recogen bajo el paraguas de la EPOC, constituyen la típica enfermedad respiratoria de los fumadores. La EPOC conduce progresivamente a un estrechamiento de las vías respiratorias y se acompaña de una creciente dificultad respiratoria.

La EPOC es responsable de tres millones de muertes cada año en todo el mundo. De ellas, unas 600.000 podrían deberse a la toxicidad del medio ambiente laboral, pero falta hacer estimaciones más precisas y adoptar medidas preventivas en el medio laboral. Se calcula que en la próxima década, la EPOC se aupará a la tercera plaza en la lista de causas globales de mortalidad.

Peatones junto a un vehículo que emite gran cantidad de humo y sustancias contaminantes. / EL PAÍS

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