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Reportaje:FÚTBOL | Elecciones a la presidencia del Barcelona

El Barça se vuelca con Laporta

El nuevo presidente gana a Bassat por más de 10.000 votos, en una jornada plagada de récords

Jaleado desde la salida, Joan Laporta (Barcelona, 1962) alcanzó anoche la presidencia del F. C. Barcelona, el club de su vida, con el vigor y el estruendo propios de un joven de 40 años, imparable con el viento a favor, inalcanzable incluso para el más venerable de los rivales, Lluís Bassat, de 61 años, desfondado y doblemente derrotado: 27.138 votos frente a 16.412. La victoria de Laporta resultó espectacular, incuestionable e histórica desde todos los puntos de vista: por el número de votos, 27.138 (52,57%), una cifra récord, superior a la de Josep Lluís Núñez en 1989 (25.441) y que le da la mayoría absoluta, y por la participación, la mayor en los más de cien años de la institución: 53,79%, cuatro puntos más que en 2000 (49,34%), siete más que en 1989 (46,9%) y cinco más que 1978 (48,6%).

De acuerdo con los estatutos del club, el mandato será sólo por tres años

Aun cuando en sus mejores sueños aspiraba a parecerse a Johan Cruyff y pedía reencarnarse en Pep Guardiola, Laporta se ha convertido en el sustituto de Joan Gaspart, contra el que combatió en las elecciones de 2000, y ocupará el trono en el que se sentó durante 22 años Josep Lluís Núñez, al que sometió a una moción de censura en 1998. No hay duda alguna sobre el pedigrí culé del joven abogado, un barcelonista infatigable cuyo triunfo es el premio a la perseverancia y a la ilusión y, al mismo tiempo, la mejor de las recompensas a una campaña tan espléndida que ha invertido en dos semanas la ventaja que le llevaba Bassat desde que el publicista reunió en su candidatura a los distintos símbolos del país: el financiero (Salvador Alemany), el político (Miquel Roca Junyent) y el futbolístico (Guardiola).

Ya derrotado en los comicios de 2000 por Gaspart, Bassat ha ejercido de barcelonista de entretiempo, vencido por el pasado y el futuro, víctima de un conflicto de intereses. Ha delegado tanto que ha acabado por negarse a sí mismo; ha tenido ideas para todo el mundo menos para él. Puesto que nunca se le puso cara de ganador, no le votaron todos los que pensaban y podían, sino que le abandonaron a su suerte. Ni la alta participación, un dato que parecía jugar a su favor pese a la atomización del voto, le ayudó a paliar una mala campaña porque su capacidad de movilizar a la hinchada conservadora fue inferior a la que tuvo en su día Gaspart.

Los que no se alineaban ni con uno ni con otro, los que han votado a los demás candidatos (Jordi Majó, Josep Martínez-Rovira, Josep Maria Minguella y Jaume Llauradó), entienden que a Bassat le ha pasado la hora y a Laporta quizá le ha llegado demasiado pronto, aunque todos se muestran dispuestos a colaborar desde la unidad, conscientes de que ganar unas elecciones es más fácil que gobernar el club, que pasa por un momento muy delicado social, deportiva y económicamente, con una deuda máxima de unos 220 millones de euros.

El mensaje del socio, en cualquier caso, ha sido inequívoco: pide una renovación a fondo de la institución y está dispuesto a correr riesgos como el de competir por el fichaje de David Beckham, aun cuando el jugador no parece estar por la labor de cumplir el acuerdo al que han llegado Laporta y el Manchester, el club de referencia de la candidatura vencedora.

Laporta, que se siente tan barcelonista como catalán, simboliza el cambio radical, un relevo generacional -la generación punto com, la llamaban algunos-, una manera de mandar opuesta a la de Núñez y Gaspart, que han dirigido el club durante un cuarto de siglo. A la hora de votar, ha pesado más el mensaje renovador e ilusionante de una campaña intachable, por bien diseñada y mejor comunicada, que la solidez de una candidatura como la avalada por Bassat, dispuesto "a perder las elecciones, pero no la dignidad". Laporta se creyó siempre el papel de ganador y lo defendió con un entusiasmo que no sólo contagiaba a los socios más fieles, sino que ha ido ganando votos a diario en la misma proporción en que Bassat los perdía.

El resultado de las elecciones confirma igualmente el buen hacer de Majó y expresa por otra parte la madurez democrática barcelonista. La jornada discurrió con gran exquisitez. Incluso el equipo, que ganó en Valencia (1-3), estuvo a la altura del club en un día histórico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de junio de 2003