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miércoles, 30 de abril de 2003
Crónica:

Navarro remata a un Madrid indomable

Herreros forzó la prórroga en un extraordinario partido que decidió la inspiración del alero del Barça

Desde siete metros, entrando a canasta y soltando su ya conocida y asombrosa bomba, desde la línea de tiros libres, saliendo desde el banquillo a socorrer a su equipo cuando peor lo pasaba. Así le hizo ganar Navarro al Barcelona uno de los clásicos más bellos de los últimos tiempos. El Madrid no hizo honor a su mala clasificación ni a su deficiente temporada. Todo lo contrario. De hecho, en el cómputo de los 45 minutos jugó mejor. Y hasta forzó la prórroga cuando menos se esperaba, gracias a un Herreros colosal, que se sacó cinco puntos de la manga cuando todo parecía sentenciado, dos atrapando un rebote ofensivo y tres más con un triple que ya no tuvo más réplica. Pero en la prórroga, nada ni nadie pudo con Navarro, aunque el Madrid demostró un carácter indomable y también un arsenal considerable, aunque no del todo bien administrado como expresa su última posesión. Quedaban menos de diez segundos, perdía por tres y buscó una canasta de dos. Ahí se acabó el partidazo, de los que reconcilian con el buen baloncesto.

BARCELONA 92 - REAL MADRID 91

Barcelona: Jasikevicius (10), De la Fuente (2), Bodiroga (15), Fucka (15), Dueñas (5) -equipo inicial-; Femerling (9), Nacho Rodríguez (0), Alzamora (8) y Navarro (28).

Real Madrid: Victoriano (4), Herreros (21), Mumbrú (2), Alston (21), Reyes (16) -equipo inicial-; Tarlac (9), Sonseca (2), Mulaomerovic (5) y Angulo (9).

Parciales: 14-19, 22-19, 28-28 y 18-16. Prórroga: 10-9.

Árbitros: Martín B., Arteaga y Sánchez M. Eliminaron por faltas a Victoriano y Mulaomerovic.

Palau Blaugrana. Lleno. Unos 8.000 espectadores. Asistió al encuentro el jugador de los Grizzlies de Memphis, Pau Gasol.

El Barcelona, pensando en la Luna o en su eterna obsesión, la final four que se avecina, empezó en las antípodas de su estampa más fiera. No metía una, tiraba con la precipitación que saca de sus casillas a Pesic y no encontraba manera de meter en el partido a algunas de sus piezas básicas. Reyes se movió como una anguila entre el aro y Dueñas y Mumbrú apenas permitió que Bodiroga sacase la escopeta. El Madrid le tomó mucho mejor el pulso al partido. Defendió con mucho dinamismo, cambió a veces a una zona 3-2 en la que se enredó el ataque azulgrana y aprovechó la calidad de uno de los pocos tiradores puros que quedan en el campeonato, Herreros por supuesto.

La diferencia de biorritmos se reflejó también en el factor anímico, en la forma en que Reyes, Alston o, desde el banquillo Imbroda, protestaron algunas de las muchas faltas que sumó el Madrid. Fue una de sus rémoras, las constantes concesiones de tiros libres que el Barcelona, remiso en todo cuanto fuera lanzar a canasta, sólo aprovechó a medias.

Pero el Barcelona demostró un reprise asombroso. En un par de minutos, con la gente del banquillo, que no es poco porque allí estaba por ejemplo Navarro, pero también con un sobresaliente Alzamora, el Barcelona equilibró el marcador, remontó nueve puntos de desventaja (8-17) y en un abrir y cerrar de ojos se puso por delante (26-23). Al Madrid se le apagaron las luces en esa fase porque pagó muy caro el relevo de Victoriano por Mulaomerovic. El base argentino impartió una lección magistral de lo que significa dirigir un equipo. Cuando Imbroda le dio descanso, el Madrid se desmoronó. Mulaomerovic no dio una a derechas y el juego del Madrid se deshilachó. Imbroda tuvo que ordenar la vuelta a la defensa individual después de contemplar las facilidades que otorgaron sus jugadores para que Navarro, Alzamora y Bodiroga le endiñaran tres triples. La vuelta al cuerpo a cuerpo en defensa y el regreso a la pista de Victoriano volvieron a equilibrar la situación.

El tercer cuarto reprodujo los tics del arranque del partido pero esta vez más por mérito del Madrid que por demérito del Barcelona. Angulo se emparejó con Bodiroga. Junto a Victoriano robó un par de balones y abanderó uan serie de contraataques que dejaron tieso al Barcelona. Y además, desatascó la estadística en triples -0 de 8 en la primera parte- junto a Herreros. Alston acabó de completar bajo tableros la variedad del juego que, por momentos, rozó la perfección. Y la consecuencia fue la brecha que se abrió: 46-58. Pero, sin jugar bien, con sus dos pívots reservas -Femerling y Alzamora- y con un inspiradísimo Navarro, el Barcelona demostró lo mucho que hay que rematarle cuando está medio tocado. En otro abrir y cerrar de ojos, el equipo de Pesic volvió a meterse de pleno en un partido en el que había naufragado por momentos.

Era el escenario que más le gusta al Barcelona. El rival de más a menos, muy presionado, desquiciado por momentos, hasta el punto de que los árbitros castigaron con dos faltas técnicas las desaforadas protestas de Angulo e Imbroda por una falta que, según ellos no había existido. Cuando el Barcelona tomó carrerilla, el partido parecía visto para sentencia (75-68). Pero entonces acabó de emerger la figura de Herreros, que forzó la prórroga, y a renglón seguido, la de Navarro, que zanjó el tema.

Mumbrú entra a canasta pese a la oposición de Femerling. / RAFA SEGUÍ

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