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Origen y persecución de las 'maras' de Centroamérica

Las pandillas juveniles conocidas como maras -de marabunta- tienen su origen en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, en la década de los ochenta y entre la población salvadoreña, que fue la que más emigró a la zona de California para huir de la guerra civil (1980-1992).

Luego se extendieron a los núcleos migrantes centroamericanos, específicamente entre los indocumentados. La mara Salvatrucha y la mara 18, organizadas en la ciudad estadounidense, fueron una respuesta al dominio que ejercía la llamada Mexican Mafia.

Pedro Gónzalez, jefe de la División de Investigación Criminal de la policía salvadoreña, indica que el vínculo entre las organizaciones delictivas (dedicadas al pillaje y narcotráfico) se mantiene y se ha extendido por las ciudades de EE UU y las naciones centroamericanas, especialmente en El Salvador. Allí los integrantes de las bandas, organizados en clicas -especie de pelotones-, se calculan en más de 35.000, mientras que en Honduras se estiman en 100.000. De acuerdo a la policía, las maras nutren el crimen organizado.

A los jóvenes mareros se les identifica por los tatuajes de letras y números góticos que tienen en gran parte del cuerpo. Un estudio titulado Barrio adentro, de la Universidad Centroamericana, regentada por jesuitas, explica que el fenómeno, fundamentalmente urbano, de las maras está ligado a la pobreza, la violencia y la desintegración familiar.

En Honduras y en Guatemala, la organización humanitaria internacional Casa Alianza ha registrado 50 homicidios diarios de pandilleros juveniles por grupos de exterminio con nexos oficiales. Desde 1998 hasta 2002, se contaron más de 1.500 asesinatos de jóvenes presuntamente mareros, en Tegucigalpa y en San Pedro Sula. Por algunos de dichos crímenes están siendo procesados 18 agentes policiales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de abril de 2003