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Carmen Consoli dice que utiliza el idioma "como una guitarra"

La cantante siciliana ha vendido un millón de copias de su último disco

Carmen Consoli (Catania, 1974) llega precedida del éxito en Italia, donde ha vendido un millón de discos. La cantante siciliana, una artista pop nada convencional, realiza en estos días una gira por diversos países europeos para presentar su álbum Carmen Consoli, 13 temas de los cuales cinco están interpretados en inglés, con el que intenta abrirse nuevos mercados. La cantante, compositora de todas las canciones, se presentó anoche en Madrid.

Carmen Consoli se grabó muy cerca del Etna. La cantante y guitarrista eligió una casa en el campo, con el mar a un lado y el volcán a otro, para vivir con su grupo durante los ocho meses que duró la preparación del álbum. "Aproveché ese tiempo para escucharme a mí misma y escribir sin prisas", cuenta la artista, que en esos meses no dispuso ni de televisión ni de radio. En el campo, y con las únicas noticias que le daban los campesinos, la artista compuso L'eccezione (La excepción), una canción con la que responde a los que creen que el pop inteligente no vende. Consoli, que tiene el Premio MTV 2002 a la mejor artista femenina, es de las que creen que no hay que hacer concesiones ni ir por los caminos fáciles, y lo expresa así en su canción: "Se dice que a cada renuncia / corresponde una contrapartida / considerable. / Pero la excepción / confirma la regla. / Si es cierto / que a cada reuncia correponde / una contrapartida considerable, / privarse del alma comportaría / una espléndida recompensa".

Lleva el pelo recogido en una coleta, luce camiseta negra, pantalón caqui, zapatillas de deporte y un abrigo, de un tejido estampado con relieve. Cuando le preguntan la edad, suele responder que tiene 30 años, una edad que le gusta y que no cumplirá hasta dentro de dos años. Podría encajarle la etiqueta de niña prodigio, algo que ella niega. Sin embargo, era tan pequeña que no se acuerda de la primera vez que cogió una guitarra. Siguiendo los consejos de su padre, un guitarrista de jazz, aprendió pronto a tocar y a guardar en un casete "sus secretos musicales". "Toda mi vida está grabada en esas cintas. Le ponía voz y música a todo lo que me ocurría y así he seguido hasta ahora". En su casa se escuchaba música de la Creedence Cleawater Revival, Aretha Franklin o la Jefferson Airplane. Con 13 años, Consoli formó su primera banda, y por los pubs y bares de Catania versioneaba todos los éxitos de la psicodelia sesentera a ritmo de tarantela.

Le hubiera gustado grabar alguna canción en español en su disco de presentación en Europa, pero su conocimiento del idioma no alcanza más que para tararear algún que otro bolero. "Las canciones dulces suenan mejor en italiano, y las más rotundas, en inglés, un idioma que hablo. Mi voz en español no tendría credibilidad", añade. Consoli, cuya página web se abre con la frase "A la belleza le gusta esconderse", asegura que utiliza "el idioma como si fuera una guitarra. Si hiciera una canción de B. B. King, utilizaría una Gibson Labelle, y si fuera una de Jimi Hendrix, una Fenderstratocaster".

Pese al millón de discos vendidos y a ser una de las artistas favoritas del top-manta italiano, a Consoli no se le ha subido el éxito a la cabeza. "No soy una pop star. Sigo viviendo en Catania, tengo los amigos de siempre y huyo de los ámbitos modernos. No me gusta nada llamar la atención. Para mí, la música es algo casi religioso. Lo más importante de esta gira europea es tocar y volver rápido al hotel para seguir grabando mis memorias musicales". Sus referencias se remontan a Mina, Gal Costa, Ornella Vanoni y Paola Turci. "Me parece muy importante que los artistas compongan sus canciones. La música es como un diario y, cuando compro un compacto, quiero leer su vida".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de marzo de 2003