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sábado, 1 de marzo de 2003
Crónica:LA CRÓNICA

El vuelo de la gallina

He recibido el informe anual sobre el sexismo en los medios de comunicación que ha elaborado el Instituto Catalán de la Mujer. Para ver si lo entiendo, llevo toda la mañana visionando, una y otra vez, el vídeo de los anuncios que consideran sexistas. Y, por favor, no crean que al sugerir mi incapacidad de comprensión estoy perpetuando el papel machista de la mujer intelectualmente incapaz. Es que a veces me cuesta distinguir entre el feminismo primigenio y la Sección Femenina.

Uno de los anuncios es el de los yogures desnatados Pascual. En él, la puerta de cristal de un edificio se abre horizontalmente cada vez que entra una mujer. Pero al entrar la que toma el yogur, debido a su figura esbelta, la puerta se abre menos. Digo yo que lo sexista es estar delgada. Otro de los anuncios es el de Balay. Se ve a una chica leyendo, bebiendo agua y paseando por la playa, mientras un señor, que simboliza la marca, le pasa las páginas del libro, le saca agua del pozo o le recoge las sandalias: para "hacerle la vida más fácil". El informe indica que lo sexista es que en el anuncio "se otorga a la mujer la responsabilidad de las tareas domésticas". La chica no parece una madre o una esposa. Pero admitamos que sea sexista el simple hecho de que en un anuncio se le ofrezca una nevera a una mujer, aunque la mujer viva sola. No se me ocurre qué hacer. Si intercambiamos los personajes y es ella la que saca agua del pozo y la que le recoge los zapatos a él, ¿no parecerá que perpetúa el papel de criada del hombre? ¿Y si ponemos a dos hombres? Entonces, habrá quien diga que la mujer es invisible y no sale representada en los anuncios. Si ponemos a dos mujeres será peor, porque se podrá alegar que las cuestiones de electrodomésticos se dirimen exclusivamente entre nosotras. Si ponemos a dos hombres y a dos mujeres nos cargamos la idea del anuncio, en el que el personaje principal disfruta de la soledad.

¿Es sexista el anuncio de Martini, en el que dos chicas abusan sexualmente del botones en el ascensor?

Sufro porque los anuncios con el cuerpo femenino como objeto del deseo también les han parecido sexistas. Eso me hace pensar que, del mismo modo, les parecerá sexista el del Martini en el que dos chicas abusan sexualmente del botones en el ascensor, después de robarle la cubitera. Con lo que me atrae ese botones. Más que sexista, me parece sexy. Aunque, en cambio, no me extrañaría que retirasen el anuncio del coche que banaliza la violencia. ¿Lo recuerdan? La chica estaciona su vehículo y sube unas escaleras. El portero le dice: "No puede aparcar ahí". Y ella le clava el tacón de aguja en el pie, al tiempo que exclama: "¿Prefieres que aparque aquí?". Sí, sí: ese anuncio es pura violencia de sexo. Imagínenlo al revés. Sin embargo, de todo el informe, uno de los anuncios sexistas más pintorescos es el de Amena. En él, Robin Hood, sentado en un árbol, salva de una cuota telefónica abusiva a una usuaria del móvil. Supongo que es el hecho de que un hombre salve a una mujer lo que les parece incorrecto. ¡Pero Robin Hood robaba a los ricos para darlo a los pobres! Esa es la idea del anuncio, reforzada, además, por la colorimetría: Robin Hood iba de verde, el color corporativo de la empresa. Es Robin Hood y no es Colombo o Marie Curie por cuestiones argumentales. ¿Qué hacemos? ¿Convertimos también en un hombre al usuario del móvil salvado por Robin Hood? ¿Sustituimos a Robin Hood por Juana de Arco? ¿Hacemos una Robie Hood femenina?

Pero no todo van a ser anuncios. En el informe no faltan los cuentos infantiles sexistas. Como el incorrecto Marillina y sus pollitos, que he ido a comprarme enseguida a la librería Abacus. Resulta que en ese cuento los hábitos de limpieza o aprendizaje los transmite mamá gallina, mientras que papá gallo se encuentra ausente. Pero es que en el mundo avícola es la gallina la que enseña los hábitos de alimentación, limpieza y supervivencia a los pollos. El gallo no está porque se encuentra copulando con otras gallinas (sexualmente liberadas). Para que este cuento no sea sexista, hay que falsear la realidad. Y yo estoy dispuesta a ello. A partir de ahora, en los cuentos correctos serán la gallina y el gallo, juntos, quienes incuben los huevos y alimenten a los polluellos. El gallo -que, por cierto, será monógamo- irá a trabajar con la gallina. Cuando despunte el alba ambos se encaramarán al palo más alto del gallinero y cantarán, al unísono, un igualitario "¡quiquiriquí!". Si ustedes no ven sensato contarle a los niños / niñas que los gallos incuban y las gallinas cantan al amanecer, podemos prohibir en los cuentos infantiles a los animales con comportamientos sexistas. Se acabaron los / las cerditos / cerditas, los / las perritos / perritas o los / las cabritas / cabritos. A partir de ahora, en los cuentos de los / las niños / niñas sólo habrá abejas. Y hablo así porque las compañeras del Instituto Catalán de la Mujer también han tachado de sexista un informe de la Fundación La Caixa llamado La família espanyola davant l'educació dels fills. La razón es que en él se usan palabras como padres, hijos o profesores para hablar de colectivos formados por personas de los dos sexos. A partir de ahora, pues, todos / todas los / las queridos / queridas amigos / amigas lectoras / lectores procurarán ser correctos / correctas con los / las personas masculinas / femeninas que somos todos / todas nosotros / nosotras y no sólo unos /unas cuantos / cuantas.

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