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Crítica:LIBROS

Bruselenses

La novela La Noria, del escritor francófono belga Jacques de Decker (Bruselas, 1945), propone un viaje por el corazón de algunos habitantes de Bruselas, hasta configurar un fresco.

La técnica narrativa establece un recorrido circular entre personajes que se encuentran momentáneamente o mantienen una amistad o una relación afectiva o profesional, hasta completar un círculo. Dos amigas, Elisabeth y Sabine, vuelven a verse tras una separación de años. Sabine, funcionaria de Hacienda, sirve como hilo para llegar a Patrick, un vendedor con problemas con el fisco; a través de éste conoceremos a su novia Brigitte, quien trabaja para Bruno, quien a su vez, tiene un hermano en el Ministerio de Obras Públicas y así seguimos hasta llegar nuevamente a Elisabeth... un recorrido vertiginoso, a la vez nostálgico y simbólico, por las clases sociales y por el espacio de la ciudad.

Esas escenas entre los personajes sirven para crear un ambiente y una atmósfera de la simplicidad y de la sabiduría de la vida: industriales, secretarias, artistas, funcionarios, ancianos y niños entran en el giro de la novela, en su mirada para crear un mundo de sensaciones claras. Se alude quizás a Dublineses en el texto, en el sentido que se retratan unas vidas que no son ni costumbristas, ni anecdóticas... Son comunes y se enraizan en lo cotidiano, para ver en el fondo la condición humana. Alguien comentó que la cultura francesa había hecho una obra de arte de la clase media. He aquí un ejemplo de lo normal llevado al arte: todos son algo felices en su vida gris.

Las breves descripciones y los diálogos tenues, como si la vida que pasa se fuera en silencio, ofrecen la posibilidad de entrar en el símbolo de ese mundo cotidiano.

Los objetos más normales y los comentarios ocasionales se refieren al trabajo que está realizando la novela, en cuanto ofrecen la posibilidad de llegar más allá en la recreación de un mundo simbólico. Del personaje pintor y de sus cuadros se dice, por ejemplo, que "de cada lienzo emanaba un humor distinto, un clima absolutamente particular" y lo mismo puede decirse de estas escenas: cada una emana su propia sensación, pero todas apuntan a la recreación de unas vidas que desde su absoluta normalidad afinan el sentimiento de ternura y de verdad.

La Noria es un viaje por los recuerdos, por los gestos mínimos, por los esbozos de vidas contadas, por los elementos de una comunidad que cuenta una historia entrañable. Por cierto, ¿alguien vio algún inmigrante, algún extranjero, pasar por sus páginas?

Jacques de Decker: La Noria. Bassarai. Vitoria, 2003, 157 páginas. 12 euros.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de febrero de 2003