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jueves, 30 de enero de 2003

Sharon intenta formar un nuevo Gobierno de unidad nacional con los laboristas

Los nacionalistas del Likud obtienen 37 escaños en un Parlamento de 120

Sharon, ¿qué vas a hacer con tu victoria? Ésta es la pregunta que se hace desde ayer Israel, una vez conocidos los resultados de las elecciones legislativas en las que el Likud dirigido por Ariel Sharon ha obtenido una aplastante victoria con 37 diputados de los 120 con que cuenta el Parlamento. Esto le obliga, sin embargo, a buscar alianzas para gobernar. Sharon ha anunciado ya su intención de formar un Ejecutivo de unidad nacional con todos los partidos sionistas, pero sobre todo con los laboristas, que han sufrido una derrota histórica: de 25 escaños han pasado a 19.

La propuesta del ex general Sharon, que trata de repetir la cohabitación Likud-laboristas de los dos últimos años, ha sido ya rechazada con firmeza por el secretario general de los socialistas, Amram Mitzna, que ha asegurado que dirigirá el partido desde la oposición, donde le ha colocado la derrota electoral, la más dolorosa sufrida por su organización desde la proclamación del Estado de Israel.

"Sharon espera que le apuntalemos, pero lo que vamos a hacer es derrotarlo. No es una vergüenza sentarse en la oposición. Recuerdo y prometo que la espera para nuestra llegada al Gobierno será corta", contestó tajante Mitzna, al tiempo que anunciaba una travesía del desierto, desde donde piensa regenerar el partido, reconducir el proceso de paz y restablecer el dialogo con los palestinos. Para Mitzna, Oslo aún no ha muerto.

La respuesta de Mitzna se veía ayer respaldada por el periódico Haaretz, portavoz oficial de los socialistas israelíes y uno de los rotativos más prestigiosos de Israel, que desde su editorial animaba a la cúpula del laborismo a "definir su personalidad", demarcarse de la derecha y reanudar su reconciliación y compromiso con los palestinos.

Esta postura oficial del laborismo puede tener, sin embargo, los días contados, ya que un sector de la cúpula del partido -especialmente Benjamín Ben Eliezer, Ehud Barak y Simon Peres- propugna en silencio renovar la alianza con los nacionalistas del Likud y espera la convocatoria del comité central y la celebración de unas primarias para defenestrar a Mitzna.

"Tarde o temprano, los laboristas entrarán en el Gobierno de unidad nacional", se insistía ayer en las filas del Likud, desde las que se pedía el rearme patriótico para hacer frente y vencer a los tres miedos nacionales: la Intifada, la posible guerra de Irak y la crisis económica.

Tomy Lapid, líder del reforzado partido Shinui (Cambio), que ha conseguido pasar de 6 a 12 diputados blandiendo la bandera del fundamentalismo laico frente a los partidos ultraortodoxos, se sumaba ayer a las maniobras unitarias de Sharon y propugnaba un Gobierno de concentración con los nacionalistas del Likud y los laboristas, lo que permitiría sumar en total 71 escaños. Lapid llegó incluso, en plena euforia poselectoral, a aconsejar a los laboristas que derrocaran a su líder si se negaba a sumarse a la coalición. Shinui se niega a entrar en una coalición en la que estén presentes partidos religiosos. No obstante, Lapid afirmó que, si un eventual ataque de Estados Unidos a Irak pusiera a Israel en estado de emergencia, consideraría esa posibilidad "por un tiempo limitado".

La alianza del Likud con los laboristas es trascendental para Sharon, ya que le permitiría obtener la confianza y el apoyo de la comunidad internacional, y especialmente renovar sus lazos de solidaridad con Estados Unidos en un momento económicamente difícil, en el que trata de mejorar la ayuda económica que le pasa anualmente Washington. Esto le permitiría aumentar de los 3.000 millones de dólares anuales hasta 4.000, a lo que se añadirían 8.000 millones más en créditos blandos que, según los expertos financieros, "no se suelen devolver". La ayuda estadounidense es vital en este momento de crisis, en el que Isreal registra por segundo año consecutivo crecimiento negativo, el turismo, segunda fuente de ingresos, cae un 80% y el paro se eleva a un 10,5%.

Sharon guarda dos operaciones de repuesto si le fallan los laboristas. La primera, una alianza con los partidos radicales religiosos, sus amigos tradicionales, aun a costa de mantenerles las prebendas, entrar en contradicción con Estados Unidos y provocar el pánico en la comunidad internacional, en especial en la comunidad árabe y en sus vecinos los palestinos. La segunda, más drástica y dolorosa, la convocatoria de unas nuevas elecciones generales.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, felicitó ayer a Sharon por la victoria y le pidió que trabaje para lograr la paz con los palestinos. El presidente le reiteró la "necesidad de que Israel viva en seguridad, de que se cree un Estado palestino" y de trabajar juntos para aplicar los acuerdos. Aunque no se conocen fechas, se asegura que, una vez formado el nuevo Gabinete, Sharon viajará a Estados Unidos para ser recibido oficialmente en la Casa Blanca en la que será su octava visita en los últimos dos años.

Sharon saluda a sus seguidores en Tel Aviv. / ASSOCIATED PRESS

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