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lunes, 30 de diciembre de 2002
Entrevista:DANIEL JONAH GOLDHAGEN | Escritor

"La Iglesia Católica debe una reposición moral a los judíos"

Por haberse lavado las manos, por mirar a otro lado cuando el exterminio se convirtió en un clamor, por inducirlo, por señalar con el dedo acusador y culpar de todos los males al pueblo judío; por eso y por más cosas que recoge Daniel Jonah Goldhagen en La iglesia y el Holocausto judío (Taurus), el Vaticano debe pagar ante la historia, dice el autor. "Es necesaria una reposición moral a los judíos y una revisión profunda de la doctrina y los textos que la enseñan por parte de la Iglesia", asegura este escritor estadounidense, profesor de Estudios Gubernamentales y Sociales en Harvard, polémico, azotador, joven y con pinta de espabilado, que publica ahora su último estudio en España.

Goldhagen pasó por Madrid, lanzó los dardos de los datos escalofriantes de su libro y mantuvo alguna discusión con jesuitas y teólogos en público. Se adentró en el tema a raíz de su estudio anterior, en el que analizaba la actitud de los alemanes ante el exterminio, que se titulaba Los verdugos voluntarios de Hitler y que le reportó en 1997 el Premio a la Democracia en el país germano. Cree que el Holocausto llega a ser hasta inducido por un magma de 1.900 años de culpas y ataques. Tanta inquina no podía acabar bien. "Hay que combatir el contínuo daño que los católicos han hecho a los judíos y enseñarles a no ser antisemitas porque durante siglos, han creído que los judíos eran los culpables de todos sus males".

Pero Goldhagen generaliza sólo para buscar las raíces de la culpa en personajes concretos. Y sobre todos ellos sobresale el Papa Pío XII, del que se han extendido los paños calientes del perdón oficial a posteriori: "Hoy hay mucha más información y se abren nuevas perspectivas. ¿Puede ser considerado el Papa colaborador de los nazis, al nivel del régimen de Vichy en Francia, por ejemplo?". Goldhagen cree que sí.

¿Y qué hizo Pío XII para merecer tanta atención? Eugenio Pacelli, antes de ser Papa, fue empresario del Vaticano en Alemania entre 1920 y 1930, en plena gestación del nazismo. En 1933 negoció un acuerdo de cooperación con el régimen de Hitler, que le ayudó a legitimar su posición internacional.

Cuando los estragos de los cuerpos quemados empezaban a conocerse, no sólo guardó silencio. Tampoco exhibió, contrariamente a lo que se cree, una proverbial neutralidad, a juicio del autor. "No sólo mintieron al hacer creer que no sabían nada, no sólo algunos miembros de la Iglesia colaboraron activamente con los nazis, sino que alentaron directamente al exterminio. En 1937 se publicó un libro de obispos alemanes en el que sostenían teorías racistas y antisemitas", afirma. Y los términos no dejaban lugar a dudas. "Eran las enseñanzas oficiales en las que, por fases, se consideraba la segregación, primero; la expulsión, después y por último la eliminación".

Ahora no sólo se ha ayudado a enterrar los hechos y se han puesto trabas y más trabas hasta que el sábado pasado la Iglesia anunció que abriría los archivos de la época nazi a partir del 15 de febrero próximo, sino que Pío XII guarda su turno para ser canonizado. "¿Cómo lo arreglamos, entonces?", se pregunta. "Pues con la misma doctrina y principios que les rigen a ellos", dice el escritor. "Predican decir la verdad, pues ya es hora de que se abran completamente los archivos del Vaticano, algo que hasta los suizos han hecho para estudiar ese periodo", decía Goldhagen antes de conocer la noticia de la apertura.

Pero hay más. "Hay que llevar a cabo una profunda revisión de los libros de doctrina, es algo que se ha hecho también en los textos ortodoxos, donde se ha intentado lo imposible por adecuar los dogmas a estos tiempos. Hay que confrontar el antisemitismo del Nuevo Testamento, nadie puede negar que está lleno de prejuicios. Imaginen que a todos los españoles, una religión les señala como hijos del demonio y que eso es palabra de Dios", dice.

Sobre la elevación a los altares, Goldhagen quiere mostrarse discreto. "No me corresponde a mí decirle a la Iglesia qué debe hacer", asegura este autor que no oculta su origen judío. "Pero si quieren considerar santo a alguien que ha cometido crímenes y que hoy sería juzgado en los tribunales, allá ellos".

Quiere llamar la atención a los católicos de buena voluntad. "Me gustaría que esas personas de buena fe se plantearan estas custiones y no intento que todo el mundo esté deacuerdo conmigo", dice. Sabe que convencer a la maquinaria jerárquica es difícil. "Juan Pablo II no quiere entrar a fondo en el pasado. La Iglesia Católica se presenta como una institución moral, pero en realidad es una organización política y como tal hay que pedirle cuentas", asegura.

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