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Reportaje:

Hallado un filón olvidado con tapices de Rubens

La Fundación Santa Rita de Casia dejó 50 años en depósito en la Real Fábrica un legado de 23 textiles que van a ser restaurados

La iglesia barroca de las Calatravas, enclavada en la cúspide de la calle de Alcalá, sobrevivirá a sus agudos achaques. Una restauración de gran envergadura, protagonizada de consuno por el Gobierno regional, el Consistorio de Madrid y el Instituto del Patrimonio Histórico Español, más Cajamadrid y Gas Natural ha salvado ya sus altivas cresterías y su hoy brillante cubierta de pizarra. Surgida en el siglo XVII del tratadista arquitectónico fray Lorenzo de San Nicolás, inventor de la bóveda encamonada, la rehabilitación interior del templo ha permitido sacar a la luz uno de los tesoros más clamorosamente olvidados de la ciudad: una deslumbrante colección de 23 tapices tejidos en Flandes a partir del siglo XVI, que languidecían enrollados en un rincón de la Real Fábrica de Tapices.

Los tapices, pertenecen a la Fundación Santa Rita de Casia -cuya sede es la iglesia de las Calatravas- que engloba una asociación laica y mixta, con fines religiosos, establecida en Madrid en el año de 1845. Hoy consta de unos sesenta miembros de ambos sexos. Entre sus propósito, reconoce su presidenta, la economista Rosa María Barranco, figura el despliegue de acciones caritativas. "A ello pensamos dedicar el resultado de la restauración de los tapices, que se encontraban en un estado preocupante", destaca esta mujer madre de dos hijas, que dirige una consultora madrileña. "Una compañía británica especializada en subastas tasó los tapices en una cifra comprendida entre quinientos y mil millones de pesetas", confiesa Barranco, que llevó a los tasadores un vídeo con imágenes de ese tesoro. Ella llegó hace dos años a la dirección de la asociación madrileña. "Me encontré con este magnífico legado de Victoria Oliva, donado a Santa Rita de Casia en la primera década del siglo XX".

No se trata de tapices cualesquiera, sino más bien de algunos de los mejores textiles suntuosos con los que Madrid cuenta. Y en Madrid hay lugares como el Palacio Real o la Casa de la Villa que poseen ejemplares en verdad extraordinarios.

De los 23 grandes tapices que componen la deslumbrante colección madrileña consagrada a la santa italiana, al menos cuatro de ellos proceden de cartones pintados por Pedro Pablo Rubens (1577-1640), aquel flamenco enamorado de Madrid a quien durante su visita en 1628 distinguiera con su amistad y admirara Diego Velázquez, y cuya obra entusiasmara tanto al monarca Felipe IV. Del legado rubensiano destaca la serie consagrada al Cónsul Decio, su victoria sobre el Emperador Filipo y su despedida de los Lictores. Otros fueron pintados por discípulos suyos tan brillantes como Jakob Jordaens -de quien se asegura que, incluso, superó a su maestro en este menester- o por otros miembros destacados de su taller, reconoce Antonio Sama, experto de la Real Fábrica de Tapices, que en estos días acomete una nueva catalogación y documentación de los textiles depositados en la histórica factoría artesanal madrileña "al menos desde 1948", asegura Rosa María Barranco, que decidió recuperarlos y conseguir su restauración.

Quienes confeccionaron tramas y urdimbres de estos paños tan sabiamente labrados fueron tapiceros de la talla de Jan Raes, Franz van den Hecke, Jakob van Zeunen, Heinrich Reydams o Jakob Geubels, I y II, las mejores manos de Flandes; así lo señalan las firmas y los monogramas que, a la sazón, se inscribían en sus contornos y hoy orgullosamente muestran. Buena parte de ellos exhibe dos B, correspondientes a Bruselas y Brabante, focos tapiceros entre los más importantes del mundo, al igual que lo fueran los de Arrás, desde 1659 francesa, la belga Tournai y París. Hay también algún enigma, como las iniciales Nrde y Lei, indescifradas, que figuran en algunos de los grandes textiles.

Empero, "su estado dejaba mucho que desear", reconoce María Dolores Asensi, que dirige la Real Fábrica Nacional de Tapices de la madrileña calle de Fuenterrabía. Según asegura Barranco, Asensi ha aceptado poner en marcha el proceso de restauración de todos los tapices mediante un convenio suscrito primero con la Fundación Santa Rita y luego con otro entre la Real Fábrica y el Gobierno regional.

José Juan Echevarría, director general de Patrimonio Artístico de la Consejería de las Artes, explica: "Lo primero y más necesario era crear un instrumento jurídico que protegiera estos valiosísimos textiles". El amparo ya está conseguido: el 14 de octubre fue firmado el convenio entre el Gobierno regional y la regia factoría; durará hasta el 31 de diciembre. Ha comenzado ya la restauración de uno de los más vistosos tapices, obra de Jordaens. "El año próximo, dependiendo de la financiación, podremos restaurar más tapices. Confiamos en que en la próxima década pueda ser culminada esta tarea", dice María Dolores Asensi, mientras enseña los talleres donde, primorosamente, tapiceras y tapiceros de la Real Fábrica miman con sus dedos los primores de lana, seda y oro con los que fueran tejidos. La siguiente fase consiste en hallar nuevas fuentes de financiación. "Hasta ahora, complementamos su ayuda oficial con la exhibición de los mejores tapices en los actos públicos que se organizan aquí. Con esos ingresos sufragamos una parte de los gastos", explica María Dolores Asensi con entusiasmo.

Belleza estampada en las miradas

Los tapices componen la expresión suprema de la ornamentación de interiores. Desde la antigüedad fueron utilizados en palacios y castillos para combatir humedades y corrientes, aunque con la función añadida de sacralizar, con su esplendor, el poder de sus dueños.Para su fabricación suelen emplearse materiales de origen animal, como lana, seda procedente ésta de capullos de gusanos de moreras, pelo de cabra y de camello; otros de origen vegetal, como algodón, lino o cáñamo. Especial esplendor adquirieron los tapices y las alfombras en Persia. Allí, los mercaderes acostumbran verter ceniza de cigarrillos sobre estos suntuososo textiles ya que, en su seno, viven parásitos que la ceniza aniquila.Los tapices de la Fundación de Santa Rita emplean seda, lana y oro. Sus cenefas, algunas con columnas salomónicas, tan al gusto de Rubens, delatan su mano maestra. Los colores, azules obtenidos del índigo, rojos derivados de parásitos de las encinas y amarillos, del azafrán, estampan su belleza en quien embelesado los mira.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de noviembre de 2002

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