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domingo, 17 de noviembre de 2002
Reportaje:

Cotizaciones de hace 20 años en Tokio

La globalización y la crisis de la banca japonesa impulsan el prolongado desplome del Nikkei

Los inversores japoneses no ganan para sustos. El selectivo índice Nikkei de la Bolsa de Tokio, que cerró el viernes a 8.503,59 puntos, rompe semana tras semana su suelo y cotiza ya a su nivel más bajo desde el 25 de marzo de 1983.

El brutal ajuste bursatil desde los primeros años noventa ha provocado un descenso significativo de la relación riqueza neta / renta disponible

El desplome es tal que ya nadie se atreve a explicar la negativa evolución del Nikkei como una saludable "corrección" de los excesos de la burbuja especulativa de finales de los años ochenta. Se encuentra en niveles de cotización previos al comienzo de dicha burbuja. De esto surge una primera observación: la bajada del Nikkei es desmesurada y ya no parece responder sólo a factores domésticos. Veamos con más detalle las causas de la bajada de la Bolsa japonesa.

En la actualidad, el factor explicativo fundamental de la bajada del Nikkei está en la cada vez mayor interrelación de las bolsas mundiales, es decir, la globalización de los mercados que uniforma comportamientos, reacciones, etc., sean racionales o irracionales. Eso sí, el "centro" de esta globalización está en Wall Street. Esto quiere decir que, en estos momentos, la Bolsa japonesa está sufriendo los efectos del vendaval que está registrando el mercado neoyorquino y las bolsas más importantes del mundo. Desgraciadamente para los inversores japoneses esa interrelación ha sido asimétrica: el Nikkei no siguió a las Bolsas mundiales en su "exuberante subida" de los años noventa, pero está sufriendo ahora el ajuste a la baja de dichas Bolsas.

En un contexto de acumulación de pérdidas, una caída de Wall Street supone unas mayores repatriaciones de fondos de los inversores extranjeros en la Bolsa japonesa, es decir, se produce una presión vendedora en Japón y, en consecuencia, una caída del Nikkei (como es sabido, aunque los inversores extranjeros detentan sólo un 20 % de la capitalización bursátil japonesa, tienen un comportamiento en el mercado más dinámico, por lo que sus transacciones de compra y venta representan un 50% del total negociado). Tras esta caída del Nikkei, se puede entrar en un círculo vicioso, ya que obliga a los inversores japoneses en el exterior a repatriar fondos para cubrir sus pérdidas domésticas y esta repatriación castiga a la Bolsa americana (y así sucesivamente).

Hay otro factor que puede explicar también la caída: la incertidumbre que existe sobre la operación de salvamento bancario que prepara el gobierno. La decisión del Banco de Japón de adquirir acciones en las carteras de los bancos ha supuesto un claro desafío al gobierno japonés. El primer ministro Koizumi parece haber aceptado el reto al poner al frente de la Agencia de Servicios Financieros al ministro Heizo Takenaka, pero pasan los días y no se adoptan medidas ni en este campo ni en otros, lo que genera incertidumbre en el mercado. Los valores bancarios están siendo muy castigados, ya que resulta arriesgado ser accionista en entidades que pueden ser nacionalizados para su saneamiento.

La solvencia de la banca

Una vez vistas algunas causas de la caída del Nikkei, conviene analizar sus repercusiones. La principal atañe a la solvencia de los bancos, grandes tenedores de acciones de empresas japonesas. Según Daiwa Institute of Research, desde el 30 de septiembre al 9 de octubre, las pérdidas no realizadas de la cartera de acciones de los 12 grandes bancos han alcanzado la cifra de 1,6 billones de yenes. Si el Nikkei pierde el nivel de los 8.000 yenes, el coeficiente de recursos propios de dichos bancos no alcanzaría el 8 % (y eso que la regulación financiera de Japón permite incluir en la definición de recursos propios bancarios conceptos que no son habituales en la regulación norteamericana). El empeoramiento de la situación de la banca afectaría lógicamente a la oferta de créditos, ya de por sí debilitada.

No creemos que los efectos riqueza negativos generados por la desvalorización bursátil provoque un deterioro sensible del consumo privado. De hecho, el ajuste brutal registrado en la Bolsa japonesa desde comienzos de los años noventa ha provocado un descenso significativo de la relación riqueza neta / renta disponible, pero su efecto sobre el consumo privado ha sido relativamente bajo. No es previsible que ahora vayamos a tener una excepción. El reducido porcentaje de riqueza mantenido por las familias japonesas en acciones es la explicación básica de la escasa relevancia de los efectos riqueza sobre el consumo.

Más importantes han sido los efectos del deterioro bursátil sobre la inversión privada: la crisis patrimonial de las empresas y la necesidad de su reajuste las ha llevado a reducir drásticamente sus inversiones durante esta última década. No obstante, el reajuste fundamental ya se ha realizado o se está realizando y no es previsible que la situación se deteriore drásticamente por las recientes caídas del Nikkei.

Los efectos del desplome bursátil sobre el mercado de bonos públicos no son claros. Por un lado, este último podría estar actuando como refugio de los inversores en Bolsa, lo que presiona a la baja sus rentabilidades. Por otro lado, si se genera una alarma excesiva por el desplome del Nikkei, el mercado de bonos podría contagiarse de la mala coyuntura bursátil y podría registrarse un desplazamiento de valores negociables a liquidez.

Política monetaria

Una última valoración. La persistente caída bursátil (y sus efectos sobre la banca) es una de las razones de la pérdida de eficacia de la política monetaria desarrollada por el Banco de Japón. La base monetaria crece mensualmente a tasas muy elevadas (más del 30%), pero los agregados monetarios más amplios lo hacen mínimamente. Parece claro que el mecanismo de transmisión monetaria (en el que juega un papel primordial la banca) no funciona adecuadamente en Japón, lo que convierte en estériles los esfuerzos expansivos del Banco de Japón. De aquí que resulte fundamental la aprobación del programa de saneamiento bancario y que las expectativas deflacionistas vayan desapareciendo. De esta forma, desaparecerían los factores "internos" de desestabilización bursátil y el mercado podría afrontar mejor las sacudidas procedentes de Wall Street.

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